Evolución del Teatro Español tras la Guerra Civil: Autores y Tendencias

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Evolución del Teatro Español tras la Guerra Civil

Tras la Guerra Civil española, el teatro atravesó una crisis profunda marcada por la censura, la escasez de autores, el conservadurismo de empresarios y público, y la competencia del cine. A pesar de ello, se distinguen varias tendencias fundamentales:

Teatro de humor

En la inmediata posguerra predominó un teatro de evasión y continuidad. Destacan dos autores que renovaron el género:

  • Enrique Jardiel Poncela: Buscó la comicidad a través de lo inverosímil y la ruptura de la lógica, con obras como Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1936, titulada así tras la guerra) y Eloísa está debajo de un almendro (1943).
  • Miguel Mihura: Aportó un humor corrosivo y crítico. Su obra maestra, Tres sombreros de copa (escrita en 1932, estrenada en 1952), no pudo estrenarse antes debido a su carga crítica. Otras obras relevantes son Maribel y la extraña familia (1959) y Ninette y un señor de Murcia (1964).

Teatro realista

En los años 50 surgió un teatro social y comprometido con los problemas humanos, protagonizado por la polémica entre:

  • Antonio Buero Vallejo (Posibilismo): Defendía un teatro críticamente moderado que pudiera superar la censura para llegar al público. Destacan Historia de una escalera (1949), El tragaluz (1967) y La fundación (1974), donde emplea el denominado "teatro de la inmersión".
  • Alfonso Sastre (Imposibilismo): Abogaba por un teatro de agitación y denuncia social, sin autocensura, aunque fuera prohibido. Sus obras principales son Escuadra hacia la muerte (1953) y La sangre y la ceniza (1965).

Transición y autores contemporáneos

A partir de los años 60, convivieron líneas tradicionales con autores de gran relevancia como:

  • Antonio Gala: Anillos para una dama (1973).
  • José Luis Alonso de Santos: Bajarse al moro (1985).
  • José Sanchís Sinisterra: ¡Ay, Carmela! (1987).
  • Fernando Fernán Gómez: Las bicicletas son para el verano (1982).

Teatro vanguardista y experimental

Esta corriente recupera la estela del "teatro imposible" de Federico García Lorca (con obras como El público, 1930, y Así que pasen cinco años, 1931) y se desarrolla especialmente en la segunda mitad del siglo:

  • Francisco Nieva: Máximo representante del teatro experimental, vinculado al postismo. Dividió su producción en teatro de "crónica y estampa", de "farsa y calamidad" y "teatro furioso" (centrado en la liberación del subconsciente). Obras destacadas: Malditas sean Coronada y sus hijas (1968) y El baile de los ardientes (1974).
  • Fernando Arrabal: Creador del "teatro pánico" (mezcla de lo absurdo, lo cruel y lo irónico) y del "teatro de guerrilla". Gran parte de su obra, como Pic-Nic (1952), Los dos verdugos (1956) o El cementerio de automóviles (1957), fue escrita en el exilio francés y estuvo prohibida en España hasta la llegada de la democracia.

El teatro en democracia

Con la llegada de la democracia (a partir de 1975), cobraron protagonismo grupos teatrales con propuestas innovadoras y colectivas como Els Joglars, Els Comediants, La Fura dels Baus, La Cubana y La Cuadra. Estos grupos han trascendido el espacio escénico tradicional mediante happenings y performances, transformando radicalmente la relación entre autor, actor y espectador.

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