Fábulas de Esopo en español: La rana y la zorra, el viejo y la muerte y más
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Fábulas de Esopo
La rana y la zorra
Estando una vez una rana en una charca y habiendo gritado a todos los animales: «Yo soy médico, conocedor de remedios», una zorra, al verlo, dijo: «¿Cómo vas a salvar a otros tú, si no te salvas a ti misma, que estás coja?». La fábula muestra que el inexperto en la educación, ¿cómo va a poder educar a otros?
Los bueyes y los ejes
Unos bueyes arrastraban un carro. Al rechinar el eje, habiéndose dado la vuelta, le dijeron a este: «¡Oh tú!, ¿te has quejado tú, aunque nosotros llevamos toda la carga?». Así también algunos de los hombres, mientras otros trabajan, ellos fingen cansarse.
La comadreja y la lima
Una comadreja que había entrado en el taller de un herrero lamía una lima que estaba allí. Rozándose la lengua, sucedió que salió mucha sangre. Sin embargo, ella se alegraba porque suponía que había quitado algo de hierro, hasta que perdió la lengua completamente. El relato se dirige a los que se dañan a sí mismos con la afición de ganar.
El viejo y la muerte
Un viejo que había cortado leña y que la llevaba encima recorría un largo camino. Después de haberse desprendido de la carga, a causa de la fatiga del camino, llamaba a la muerte. Habiendo aparecido la muerte y habiéndole preguntado por qué, el viejo dijo: «Para que lleves la carga». La fábula muestra que todo hombre ama la vida, aunque sea muy desdichado.
El labrador y la serpiente
En la estación del invierno, un labrador que encontró una serpiente que se había hundido bajo el hielo, habiéndose compadecido de ella y habiéndola cogido, la colocó debajo de su pecho. Aquella, después de haber sido calentada y después de haber tomado su propia naturaleza, hirió a su bienhechor y lo mató. Este, al punto de morir, decía: «Yo sufro cosas justas por haberme compadecido de un malvado». La fábula muestra que los malvados son inmutables, aunque sean tratados con la mayor humanidad.
15. La mujer viuda y la gallina
Una mujer viuda que tenía una gallina que ponía un huevo cada día supuso que, si le proporcionaba más alimento, podría incluso poner dos veces al día. Y cuando ella hizo esto, sucedió que la gallina, poniéndose más grande, ya no puso ni siquiera una vez al día. El relato muestra que muchos hombres, al desear más cosas grandes a causa de su avaricia, pierden incluso las cosas presentes.
La encina y la caña
Una encina y una caña discutían sobre la fuerza. Al haberse levantado un fuerte viento, la caña, agitándose e inclinándose, escapó a los soplos de este, que intentaba arrancarle de raíz. En cambio, la encina, por haberse resistido completamente, fue arrancada de cuajo. La fábula muestra que no conviene rivalizar ni resistirse a los más fuertes.
La víbora y la zorra
Una víbora era arrastrada hacia un río encima de un manojo de espinos. Una zorra, que la había visto pasar, dijo: «¡El piloto es digno de la nave!». La fábula va dirigida contra el hombre malvado que ha emprendido acciones perversas.
Zeus y la serpiente
Haciendo Zeus sus bodas, todos los animales le llevaron regalos, cada uno según su propia fuerza. La serpiente, arrastrándose, subió después de coger una rosa con la boca. Zeus, al verla, dijo: «Tomo los regalos de todos los demás, pero de tu boca no acepto nada». La fábula muestra que los favores de los malvados son terribles.
Zeus y la tinaja de los bienes
Zeus, habiendo encerrado todos los bienes en una tinaja, la dejó junto a un hombre. El hombre, curioso, queriendo saber qué había en ella, movió la tapa, y todos volaron hacia los dioses. Solo la esperanza permanece para los hombres, garantizando conceder los bienes que se les habían escapado.
El sol y las ranas
Las bodas del sol tenían lugar en verano. Todos los animales se alegraban de esto, y se regocijaban también las ranas. Entonces, una de estas dijo: «¡Oh, insensatos! ¿Por qué os regocijáis? Pues si el sol, siendo uno solo, seca toda la charca, ¿qué desgracia no sufriríamos si, después de casarse, engendrara un hijo semejante a él?». Es decir, muchos de los que tienen la mente más vacía se alegran por las cosas que no dan alegría.
El citarista
Un citarista inexperto cantaba continuamente en su casa polvorienta. Al hacerle eco el sonido, pensó que él mismo tenía una voz muy buena. Y, en efecto, confiado en esto, pensó que era necesario presentarse incluso en el teatro. Pero, después de ir a la escena y cantar muy mal, fue echado a pedradas. Así también algunos oradores que creen ser alguien en las aulas, cuando llegan a las plazas, no se encuentran capaces de nada.
El cuervo enfermo
Un cuervo que estaba enfermo le dijo a su madre: «Madre, suplica al dios y no llores». Y ella, habiendo respondido, dijo: «¿Cuál de los dioses, oh hijo, se compadecerá de ti, pues de quién fue robada la carne por ti?». La fábula muestra que los que tienen muchos enemigos en vida no encontrarán ningún amigo en la necesidad.
La corneja y el perro
Una corneja que hacía un sacrificio a Atenea invitó a un perro al festín del banquete. Este le dijo: «¿Por qué pierdes el tiempo inútilmente en los sacrificios? Pues la divinidad te odia tanto que incluso te quitó la confianza de tus presagios». Y la corneja respondió: «Pues precisamente por eso le hago sacrificios a ella, porque sé que se encuentra en disposición odiosa conmigo, para que cambie». Así muchos, por miedo, no se atreven a hacer el bien a sus enemigos.
El perro y la liebre
Un perro cazador, que había atrapado una liebre, algunas veces la mordía, pero otras veces lamía su hocico. Ella, cansada, le dijo: «¡Oh tú, deja de morderme o de besarme, para que yo sepa si te comportas como mi amigo o como mi enemigo!». La fábula es oportuna para el hombre ambiguo.
La perra que llevaba un trozo de carne
Una perra que tenía un trozo de carne atravesaba un río. Al haber visto la silueta de sí misma en el agua, creyó que había otra perra que tenía un trozo de carne más grande. Por eso, soltando el propio, se lanzó para coger el de aquella. Pero le sucedió que se vio privada de ambos: del otro no consiguió nada, porque no era real, y el suyo fue arrastrado por el río. La fábula es oportuna para el hombre avaricioso.
El mosquito y el toro
Un mosquito que se había posado en el cuerno de un toro y que estuvo sentado mucho tiempo, cuando estaba a punto de irse, preguntó al toro si ya quería que se marchara. Este, respondiendo, dijo: «Pero ni me di cuenta cuando llegaste, ni me daré cuenta si te marchas». Este relato se podría aplicar a un hombre inútil, el que ni estando presente ni ausente es ni perjudicial ni útil.
Las liebres y las zorras
Una vez, unas liebres que luchaban contra las águilas pedían a las zorras una alianza. Estas dijeron: «Os prestaríamos ayuda si no supiéramos quiénes sois y contra quiénes lucháis». La fábula muestra que los que son aficionados a las disputas con los más fuertes muestran desprecio por su salvación.
La leona y la zorra
Una leona, al sufrir los reproches de una zorra por parir siempre una sola cría, dijo: «Verdaderamente doy a luz a uno, pero es un león». El relato muestra que lo bueno no está en la cantidad, sino en la calidad.