Evolución de la Narrativa Española en la Posguerra: Del Idealismo al Realismo Existencial
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1. La narrativa de posguerra: El idealismo afín al régimen
La Guerra Civil y la dictadura afectaron profundamente el devenir de la narrativa española. Entre los novelistas que permanecieron en España, encontramos dos posturas diferenciadas: el idealismo (de quienes fueron afines al régimen, que en poesía desarrollarían la poesía arraigada) y el realismo existencial (aquellos críticos con el régimen, que desarrollarían la poesía desarraigada).
La novela idealista resalta los valores del franquismo y el nacionalcatolicismo. Dentro de esta corriente, destacan:
- Rafael García Serrano, con La fiel infantería.
- Gonzalo Torrente Ballester, con Javier Mariño (historia de un joven comunista que reconoce su error y comienza a apoyar al régimen).
2. La narrativa del realismo existencial
Las novelas existenciales reflejan la miseria moral y material, así como la frustración que produce el ambiente de posguerra en unos personajes que se muestran desarraigados, desilusionados y sin valores a los que aferrarse. Algunas obras fundamentales son:
- La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, basada en el tremendismo.
- Nada, de Carmen Laforet.
3. La trayectoria literaria de Gonzalo Torrente Ballester
En los años cuarenta, Torrente Ballester publicó Javier Mariño, obra que enfrentó problemas con la censura por ser considerada ambigua y excesivamente sensual. Su producción más relevante llegaría a finales de los años 50 con su trilogía de ambiente gallego, Los gozos y las sombras, que relata la decadencia de un antiguo linaje de Pueblanueva del Conde durante los tiempos de modernización capitalista que precedieron a la Guerra Civil.
4. Análisis de la obra Nada de Carmen Laforet
Carmen Laforet fue la primera escritora en ganar el Premio Nadal, reconocimiento que consolidó su carrera literaria. En su novela Nada, la protagonista, Andrea, narra su llegada a Barcelona en los primeros años de posguerra, donde convive con su abuela y otros parientes mientras cursa sus estudios universitarios.
La casa familiar se convierte en un símbolo de un ambiente moral degradado, tanto a nivel familiar como social, representando la situación de España en aquel momento. Finalmente, Andrea, tras lograr sobrevivir a la situación, abandona Barcelona desolada, habiendo comprendido la profunda descomposición moral que dominaba la sociedad de la época.