La Evolución del Pensamiento Moderno: Descartes, Hume y Kant
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DESCARTES
Teoría del Conocimiento
El racionalismo se basa en la tesis de que el criterio de certeza procede de la razón, única instancia que puede dar lugar a un conocimiento seguro. El conocimiento que se obtiene a través de los sentidos puede ser engañoso. El racionalismo se caracteriza además por la defensa de las ideas innatas como fuente de conocimiento seguro. Las matemáticas son el referente para todo racionalista.
El racionalismo valora la intuición intelectual de ideas y principios evidentes, a partir de los cuales comienza la deducción del saber, del mismo modo que las matemáticas se deducen a partir de los primeros principios evidentes e indemostrables: los axiomas. En la filosofía anterior no encuentra nada más que inseguridad, falta de rigor y estancamiento. Lo contrario ha sucedido en aquellas disciplinas ligadas a las matemáticas, que se basan en principios indiscutibles y llegan a conclusiones. Por ello, su objetivo es aplicar este esquema a toda la filosofía.
No es que las matemáticas sean un tipo de saber distinto del resto. Si la razón es única, el saber tiene que ser único y debe ser un único método para alcanzar la sabiduría. En la razón, que es la misma para todos los hombres, se distinguen dos modos de conocimientos:
- Intuición o luz natural: Conocimiento de las ideas simples, que surgen de la razón de forma clara y distinta, y su verdad es evidente e indudable.
- Deducción: Es el conocimiento de una sucesión de intuiciones de las ideas simples y de las conexiones que la razón descubre entre estas ideas simples para llegar a verdades complejas.
En resumen, la intuición nos ofrece el conocimiento de los principios y la deducción de las consecuencias de los mismos. Nos encontramos con cuatro reglas básicas:
- Primera regla (La evidencia): No se puede admitir nada que sea dudoso o confuso.
- Segunda regla (El análisis): Por el que se dividen las ideas complejas hasta llegar a las ideas simples y evidentes para que puedan ser intuidas.
- Tercera regla (La síntesis): Por la que mediante la deducción se llega a una conclusión que permite comprender lo complejo y construir leyes que lo expliquen.
- Cuarta regla (La enumeración y la revisión): El análisis se comprueba con la enumeración y la síntesis con la revisión. De esta manera se obtiene una intuición general y una evidencia simultánea del conjunto.
Para aplicar este método a la filosofía es necesario partir de cero y poner en duda todas las elaboraciones metafísicas anteriores. Su duda será provisional y tendrá un objetivo muy claro: encontrar una verdad indudable desde la cual empezar a reescribir la filosofía. ¿Cómo se puede llegar a esa verdad indudable? Descartes empieza planteando si efectivamente hay algo verdadero en el mundo. El método que se pretende aplicar se basa en la duda, de modo que considerará falso todo aquello en lo que se encuentre el menor motivo de duda. Examinará los principales motivos de duda que podrían afectar a todos sus conocimientos:
- Se deben poner en duda todos los datos que nos aportan los sentidos, ya que en ocasiones sabemos que fallan.
- Podríamos estar seguros de que los sentidos no nos están engañando, pero incluso en estos casos Descartes encuentra motivos para la duda. Podríamos estar en un sueño tan profundo y realista que lo confundiéramos con la vigilia. Por eso debemos dudar de los sentidos y de los propios sentimientos.
- Parece haber ciertos conocimientos que incluso en los sueños se mantienen. Descartes se plantea la posibilidad de que el mismo Dios que nos ha creado nos haya podido crear de tal manera que nos parezca que hasta en lo más simple nos estamos equivocando.
- Descartes plantea otra opción: que exista un genio malvado que esté interviniendo en nuestras operaciones mentales, que haga que confundamos constantemente lo falso y lo verdadero.
Se ve, en la segunda meditación, obligado a dudar de todo. Descartes se da cuenta de que hay algo que permanece imbatible. Esta proposición, «pienso, luego existo», se presenta con total claridad y distinción, de modo que resiste todos los motivos de duda y goza de absoluta certeza. Es la primera verdad de la cual puedo estar seguro, de la cual puedo decir que es evidente. Descartes se propondrá reconstruir sobre esta verdad todo el saber. Lo único que hemos constatado es la existencia de mentes que piensan, por lo que el único camino en el que se puede seguir avanzando es el del análisis de esa mente que piensa: lo que allí contiene.
Descartes distingue tres tipos de ideas:
- Ideas adventicias: Proceden del exterior, están sometidas a la misma duda que la existencia.
- Ideas facticias: Son las que yo mismo produzco, usando ideas adventicias; están sometidas a la duda.
- Ideas innatas: No proceden del exterior ni han sido producidas por mí. Pueden haber sido causadas por mí, dado que soy finito e imperfecto. A partir de ellas demuestra Descartes la existencia de Dios.
Una vez demostrada la existencia de Dios, y dado que Dios no puede ser imperfecto, es la garantía de que mi percepción de la realidad y mis ideas no sean constantemente erróneas. Ese mismo Dios garantiza que no pueda existir un genio maligno que desvirtúe mi comprensión de la realidad. Puedo estar seguro de la existencia del mundo, de una realidad externa a mí. Como resultado de la deducción, puedo estar seguro de la existencia de tres sustancias: res infinita (Dios), res extensa (el mundo) y res cogitans (la sustancia pensante).
Metafísica
Emplea el término sustancia como lo que no necesita de nada más que de ella misma para existir. La conclusión lógica es que Dios es sustancia, puesto que las criaturas necesitan de Dios para existir. Existen dos clases de sustancias:
- Sustancia infinita: Es la que se ajusta a la definición. Es la garantía de todo el sistema cartesiano.
- Sustancias finitas: Necesitan a Dios para existir. Una sustancia finita no necesita, para existir, ninguna otra sustancia finita: el alma no necesita del cuerpo para existir, el sistema de Descartes es dualista. Dentro de estas se encuentran:
- La sustancia pensante: El pensamiento es su alma.
- La sustancia extensa: Tenemos acceso a ella a través de los sentidos, gracias a la garantía de un Dios que no engaña.
Descartes dice que a cada sustancia le corresponde un atributo. El atributo constituye la esencia de la sustancia y se identifica con ella. A cada atributo le corresponden distintos modos, variaciones de los modos: movimiento y figura.
Antropología
El ser humano es esencialmente su pensamiento. Es lo único de lo que estamos seguros, no del cuerpo. El pensamiento es el alma, una sustancia espiritual cuyo único atributo es el pensamiento. La concepción del hombre es dualista. El hombre para Descartes consta de cuerpo y alma, aunque lo que verdaderamente lo hace hombre es el alma.
El cuerpo humano está sujeto al mecanicismo de la materia, gobernada por leyes físicas. El alma es pensamiento y nada material puede afectarle; el alma no está sometida a leyes. Descartes mantiene que el alma está unida a todo el cuerpo, pero que se localiza en la glándula pineal, situada en una zona concreta del cerebro, para explicar la interacción entre ambas sustancias. Descartes tiene claro que es el alma quien siente, no el cuerpo. Es el alma quien percibe sensaciones como el deseo, tristeza, amor, etc. Afirma que la información sensitiva llega a la glándula pineal a través de los nervios y la sangre; allí queda registrada en el alma.
| Dualismo cartesiano | |
| Cuerpo | Alma |
Res extensa Exterior Material Situado en el espacio y el tiempo | Res cogitans Interior Espiritual Situado en el tiempo pero no en el espacio |
Teología
De la idea de perfección, Descartes deduce que no proviene del exterior, ya que en la naturaleza ningún observador puede percibir nada que sea perfecto. Pero tampoco puede provenir de un ser imperfecto como es el hombre. Tiene que tener su origen en un ser tan perfecto como la propia idea de perfección. Ha tenido que ser puesta en el ser humano por un ser perfecto, que sería Dios o la sustancia infinita. Cuando hablamos de ideas como perfección o infinitud estamos hablando de ideas innatas.
Un ser perfecto no puede permitir que ese yo viva en el engaño permanente. Dios neutraliza cualquier tipo de duda o desconfianza respecto a la realidad y elimina la posibilidad de que haya un genio maligno que me engañe permanentemente. Dios funciona así como un puente entre el yo y el mundo, como una garantía de que si yo observo el mundo con rigor, obtengo una visión certera del mismo. Podemos estar seguros de la existencia de la realidad y los datos que los sentidos nos proporcionan, porque estamos seguros de la existencia de Dios.
Ética
El fin del hombre es la consecuencia de la felicidad. Se trata de una moral provisional, ya que la moral definitiva solo puede ser obtenida como fruto último del sistema filosófico. Sigue las siguientes máximas:
- Es necesario tener una actitud de cautela y prudencia: obedecer las leyes y costumbres de su país, ser fiel a su religión y seguir las opiniones más moderadas y comunes aceptadas.
- Propone actuar decididamente una vez tomada la decisión de hacerlo.
- La tercera está inspirada en la moral estoica: en lugar de intentar cambiar el orden del mundo y el destino, debo adaptarme a ellos y vencer las pasiones.
- Escoger la mejor de las ocupaciones posibles. Descartes encuentra que la que él ha elegido —consagrar su vida al cultivo de la razón— es la mejor de todas.
En resumen, la ética de Descartes apunta a una línea de conducta basada en la moderación. Encontramos en su pensamiento una tendencia intelectualista: si vemos claramente que algo es malo, es imposible realizarlo.
HUME
Teoría del Conocimiento
La diferencia entre el empirismo y el racionalismo es que esta última corriente afirma que la razón es la fuente del conocimiento, mientras que los empiristas creen que la fuente y el límite de nuestro conocimiento lo constituye la experiencia. Hume diferencia dos tipos de contenidos mentales: las impresiones y las ideas. La diferencia entre ellas es su grado de intensidad. Las impresiones son los contenidos mentales más fuertes, y las ideas, las más debilitadas. La relación existente entre impresiones e ideas es la misma que la del original y la copia; todas nuestras ideas son copias de nuestras impresiones. La fuente del conocimiento, por lo tanto, la tenemos en las impresiones.
Las impresiones se clasifican en dos tipos: impresiones de sensación e impresiones de reflexión. Las impresiones de sensación son aquellas que derivan de las percepciones sensibles y se corresponden con la acción de nuestros sentidos. Las impresiones de reflexión son el resultado de la percepción de una idea. Las impresiones también pueden clasificarse en simples y complejas: una impresión simple sería la percepción de un sonido y una compleja, la percepción de un paisaje.
Las ideas se dividen en simples y complejas. Las ideas simples son la copia de una impresión simple (ej. la idea de un sonido). Las ideas complejas surgen tanto como copias de impresiones complejas, o pueden ser también el resultado de las combinaciones de contenidos mentales que ya teníamos. La forma en la que los seres humanos combinamos estas ideas es universal; es decir, existe una tendencia común a combinar las ideas en función de las siguientes leyes: semejanza, contigüidad en el tiempo o en el espacio, y causa o efecto.
Otra cuestión importante en la teoría de Hume es la distinción entre verdades de razón y verdades de hecho:
- Verdades de razón: Son las propias de las matemáticas y la lógica. Se captan intuitivamente, no necesitan someterse a ninguna comprobación científica. Es un tipo de afirmación que depende exclusivamente de la actividad de la razón. De ahí que sean verdades eternas, universales y a priori; no necesitamos de la experiencia.
- Verdades de hecho: Son a posteriori; debemos recurrir a su comprobación en la experiencia. Debemos encontrar ese hecho en la experiencia para determinar si es verdadero o falso.
Hume afirma que la relación de causa y efecto es la forma habitual de investigar sobre verdades de hecho. Las causas y efectos no pueden ser descubiertos por la razón, sino solo por experiencia. Hume se pregunta en qué consiste la relación de causalidad: cuando pensamos en términos de causa y efecto, en lo que estamos pensando es en que, conocida la causa, la razón puede deducir el efecto que se producirá, o conocido el efecto, puede remontarse a la causa que lo produjo. ¿De qué impresión deriva la idea de causa? Encuentra tres impresiones:
- Contigüidad: Si estamos ante una cadena de hechos, es experimentable.
- Prioridad temporal: La causa sobre el efecto; es experimentable.
- Conexión necesaria: La más importante, la única que no es experimentable.
El criterio de certeza para Hume, con el cual podemos determinar si una idea es o no verdadera, es que haya una impresión que le corresponda. El hábito o la costumbre —al haber observado siempre que dos fenómenos se producen uno a continuación del otro— producen en nosotros el convencimiento de que esa sucesión es imprescindible. Pero las creencias son en realidad sentimientos o instintos, no actos de la razón.
El principio de causalidad solo es válido y lo aplicamos a sucesos de los que tenemos impresiones; es decir, solo tiene valor aplicado al pasado, dado que de los fenómenos que pueden ocurrir en el futuro no tenemos impresión alguna todavía. Esas predicciones de hechos futuros no pasan de ser una mera creencia, por muy razonable que pueda considerarse. Si somos realmente rigurosos, debemos tener en cuenta que el futuro no tiene por qué comportarse igual que el pasado. En resumen, solo hay dos modos de conocimiento: el conocimiento de verdades de razón (intuitivo y autoevidente) y la probabilidad o creencia (en la que se incluye el conocimiento de verdades de hecho).
Otra crítica que realiza Hume es la de los conceptos abstractos. Lo que llamamos conceptos o ideas abstractas son el resultado de una generalización inductiva, procedente de la experiencia, por la que terminamos por dar el mismo nombre a todos los objetos entre los que encontramos alguna semejanza que nos permita agruparlos en una única categoría.
Metafísica
Los problemas fundamentales para la metafísica han sido el mundo, el alma y Dios. Hume indagará sobre la validez de la idea de sustancia, y lo hará recurriendo al criterio de certeza que hemos señalado: una idea es verdadera si le corresponde una impresión; si no encontramos ninguna impresión en la experiencia que le corresponda, tenemos que considerarla falsa. La idea de sustancia es un producto del sujeto que observa la realidad; nuestra tendencia natural es integrar en un objeto que permanece todas las cualidades de las que tenemos una impresión sensible.
Hume critica las tres sustancias cartesianas:
- A) Mundo (Res extensa): Descartes la denominaba así. Hume no acepta en absoluto esta garantía. Lejos de ello, afirma que si no analizamos la cuestión rigurosamente, no tenemos por qué deducir del hecho de que tenemos percepciones que a estas les correspondan cuerpos que tienen una existencia independiente de los mismos. No podemos saber con seguridad si existe la realidad exterior por no poder justificar el principio de causa y efecto.
- B) Alma (Res cogitans): Descartes la llamaba sustancia espiritual que dotaba de identidad al ser humano frente a la materia. Hume rechaza mantener la creencia en el alma desde el punto de vista del conocimiento. Si aplicamos una vez más el criterio de certeza de Hume, nos encontramos con que no hay ninguna impresión sensible de la cual pueda proceder tal idea de un yo siempre idéntico a sí mismo. No hay nada en nuestra alma que permanezca idéntico, sin ninguna alteración durante un solo instante; la mente es una especie de teatro en el que se van sucediendo las distintas percepciones.
- C) Dios: Es importante tener experiencia; por lo tanto, no es posible demostrar su existencia racionalmente. La metafísica para Hume no ha sido nunca una ciencia, sino un vano deseo de penetrar en lo impenetrable. Los conceptos sobre los que se ha edificado la filosofía son ficciones de nuestra imaginación.
Ética
Huye del racionalismo para explicar que la moral no descansa sobre la razón, sino sobre el sentimiento. Esta postura se conoce como emotivismo moral y consiste en confiar en los sentimientos como fundamento de la conducta humana. Si buscamos las cualidades de bueno o malo en los objetos, las personas o los acontecimientos, jamás las encontraremos.
La falacia naturalista iguala lo bueno con una propiedad natural; así, lo bueno ha sido equiparado falazmente con cosas como lo deseado o lo que satisface un deseo. Pero lo bueno no es ninguna cualidad objetiva a la que se pueda acceder a través de la razón. En realidad, lo que se esconde detrás de esta supuesta propiedad de los objetos son las propias valoraciones del observador, los sentimientos de agrado o desagrado que nos producen esos hechos, objetos o personas. Esa sensación se encuentra en nosotros mismos, no en el objeto analizado.
Esas afirmaciones, sin embargo, no nos conducen al relativismo moral, porque Hume da por supuesto que la naturaleza humana es común y constante, y que esos sentimientos se desprenden de esa común naturaleza humana, lo que hace que a todos nos causen agrado o rechazo el mismo tipo de hechos. Lo bueno despierta una sensación de agrado y es valorado positivamente por todos los seres humanos, puesto que esta sensación responde a una especie de instinto o sentimiento universal. Es un producto social, resultado de una convención. Uno de los factores más importantes a la hora de juzgar una conducta como buena es la utilidad, y surgirá el sentimiento opuesto ante conductas perniciosas para la sociedad. La originalidad reside en la importancia que concede a las pasiones, situándolas por encima de la razón como rectoras de la voluntad. El hombre no es una máquina calculadora, sino que es movido por las emociones. Hume concede un gran valor al sentimiento de simpatía, a nuestra propensión a sentir empatía por los demás.
Política
La filosofía política gira en torno a la utilidad. Para Hume, el estudio de la política se basa en el análisis de hechos. Huye también de los principios de justicia abstractos, pues entiende que este análisis se debe hacer pegado a la realidad y a cada caso particular. El mejor sistema político será el que mejor se ajuste a cada nación, atendiendo a sus peculiaridades, y la mejor decisión política será la que resulte más útil para sus ciudadanos.
Por otro lado, su filosofía política es naturalista; no admite la teoría contractualista. Para Hume, los individuos poseen una tendencia natural a unirse en sociedades, empezando por la propia familia.
KANT
Teoría del Conocimiento
Su objetivo es averiguar si la metafísica es posible como ciencia. Mientras la lógica, las matemáticas y la física han ido avanzando progresivamente, la metafísica no lo ha conseguido. El hombre parece incapaz de sustraerse a esa tendencia a buscar las primeras causas y principios de la realidad. La metafísica ha intentado ir más allá de la experiencia para entender qué hay detrás de sustancias como Dios, el alma y el mundo, su objeto de estudio.
Los empiristas habían llegado a la conclusión de que no se pueden establecer afirmaciones necesarias a partir de la experiencia sensible, ya que el conocimiento empírico es solo probable, no universal. Los racionalistas, al prescindir de la experiencia sensible, conducían al conocimiento a errores. La preocupación de Kant será cómo fundamentar el verdadero conocimiento. Comienza analizando varios tipos de juicios:
- Juicios analíticos: El predicado está contenido en el sujeto, no aumentan mi conocimiento, son meramente formales. Son siempre verdaderos y se rigen por el principio de no contradicción; no dependen de la experiencia, son a priori.
- Juicios sintéticos: El predicado no está comprendido en el sujeto, el predicado añade algo al sujeto. Al no ser a priori, no nos dan leyes universales y necesarias. Son a posteriori, dependen de la experiencia, nos dan un conocimiento probable y provisional.
- Juicios sintéticos a priori: Kant afirma que existen. Por ser a priori, nos dan un conocimiento universal y necesario. Al ser sintéticos, aumentan mi conocimiento. Estos juicios permiten la existencia de leyes científicas.
Surgen dos cuestiones: ¿son posibles los juicios sintéticos a priori para la metafísica? ¿Cómo podemos saber algo a priori acerca de la realidad?
Si la necesidad y universalidad de nuestros conocimientos no procede de la experiencia, tenemos que concluir que son los objetos los que se adecuan al sujeto que conoce; esto es la llamada revolución copernicana. El entendimiento no es una facultad pasiva, desempeña un papel activo a la hora de configurar la realidad. Kant considera que hay que centrar el proceso del conocimiento en el sujeto, de manera que en lugar de girar el sujeto en torno al objeto, sea este el que gire en torno al sujeto. Es el objeto el que se amolda a categorías puras a priori que son universales y que nos permiten interpretar la experiencia. Ya no es la realidad quien impone sus esquemas a la mente, sino la mente quien impone sus esquemas a la realidad.
Para Kant, el conocimiento es el resultado de la colaboración entre ambas: por la sensibilidad recibimos los objetos; por el entendimiento, los pensamos. No conocemos las cosas tal y como son en sí (el noúmeno), sino que solo conocemos fenómenos. El hombre acude a interrogar a la realidad provisto ya de unas categorías previas.
A) Sensibilidad: La estética trascendental estudia las estructuras de la sensibilidad, el modo en el que el hombre recibe las sensaciones. La sensación es la impresión que las cosas producen en nosotros; el resultado es el fenómeno. No captamos el objeto tal como es en sí, sino tal como se nos aparece. En el fenómeno, Kant distingue una materia y una forma. La materia es la sensación que el objeto produce en ti; la forma proviene del sujeto (que es el espacio y el tiempo, que son las condiciones de posibilidad de los fenómenos y son a priori). Los seres humanos captamos fenómenos y no cosas en sí; espacio y tiempo son propios de la subjetividad humana, no son cualidades objetivas de las cosas. Las matemáticas tratan de las determinaciones del espacio y del tiempo, en la geometría y en la aritmética. Lo que hace la geometría es analizar las propiedades del espacio, de la misma manera que la aritmética lo hace con el tiempo. Aumentan mi conocimiento y son independientes de la experiencia, universales y necesarios. El conocimiento matemático es un conocimiento científico. Esta teoría se conoce como idealismo trascendental.
B) Entendimiento: La sensibilidad es la fuente de todas nuestras intuiciones y suministra los datos del conocimiento; el entendimiento es la facultad que nos permite pensar la realidad. Conocemos el fenómeno cuando lo pensamos mediante conceptos. Sin sensibilidad no se daría ningún objeto; sin intelecto no podría pensarse ninguno. Las intuiciones sensibles, si no son pensadas a través de un concepto, no nos ofrecerían conocimiento alguno; los conceptos, si no remiten a una intuición sensible, nos ofrecerían un conocimiento vacío de contenidos. El entendimiento es la facultad de pensar, de crear, por medio de las categorías, una unidad a partir de la multiplicidad. Piensa esas intuiciones agrupándolas bajo conceptos. Existen dos tipos de conceptos: los conceptos empíricos y los conceptos puros o categorías. Los primeros son el resultado de generalizaciones que realizamos a partir de la experiencia. Los segundos no dependen en absoluto de la experiencia, son a priori; se trata de unas categorías que actúan como moldes a través de los cuales se forman los conceptos empíricos. Gracias a las categorías existen el conocimiento objetivo y la ciencia. Los juicios sintéticos a priori son propios de las ciencias naturales.
C) Razón: La razón se define como el intelecto que va más allá del horizonte de la experiencia posible. Cuando la razón intenta avanzar más allá de la experiencia, cae en una serie de ilusiones y errores. La dialéctica es precisamente la crítica de tales errores. La metafísica, en cambio, consiste en el uso de los conceptos puros o categorías del entendimiento para trascender la experiencia. Hay tres conceptos puros de la razón:
- Mediante la idea de alma, unificamos todos los fenómenos del psiquismo.
- Mediante la idea de mundo, unificamos todos los fenómenos de la experiencia bajo la idea de totalidad.
- La idea de Dios no procede de una intuición.
La metafísica es imposible como ciencia, porque para que se pueda decir que un juicio es un juicio científico, el contenido tiene que proceder de la experiencia sensible y ser unificado bajo una categoría; pero de los objetos de la metafísica no poseemos ningún contenido empírico. Son conceptos puros de la razón, ideas trascendentales. La metafísica no es posible como ciencia porque no habla de cosas que se manifiesten en la experiencia. La razón se empeña en esta ilusión de conocimiento, por lo que podemos deducir que se trata de una tendencia natural. Estas ideas tienen algún tipo de valor: para dotar de unidad y ordenar la experiencia, estimulan al hombre para seguir investigando en su propósito de encontrar un sentido último a la realidad. Por otro lado, son útiles porque nos señalan los límites que el conocimiento no puede traspasar.
Ética
La gran preocupación de Kant era la moral. Kant distingue un uso teórico y un uso práctico de la razón. La libertad es una condición necesaria para que pueda darse la moralidad. La buena voluntad es aquella que obra por deber; es decir, no por interés, ni por inclinación, ni por deseo. Kant distingue entre obrar por deber y obrar conforme al deber: puede ocurrir que actúe por algún interés particular y esa actuación coincida con la ley moral; en ese caso estoy actuando conforme al deber, pero mi acción sigue siendo igual de inmoral.
Kant divide a este respecto los principios prácticos en dos grupos:
- Las máximas: Son principios prácticos que solo se aplican a casos particulares y son subjetivas.
- Los imperativos: Son válidos para todos los seres racionales porque expresan la necesidad objetiva de una acción. Los imperativos pueden ser de dos clases:
- Hipotéticos: Cuando sirven exclusivamente para alcanzar determinados objetivos. Solo son válidos para el que quiere alcanzar ese objetivo.
- Categóricos: Son válidos incondicionalmente, al margen de los efectos que puedan lograr. Solo estos son leyes morales.
Kant nos da tres definiciones distintas del imperativo categórico:
- Obra solo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se convierta en ley universal.
- Obra de forma autónoma, conforme a tu voluntad, sin estar condicionado.
- Obra de tal manera que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la de otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio.
Se trata de principios universales y necesarios que permiten la libertad del individuo. Se trata de normas a priori, independientes de lo que suceda en la experiencia. Con este planteamiento, Kant se separa de todos los sistemas éticos anteriores que habían partido de una determinada concepción del bien. La buena voluntad es aquella que actúa por deber, y el deber no puede estar determinado por ningún contenido material. Por eso, a partir de la ética de Kant podemos distinguir las éticas materiales de las éticas formales. Las primeras consisten en la consecución o no de un objeto; el formalismo kantiano consiste en el deber ser, que ha de ser un a priori universal. Una norma moral tiene que servir para todos los hombres en todas las circunstancias, al margen del fin que se persiga.
La búsqueda de la felicidad no puede condicionar nuestras decisiones; debemos actuar por deber, nos hagan o no felices las consecuencias de nuestra actuación. Es razonable pensar que el hombre virtuoso pueda esperar ser feliz. De esta manera, los postulados de la razón pura, que no son científicos, sí tienen cabida en el sistema ético kantiano:
- La libertad es un postulado; sería la confianza que tiene el hombre en poder llegar a vencer los obstáculos que se oponen al cumplimiento de la ley moral.
- La total adecuación de la voluntad a la ley moral es un proceso lento en el mundo, y el hombre virtuoso espera poder llegar a ser feliz; tiene que existir un alma inmortal, pues si el hombre no puede alcanzar su fin en esta vida, ha de disponer de una vida futura como garantía de realización de la perfección moral.
- Tiene que existir un Dios que garantice que el hombre moral, digno de felicidad, tenga la seguridad de que va a conseguir ser feliz.
Lo que la razón teórica no ha podido demostrar, la razón práctica lo tiene que postular. La moral continúa teniendo prioridad sobre la fe.