Federico García Lorca: Evolución y Obras Clave de su Teatro

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Trayectoria Dramática de Federico García Lorca: Inicios y Evolución

Los Comienzos

La trayectoria dramática de Lorca comienza con un ensayo juvenil, El maleficio de la mariposa. Es una obra de raíz simbolista, que aborda el amor «curianito» lorquiano: el amor imposible y la frustración.

Posteriormente, compone varias piezas breves en las que se inspira por primera vez en el guiñol, como Títeres de cachiporra.

Su primer éxito llega con una obra muy distinta, Mariana Pineda (1925), que narra la historia de la heroína ajusticiada en Granada por haber bordado una bandera liberal; pero es, a la vez, un drama de amor trágico. Se trata de un drama en verso, con resabios evidentes del teatro histórico modernista.

Una pequeña obra maestra es La zapatera prodigiosa, que representa el «mito de nuestra pura ilusión insatisfecha» o la «lucha de la realidad con la fantasía». Su contenido es hondamente lorquiano, y está desarrollado —en prosa y verso— con un ritmo ágil, gracioso y de insuperable garbo popular.

Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1928), con aires de farsa, presenta otro caso de amor trágico.

Hasta este punto, Lorca había estado experimentando formas y registros distintos: el teatro simbolista y modernista, el drama y la farsa, lo popular, lo guiñolesco... Pero ya antes de la última obra citada, Lorca había iniciado un camino más audaz, del que pasamos a ocuparnos.

La Experiencia Vanguardista

A partir de 1928, Lorca sufre una profunda y doble crisis, tanto vital como estética.

Fruto de ese encuentro entre crisis personal y estética surrealista será, por un lado, Poeta en Nueva York y, por otro, las obras que él llamó «misterios» o «comedias imposibles». En ellas, en efecto, Lorca desata la imaginación y el lenguaje bajo el influjo surrealista.

La primera de estas es El público. Es una especie de «auto sacramental» sin Dios, cuyos personajes encarnan las obsesiones y los conflictos secretos del poeta.

Otra obra destacada de este periodo es Así que pasen cinco años. La obra desarrolla, en parte, los sueños del protagonista e ilustra bellamente el tema de la frustración íntima.

La Plenitud Dramática

Tras estos pasos por el camino de un teatro «imposible», Lorca dará un giro decisivo hacia un camino propio, cuya identidad radica en hermanar rigor estético y alcance popular. Son los años de «La Barraca», los años en que Lorca declara repetidamente su ansia de una comunicación más amplia y su orientación social.

Por este camino, encontrará a la vez la plenitud de su arte dramático y un éxito multitudinario y sin fronteras.

En estas obras de plenitud, la mujer ocupa un puesto central. Este hecho revela la sensibilidad de Lorca ante la condición de la mujer en la sociedad tradicional.

Bodas de sangre (1933) se basa en un hecho real: una novia que escapa con su amante el mismo día de la boda. Se trata de una pasión que desborda barreras sociales y morales, pero que desembocará en la muerte. El estreno de la obra fue un éxito clamoroso.

Yerma (1934) es el drama de la mujer condenada a la infecundidad, con todo su alcance simbólico.

Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935). Lorca se asoma ahora a la situación de la mujer en la burguesía urbana, a la soltería de las señoritas de provincias.