Evolución de la Literatura Española en el Siglo XX: Teatro, Novela y Poesía

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El Teatro Español hasta 1936: De la Tradición a la Vanguardia

El fragmento de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, prominente miembro de la Generación del 27, nos sitúa en un momento clave. Escrita en 1936, el autor murió asesinado en el inicio de la Guerra Civil, antes de verla representada. El teatro español de comienzos del siglo XX no se hace eco de los aires de renovación europeos (Ibsen, Chéjov…). En nuestro país triunfa un teatro comercial, hecho a gusto de la burguesía, y cuyos máximos representantes son Jacinto Benavente, autor de Los intereses creados; los sainetes de los hermanos Quintero o Arniches; y el teatro poético de corte modernista de Villaespesa o Marquina.

La Renovación Estética y el Esperpento

Frente a este teatro popular, en los años veinte surge otro más preocupado por la renovación estética, impulsado sobre todo por algunos miembros del Grupo del 98, como Azorín (Old Spain), Unamuno (El otro) y, especialmente, Ramón María del Valle-Inclán. Aunque es contemporáneo del 98, su inquietud artística lo lleva desde el modernismo hasta la creación de un género propio, el esperpento, que se inicia con Luces de bohemia (1924) y que supone una ácida crítica de la situación del país a través de la deformación paródica y caricaturesca de la realidad.

Crisis y Experimentación en los Años Treinta

Ya en los años treinta, se generalizó la idea de que el teatro español estaba en crisis, lo que permitió el nacimiento de grupos experimentales, como el Teatro del Pueblo de Alejandro Casona. Al mismo tiempo, los teatros universitarios extendieron la cultura por los pueblos gracias a grupos como La Barraca, que llegó a dirigir García Lorca. La obra dramática de este último, cargada siempre de lirismo, comienza con piezas breves y de guiñol, continúa con sus «comedias imposibles» de carácter surrealista (El público) y alcanza su plenitud con la denominada «trilogía rural andaluza», integrada por Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, en las que consigue aunar rigor estético y popularidad.

La Novela Española de Posguerra: Del Existencialismo a la Experimentación

El texto se corresponde con un fragmento de Nada (1945), primera obra de Carmen Laforet. Al terminar la Guerra Civil, la novela española presenta un panorama desolador, debido a factores como la censura y la desaparición por muerte o exilio de algunos de sus autores.

La Narrativa en el Exilio y el Interior

En el exilio, sobresalen nombres como Max Aub, Rosa Chacel o Ramón J. Sender, autor de Réquiem por un campesino español. A todos les une el recuerdo de la guerra y la añoranza por la patria perdida. Por su parte, en el interior del país el género narrativo pasará por varias etapas:

  • Años cuarenta: Surge una importante corriente existencialista, que presenta a personajes desorientados y sumidos en un malestar vital. La primera muestra es La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, en la que se narran los crímenes del protagonista con una crudeza que le granjeó la denominación de «tremendista». Poco después, Laforet publica Nada y Miguel Delibes La sombra del ciprés es alargada, ejemplos fundamentales de la novela existencialista de posguerra.
  • Años cincuenta: La tímida apertura del Régimen y la influencia extranjera hacen que se imponga el propósito de denunciar las injusticias. Las novelas sociales van a tratar principalmente la abulia de la burguesía (Entre visillos, de Carmen Martín Gaite); otras se decantan por el objetivismo (El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio). En estos años se consolidan Miguel Delibes (El camino) y Cela (La colmena).
  • Años sesenta: El cansancio de la novela social lleva a otra narrativa más experimental. El periodo se inicia con Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos, en la que hallamos técnicas como el monólogo interior o la narración en segunda persona. Además, algunos de los narradores ya consagrados se incorporan a la corriente experimental: Delibes, con el largo monólogo de Cinco horas con Mario, o Torrente Ballester, con La saga/fuga de J.B. A ellos se unen novelistas de la generación del medio siglo, como Juan Marsé o Juan Benet.

La Poesía Española hasta 1936: Modernismo y Símbolo

El Modernismo de Rubén Darío pretende recuperar la belleza sensorial y rítmica de la poesía (la musicalidad, la luz, el color) con el uso abundante del adjetivo. Además, innovan con nuevos metros y recuperan otros olvidados, como el verso alejandrino. Todas estas innovaciones formales las aprovecharon Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27.

Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez

Antonio Machado se inicia en el simbolismo y el modernismo en sus dos viajes a París. Su poesía se centra en la búsqueda de sí mismo y una reflexión permanente sobre el sentido de la vida, el tiempo y la muerte. Destaca su obra Soledades, donde presenta una temática variada: el dolor, los recuerdos, la melancolía, el tiempo, la infancia perdida y la soledad. Para expresarlos emplea ciertos símbolos como la fuente, el camino, el atardecer y también el espejo y los sueños.

Por otro lado está Juan Ramón Jiménez, para quien la mano conductora del poema tiene que ser la inteligencia, la exactitud. Sus obras se clasifican en cuatro etapas:

  1. Etapa sensitiva: Su poesía se caracteriza por la influencia modernista, con predominio del tono melancólico e intimista, un suave colorido y una delicada musicalidad. Obras: Arias tristes, Jardines lejanos y Estío.
  2. Etapa intelectual: Corresponde a Diario de un poeta recién casado. En esta obra elimina todo adorno, toda retórica innecesaria, llegando a un arte más elemental y puro.
  3. Etapa suficiente o verdadera: Tras el exilio, escribe Dios deseado y deseante, en la que consigue el dominio absoluto del verso libre; es entonces cuando su lenguaje se vuelve hermético y profundo.

La Generación del 27: Tradición y Vanguardia

En la segunda década del siglo XX, se consolidan una serie de corrientes que van a remover los cimientos del arte establecido. Muy intensos, pero de corta duración, suponen un proceso de ruptura y experimentación que, en su conjunto, será recogido con el nombre de vanguardias (futurismo, dadaísmo, surrealismo…).

Formación y Evolución del Grupo

En 1927, con motivo de la celebración del tercer centenario de la muerte de Góngora, se reunirán en el Ateneo de Sevilla algunos de los autores que formarán la Generación del 27: Alberti, García Lorca, Guillén, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, a los que se sumarán otros nombres como Concha Méndez, Carmen Conde o Ernestina de Champourcín. Muchos conviven en la Residencia de Estudiantes y todos tienen en común una edad próxima, una formación similar y las ganas de renovar la poesía. Junto a clásicos como Manrique, Garcilaso, Lope o Bécquer, consideran también maestros a Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado. Pero, especialmente, les interesa Góngora por la sensualidad de sus imágenes y su búsqueda incesante de belleza.

Etapas de la Generación del 27

  • Primera etapa (hasta 1927): Los poetas reciben influencias muy diversas: de la lírica popular tradicional (Romancero gitano, de Lorca o Canciones de mar y tierra, de Concha Méndez); de la poesía pura y las vanguardias (Imagen, de Gerardo Diego); y, por último, de los clásicos castellanos, que les llevan a cultivar estrofas tradicionales, como los sonetos y décimas de Guillén en Cántico.
  • Etapa de plenitud (1927-1936): La poesía del grupo se rehumaniza como consecuencia de la situación política de España y la irrupción del surrealismo, especialmente en autores como Cernuda (Los placeres prohibidos) y Aleixandre (La destrucción o el amor), pero también en Lorca (Poeta en Nueva York) o Alberti (Sobre los ángeles).
  • Postguerra y Exilio: Después de la Guerra Civil el grupo se rompe: Lorca ha sido asesinado y la mayoría opta por el exilio. Lejos de España publican nuevos poemarios en los que la nostalgia de la patria perdida, de los amigos muertos y el desarraigo serán las notas dominantes. Entre los que se quedan, la poesía deriva hacia la angustia existencial, cuya máxima expresión la hallamos en Hijos de la ira, de Dámaso Alonso.

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