Expansión de la Revolución Industrial y la Gran Divergencia Económica Global
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¿Cómo se extendió la Revolución Industrial?
Entre 1815 y 1870, la Revolución Industrial se difundió desde Gran Bretaña hacia el resto de Europa y América del Norte. En este proceso, podemos distinguir dos grupos de países según su velocidad de incorporación:
- Early comers (pioneros): Gran Bretaña, Bélgica, Francia, Alemania y EE. UU.
- Late comers (rezagados): Suiza, Países Bajos, Escandinavia, Imperio Austro-Húngaro, España, Italia, Rusia y Japón.
Para alcanzar la industrialización, estos países implementaron estrategias económicas similares:
- Creación de mercados nacionales: Consistió en la eliminación de aduanas internas; el Zollverein alemán es el ejemplo más exitoso de esta integración.
- Proteccionismo: Aplicación de aranceles para proteger la industria naciente de la competencia británica.
- Desarrollo de la banca moderna: Surgimiento de instituciones como el Crédit Mobilier en Francia y la banca mixta en Alemania.
- Expansión de la educación: Inversión en capital humano para formar técnicos e ingenieros especializados.
Ventajas de los late comers: el catching up
Los países de industrialización tardía contaban con la posibilidad de aprovechar tecnologías ya inventadas (evitando los altos costes de I+D), lo que les permitía crecer más rápido que los pioneros y saltar directamente a industrias más modernas. Este proceso de convergencia se conoce como catching up: la tendencia de los países pobres a crecer a ritmos más elevados que los ricos.
El historiador Alexander Gerschenkron añade que el atraso relativo puede convertirse en una ventaja competitiva. Los «prerrequisitos» ausentes (como el capital o la experiencia industrial previa) son sustituidos por sustitutivos institucionales:
- El Estado: Financia infraestructuras clave (como el ferrocarril), crea mercados, aplica aranceles y moderniza el marco legal.
- Las instituciones financieras: La banca mixta en Alemania y el Crédit Mobilier en Francia permitieron movilizar capitales masivos en periodos de tiempo muy cortos.
El sistema monetario: el patrón oro
Evolución del sistema monetario en el siglo XIX
Hasta 1870, convivían el oro y la plata en un sistema de bimetalismo. Con el avance de la industrialización, se extendió el uso de billetes bancarios respaldados por metales preciosos. El patrón oro clásico funcionó plenamente entre 1879 y 1914, periodo en el que las monedas nacionales estaban vinculadas a una cantidad fija de oro.
La expansión de este sistema fue notable: en 1815 solo el 15% de los países lo adoptaban; para 1913, la cifra ascendía al 70%. Gran Bretaña fue la pionera (Resumption Act, 1819), seguida de Alemania (utilizando las indemnizaciones francesas tras la guerra de 1871), EE. UU. (1879), Austria-Hungría (1892), y finalmente Rusia y Japón (1897).
El trilema de política económica
En macroeconomía, un país no puede alcanzar simultáneamente estos tres objetivos, debiendo elegir solo dos:
- Tipo de cambio fijo.
- Libre movilidad de capitales.
- Autonomía de la política monetaria.
El sistema del patrón oro optaba por la combinación de (1) y (2), sacrificando la autonomía monetaria. Esto implicaba que los bancos centrales no podían actuar libremente sobre los tipos de interés para gestionar la economía interna.
Mecanismo automático de ajuste
El economista David Hume describió el ajuste «flujo-especie-precio»: si un país tiene superávit comercial, recibe oro, lo que aumenta la oferta monetaria y eleva los precios internos. Esto provoca una pérdida de competitividad que, eventualmente, corrige el desequilibrio comercial. El proceso inverso ocurre en caso de déficit.
Limitaciones y caída del patrón oro
El sistema presentaba fallos: limitaba la capacidad de los gobiernos para reaccionar ante las crisis, generaba deflaciones perjudiciales y los países con superávit no siempre cumplían las «reglas del juego». El sistema colapsó con el estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, cuando los países suspendieron la convertibilidad para financiar el esfuerzo bélico.
China: de la cima al estancamiento
En el año 1400, China poseía un PIB per cápita de aproximadamente 500$, superior a los 430$ de Europa occidental. En vísperas de la Gran Divergencia, China producía el 58% de las manufacturas mundiales; sin embargo, a mediados del siglo XIX, esta cuota se desplomó al 5%.
¿Por qué se estancó China?
Existen dos interpretaciones principales sobre este declive:
- Factores externos: La intervención de las potencias occidentales mediante los Tratados Desiguales limitó la soberanía china, fijando sus aranceles en un escaso 5% y frenando la protección de su industria.
- Factores internos: Una explosión demográfica (más de 430 millones de habitantes a mediados del XIX) generó rendimientos decrecientes en la agricultura y empobrecimiento rural. A esto se sumaron altos impuestos, inflación, corrupción administrativa y un cierre intelectual hacia el exterior.
Como consecuencia, los productos tradicionales chinos perdieron competitividad: Japón mejoró la producción de seda, los británicos crearon plantaciones de té en la India y Europa comenzó a fabricar porcelana más barata.
La Guerra del Opio (1839-1842)
Gran Bretaña introdujo opio indio en China para equilibrar su balanza comercial (lastrada por la compra de seda, té y porcelana). Ante la prohibición china, los británicos respondieron militarmente. El Tratado de Nanjing obligó a China a abrir cinco puertos y ceder Hong Kong. Posteriormente, el país sufrió la Rebelión Taiping (1850-1864) y la Revolución Boxer (1898-1900). En 1911, la Dinastía Qing cayó, dando paso a una República muy debilitada.
Diferente reacción de China y Japón
Mientras que Japón reaccionó modernizando rápidamente sus instituciones, tecnología y ejército durante la Era Meiji, China mostró una gran resistencia al cambio. Las élites chinas seguían considerando a los occidentales como «bárbaros» y subestimaron el impacto de la Revolución Industrial debido a las restricciones en el acceso a la información exterior.
India: colonia del Imperio Británico
Conquista y dominio
La Compañía de las Indias Orientales (fundada en 1600) evolucionó de ser una entidad comercial a un poder político. La batalla de Plassey (1757) en Bengala marcó el inicio del control territorial. Tras la Rebelión de los Cipayos (1857), la Corona británica asumió el control directo, estableciendo el Raj británico.
Impacto económico: ¿explotación o modernización?
El debate historiográfico presenta dos visiones contrapuestas:
- Interpretación marxista: Sostiene que el colonialismo desindustrializó la India. Las manufacturas británicas destruyeron la artesanía local y los recursos fueron extraídos sistemáticamente para beneficio de la metrópoli.
- Interpretación alternativa (Tirthankar Roy y otros): Argumenta que el dominio británico impulsó infraestructuras (ferrocarriles, telégrafos), instituciones (bancos, universidades) e integró a la India en la economía global, permitiendo la importación de capital y tecnología.
Lo indiscutible es que el PIB per cápita indio apenas creció durante este periodo; las hambrunas de finales del siglo XIX evidenciaron los límites del desarrollo y la industria no logró transformar una estructura económica mayoritariamente agraria.
Independencia de las colonias americanas españolas
La independencia (1810-1820) despertó expectativas de industrialización y modernización. No obstante, los resultados iniciales fueron decepcionantes, con un crecimiento del PIB per cápita inferior al 0,1% anual en las primeras décadas postcoloniales.
Consecuencias de la fragmentación
La caída del Imperio español supuso la pérdida de economías de escala. La fragmentación en múltiples estados independientes provocó:
- La desaparición de un sistema fiscal, monetario y aduanero común.
- El debilitamiento de los lazos comerciales entre regiones.
- Un aumento en los costes de defensa y administración pública.
- Una fuerte disparidad regional en el desarrollo económico.
Balance final
El impacto de la independencia fue muy desigual según la región:
- Casos positivos: Chile y Uruguay lograron tasas de crecimiento comparables a las de EE. UU. en ciertos periodos, gracias a su estabilidad política y apertura comercial.
- Casos negativos: México y Brasil vieron reducida su posición económica relativa frente a EE. UU. a la mitad entre 1820 y 1870.
En conclusión, América Latina aumentó su distancia económica respecto a las potencias industriales. Aunque no se puede hablar estrictamente de «décadas perdidas» para todo el continente, el crecimiento fue desigual y el rezago respecto a Occidente se hizo más pronunciado.