Evolución del Teatro Español Contemporáneo: Vanguardia y Realismo
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Búsqueda de nuevas formas en el teatro español
Ya bien entrados los años 60, algunos autores y críticos siguen defendiendo el teatro realista y social. Otros buscan una renovación de la expresión dramática, inspirándose en corrientes experimentales del teatro extranjero, como las de Bertolt Brecht. Surge así una nueva vanguardia escénica en la que destaca Francisco Nieva.
Este nuevo teatro sigue siendo, en buena medida, un teatro de protesta ante la dictadura y la falta de libertad. La novedad reside en la forma: el enfoque realista es sustituido por símbolos o parábolas; se acude a la farsa o a lo alucinante. El lenguaje acoge nuevos tonos, como lo grotesco o lo poético, y se desarrollan recursos extraverbales: sonoros, visuales y corporales, inspirándose incluso en la pantomima, el circo, etc.
El desarrollo de este teatro siguió siendo difícil y muchos de los nuevos autores no lograron estrenar sus obras, o lo hicieron en representaciones limitadas de "teatro independiente" o de aficionados. Un lugar especial es el de Antonio Gala (Anillos para una dama), que ha procurado aunar el rigor estético y el alcance mayoritario, aun a costa de ciertas concesiones, y el de Fernando Arrabal (El laberinto), quien se vio obligado a desarrollar su copiosa producción fuera de España y alcanzó fama internacional como una de las figuras más innovadoras del teatro europeo. Sus obras estuvieron prohibidas en España hasta el cambio democrático.
Grupos destacados del teatro independiente
Grupos como Los Goliardos, TEU de Murcia, Els Comediants o Els Joglars son referentes del teatro independiente. Con obras de "autor" o creaciones colectivas, han llevado a cabo una síntesis entre dos direcciones: la experimental y la popular.
Últimos rumbos: El teatro en la era democrática
La implantación de la democracia, con la supresión de la censura y otros cambios en la política teatral, abría nuevos horizontes para la escena. Sin embargo, no han proliferado autores y obras en la medida que se esperaba, y atraer al público al teatro ha seguido siendo el gran problema. La vanguardia no lo ha logrado, salvo excepciones como Alfonso Vallejo.
Sí han tenido éxito, en cambio, algunas obras de corte realista y testimonial como Las bicicletas son para el verano (1982) de Fernando Fernán-Gómez. En esa línea se sitúan algunos de los jóvenes autores que logran amplia audiencia, como José Luis Alonso de Santos (Bajarse al moro) o Sanchís Sinisterra (¡Ay, Carmela!). Parece haber, por el momento, un retorno al realismo, incluso al costumbrismo, y a las formas tradicionales.