Evolución política y consolidación del poder en la España nacional (1936-1938)
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Evolución política de la España nacional
Los sublevados se definían como “nacionales”, por su defensa de la unidad de España, y terminaron construyendo un Estado autoritario donde el poder recaía en una sola persona. La muerte del general Sanjurjo en accidente de aviación, el 20 de julio de 1936, cuando se dirigía a Burgos para encabezar la rebelión, puso en primer plano la figura de Franco, a quien solamente podían hacer sombra figuras como Mola, quien también fallecería el 3 de junio de 1937 en otro accidente de aviación.
La Junta de Defensa Nacional y el mando único
La Junta de Defensa Nacional, creada por los rebeldes en Burgos en julio de 1936, funcionó como embrión de un nuevo gobierno opuesto al régimen republicano. Sus principales medidas fueron:
- Proclamación del estado de guerra.
- Supresión de todos los partidos políticos del Frente Popular.
- Restitución de las tierras a sus antiguos propietarios.
Al morir el general Sanjurjo, los militares sublevados comprendieron que necesitaban establecer un mando único. A finales de septiembre, desaparecía la Junta de Defensa Nacional y Franco era elegido “Jefe del Gobierno del Estado español” y “Generalísimo”, es decir, jefe supremo de todos los ejércitos sublevados. Franco reunía la jefatura política y militar del nuevo Estado; su proclamación tuvo lugar en Burgos el 1 de octubre.
El Decreto de Unificación y la consolidación del poder
La inexistencia de una dirección clara en la Falange —debido a que su líder, José Antonio Primo de Rivera, estaba preso en Alicante y sería juzgado y fusilado en noviembre— permitió a Franco ponerse a la cabeza de la organización. El paso siguiente fue el Decreto de Unificación, obra de Serrano Súñer en abril de 1937, por el que Franco se constituyó en jefe nacional del partido único: Falange Española Tradicionalista y de las JONS, una fusión de falangistas y carlistas.
En pocos meses, Franco reunía en su persona todo el poder: el Ejército, el gobierno del Estado y el partido único. En enero de 1938 se constituyó el primer gobierno del nuevo Estado, compuesto por una coalición de fuerzas conservadoras: tradicionalistas, falangistas y, sobre todo, militares.
Legitimación religiosa del conflicto
Como remate del proceso de legitimación de la guerra, el episcopado español se dirigió en julio de 1937 a los católicos del mundo con una carta colectiva, escrita por el cardenal Gomá, en la que se explicaba la naturaleza religiosa de la guerra —presentada como una cruzada espiritual— y se otorgaba el respaldo explícito al bando sublevado.