Evolución de la Novela Española: De la Experimentación a la Democracia

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La novela experimental (años 60)

Inaugurada con la publicación de Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín-Santos, donde se utiliza la segunda persona narrativa y se diseñan personajes individualizados, dicha obra supone un punto de inflexión con respecto a la narrativa anterior. A partir de este momento, los escritores comienzan a priorizar las técnicas narrativas, dando lugar a la denominada novela experimental. Esta corriente se caracteriza por una profunda experimentación formal que presenta los siguientes rasgos:

  • Argumento: Escasa relevancia, limitado a anécdotas puntuales.
  • Personajes: Reducidos en número, destacando al protagonista mediante el uso del monólogo interior.
  • Espacio y tiempo: Entornos imprecisos y cronología desordenada, con el uso frecuente de flash-backs.
  • Estructura: Compleja, con historias entrelazadas a modo de contrapunto y finales abiertos.
  • Narrador: Diversidad de perspectivas (omnisciente, objetivismo, 1ª o 2ª persona).
  • Estilo: Complejo, con sintaxis alterada, lenguaje coloquial y juegos ortográficos y tipográficos.

Además de Martín-Santos, otros autores fundamentales de este periodo son Juan Marsé con Últimas tardes con Teresa (1966) o Si te dicen que caí (1973), Juan Benet con Volverás a Región (1968), e incluso la obra Cinco horas con Mario (1966) de Miguel Delibes.

La novela tras la dictadura franquista: la narrativa en democracia (años 70)

Con el fin del régimen franquista en 1975 y la llegada de la democracia, surge una gran diversidad de corrientes y tendencias, tales como la novela histórica, intimista, experimental, meta-novela, erótica, de intriga y neorrealista.

Tras el agotamiento de la experimentación extrema, se recupera la importancia de la trama argumental y la intriga. El realismo se redefine como un marco para el personaje, tendiendo hacia el intimismo y el existencialismo, recuperando temas y tópicos románticos. En cuanto a la técnica, se observa una mayor libertad: uso de la 3ª, 1ª o 2ª persona, monólogo interior y la elección entre narración lineal o desorden cronológico.

Una obra clave de este periodo es La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza, narrada desde tres puntos de vista distintos: el protagonista en primera persona, el narrador omnisciente y documentos judiciales del caso investigado.

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