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Un indicador del cambio económico, fue la disminución en los años veinte desde el 56% al 46% de la población activa agrícola, y el aumento en seis puntos (hasta el 28%) de la población activa industrial.

El contexto internacional favorecíó a la economía española (Los Felices Años Veinte), que tuvo importantes problemas, como el aumento de la Deuda Pública ante la incapacidad de realizar una reforma fiscal, o no acometer la necesaria reforma agraria para aumentar la eficiencia del campo. Por otra parte, el intento de integrar la peseta en el sistema internacional del patrón oro tampoco obtuvo éxito.

A raíz de los éxitos políticos y económicos, el dictador intentó consolidar el régimen a imitación del fascismo italiano, y además de la Uníón Patriótica como partido único, de clara influencia fascista, se crearon las Corporaciones, asociaciones verticales de patronos y obreros de una misma rama, para sustituir a los sindicatos. En 1927 creó una Asamblea Nacional Corporativa en la que estarían representantes de esas corporaciones. Pero la dictadura no llegó a institucionalizarse, sólo en 1929 se iniciaron los trabajos para redactar una nueva constitución que pudiese consolidar legalmente el régimen.

A partir de 1927 crecíó la oposición a la dictadura:

  • La burguésía catalana, comenzó a retirarle su apoyo por la falta de autonomía.

  • Los líderes de los viejos partidos del turno, los republicanos y los comunistas, también mostraron su oposición.

  • Los sectores del ejército conspiraban, descontentos por el favoritismo hacia los militares africanistas.

  • Las universidades y una mayoría de los intelectuales influyentes, exigían el retorno a las libertades constitucionales, y denunciaban el apoyo del dictador a la Iglesia.

  • Por otra parte, el anarquismo se reorganizaba creando la FAI en 1927 (Federación Anarquista Ibérica).

  • Algunos dirigentes monárquicos, participaron en conspiraciones militares como el complot conocido como “La Sanjuanada” de 1926. Un carácter semejante, tuvo la intentona dirigida por el político conservador Sánchez Guerra en 1929.

La etapa de expansión económica tocó a su fin con la Depresión de 1929. A pesar de ello, gracias a las obras públicas realizadas con endeudamiento, y a gestos como la celebración de la Exposición universal de Barcelona, la Exposición Iberoamericana de Sevilla, y la travésía transoceánica del Plus Ultra en 1925, la dictadura dejó una cierta imagen de mejora económica para el país. Probablemente, la caída de la dictadura en 1930 tuvo relación con el hundimiento general de la economía internacional tras la crisis de 1929. Pronto  empezaron a cerrar las empresas, aparecíó el paro, y todo se tornó en crítica y el dictador dimitíó.

El Rey encargó formar gobierno al general Berenguer. Su gobierno fue conocido popularmente como Dictablanda, ya que intentó volver a la normalidad constitucional, reponiendo a los profesores expulsados, y adoptando medidas contra el caciquismo. Sin embargo, la vuelta a la legalidad constitucional se hizo tan lentamente, que amplios sectores del país rechazaron este gobierno, (“el error Berenguer” según un célebre artículo de Ortega y Gasset) y se inclinaban por la República.

La complicidad del Rey con la dictadura, posibilitó el crecimiento del sentimiento republicano, y poco más tarde en Agosto de 1930, las principales fuerzas políticas suscribieron el Pacto de S. Sebastián, para promover el establecimiento de una República. Esto ocurriría tras el fracaso de la sublevación militar de Jaca, protagonizada por los capitanes Fermín Galán y Ángel GarcíaHernández el 12 de Diciembre, y las elecciones municipales de Abril de 1931.

Tampoco tuvo éxito la insurrección del aeródromo de Cuatro Vientos. El fusilamiento de los capitanes sublevados en Jaca, y el encarcelamiento del Comité Revolucionario en Madrid, dotaron a la República de mártires y héroes. Berenguer fue considerado un déspota y fue obligado a dimitir en Febrero de 1931.

El fracaso del Gobierno Berenguer llevó a su sustitución por el Gobierno Aznar, que prometíó elecciones empezando por las municipales, y convocatoria de Cortes Constituyentes.

Las elecciones del mes de Abril fueron consideradas como un plebiscito a favor o en contra de la monarquía, y su resultado determinó la proclamación de la II República. El número de concejales monárquicos fue mayor, pero los republicanos ganaron en la mayoría de las ciudades importantes.  Cuando se conoce el resultado electoral se proclama la República en Eibar, a la que le siguen otras ciudades como Barcelona, Sevilla, Madrid. En esta última,

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