Evolución de las Formas Musicales y Estilos del Romanticismo

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La Sonata: Pilar del Clasicismo

La sonata, forma instrumental surgida en el Barroco, se convertirá durante el Clasicismo en el principal modelo de composición, aplicándose al primer movimiento de todas las formas instrumentales. La forma sonata responde a una estructura tripartita y bitemática que consta de:

  • Exposición: Presentación de dos temas musicales contrastantes y enlazados mediante un pasaje modulante denominado “puente”. El Tema A marca la tonalidad principal de la obra y suele tener un carácter enérgico. El Tema B se expone generalmente en la dominante y suele tener un carácter más lírico.
  • Desarrollo: La música se mueve a otras tonalidades desarrollando y combinando el material temático de la exposición.
  • Reexposición: Se vuelve a la exposición, pero con pequeñas modificaciones. Los dos temas se presentan ahora en la tonalidad principal para un mayor carácter conclusivo. Suele terminar con una coda final que cierra el movimiento.

El Lied: La Unión de Poesía y Música

LIED — Denominación alemana que significa en general “canción”. El lied es una forma breve escrita para voz y piano sobre un texto poético. Son piezas de estilo popular, sencillas y cortas, fáciles de cantar incluso por los no profesionales, en las que la melodía se une al piano para expresar su humor y significado.

Las formas más utilizadas por el lied responden a esquemas muy simples:

  • Lied estrófico: El más frecuente, con la misma música para todas las estrofas del poema.
  • Forma bipartita: Consta de dos secciones diferentes que normalmente se repiten.
  • Forma tripartita: En la que la tercera sección es la repetición de la primera.

Destacan compositores como Franz Schubert y Robert Schumann.

El Piano: El Instrumento Rey del Romanticismo

Es el instrumento preferido del Romanticismo ya que, por sus características, permite la interpretación y la expresión individual del sentimiento. Además, en esta época, el piano llega a su máxima perfección técnica gracias a los grandes fabricantes (Pleyel, Erard) que mejoraron el sistema de palancas para hacer el teclado más sensible al toque del intérprete y añadieron el pedal de resonancia, que permite liberar y mantener el sonido.

Los compositores románticos, aprovechando las capacidades expresivas del piano, crearán “pequeñas piezas de carácter”, compuestas sobre estructuras simples o libres, en las que dan rienda suelta a los sentimientos y la fantasía. Los títulos de estas piezas son muy variados y reflejan sentimientos intimistas (nocturno, balada, preludio), imaginación (rapsodia), o recurren a temas y danzas populares (vals, polonesa, mazurca). Sobresalen Frédéric Chopin y Franz Liszt.

Sinfonía y Concierto en la Era Romántica

Durante el Romanticismo continúan cultivándose las formas instrumentales clásicas. Todos los grandes músicos de este periodo componen sinfonías y conciertos, y con frecuencia ejercen de directores o solistas en la interpretación de sus obras. Tanto en las sinfonías como en los conciertos solistas (cuyos protagonistas preferidos serán el piano y el violín), los compositores se van liberando de los esquemas formales clásicos y explotando con gran efectividad la riqueza tímbrica de la orquesta y el virtuosismo de los intérpretes.

Entre los compositores más importantes de sinfonías destacan Schubert, Brahms o Mahler. Entre los compositores más destacados de conciertos figuran Schumann, Chopin, Liszt y Tchaikovsky.

Música Programática: Narración a través del Sonido

La sinfonía programática es una sinfonía que, en lugar de basarse en una estructura formal, se desarrolla en torno a la descripción de un programa o argumento, generalmente de carácter literario. El creador de este género es el compositor francés Hector Berlioz (1803-1869) con su obra Sinfonía Fantástica, subtitulada Episodios de la vida de un artista y compuesta en 1830. En esta sinfonía, Berlioz narra su amor no correspondido por la actriz inglesa Harriet Smithson, convirtiendo a su amada en música.

El poema sinfónico es una composición orquestal de un solo movimiento basada en elementos poéticos o descriptivos. El creador de este género es Franz Liszt con su obra Los Preludios (1849), en la que describe estados de ánimo de las Meditaciones poéticas del escritor Alphonse de Lamartine. Este nuevo género de música programática será cultivado con frecuencia por los compositores románticos posteriores y especialmente por los compositores nacionalistas, que utilizarán para sus obras argumentos o imágenes que reflejen las características de sus países. La música programática basa su descripción en la asociación de ideas musicales con determinados personajes, emociones, acciones u objetos, permitiendo así al oyente seguir la narración.

Danza de Salón y el Auge del Vals

Con la decadencia del Antiguo Régimen desapareció la danza cortesana y su lugar fue ocupado por las nuevas danzas de salón de la sociedad burguesa. Así, en el siglo XIX surgirán gran número de danzas de carácter marcado y enérgico, que alcanzarán una gran popularidad en los salones de baile de las principales capitales europeas.

La danza que gozó de mayor aceptación y popularidad durante toda la época fue el vals, que alcanzó en la ciudad de Viena un particular esplendor con los compositores Johann Strauss (1804-1849) y su hijo, Johann Strauss II (1825-1889), aclamado en sus giras mundiales como “el rey del vals”. El vals es una danza de ritmo ternario y movimiento rápido en la que las parejas bailan estrechamente abrazadas desplazándose en amplios círculos.

El despertar de los nacionalismos a mediados del siglo XIX impulsó la difusión de danzas nacionales, la mayoría de origen popular, como la polca de Checoslovaquia, el bolero y el fandango de España, la mazurca y la polonesa de Polonia o el galop de Alemania. La popularidad de estas danzas de salón hizo que muchos compositores como Chopin, Liszt, Brahms, Rimsky-Korsakov o Tchaikovsky las incluyeran en sus obras, aunque con un carácter más idealizado y menos bailable.

El Despertar de los Nacionalismos Musicales

En los países escandinavos destaca la obra del noruego Edvard Grieg (1843-1907), con la música incidental de Peer Gynt, y el finlandés Jean Sibelius (1865-1957) con el poema sinfónico Finlandia. En Checoslovaquia, el nacionalismo está representado por Bedřich Smetana (1824-1884) con el ciclo de poemas sinfónicos Mi Patria, y Antonín Dvořák (1841-1904), célebre por su Sinfonía del Nuevo Mundo.

En Hungría, los compositores más importantes son Béla Bartók (1881-1941) y Zoltán Kodály (1882-1967), ambos autores de numerosas investigaciones y recopilaciones del folclore húngaro. En Estados Unidos destaca el compositor George Gershwin (1898-1937) con una clara influencia del jazz, como en Rhapsody in Blue, Un americano en París y la ópera Porgy and Bess. En Hispanoamérica, el compositor más representativo es el brasileño Heitor Villa-Lobos (1887-1959) con sus Chôros para guitarra basados en ritmos y bailes indígenas.

La Ópera en el Siglo XIX

Italia: Cuna del Bel Canto y el Verismo

En Italia es donde surgen las principales escuelas que marcarán la evolución del género en el resto de Europa. Rossini es la figura que representa la transición de la ópera clásica a la ópera romántica. Su obra El barbero de Sevilla, compuesta en 1816, fue la ópera más representada y aclamada durante todo el siglo XIX. Donizetti con L'elisir d'amore y Bellini (1801-1835) con Norma son los máximos representantes del “bel canto”, estilo vocal tan expresivo como espectacular que tenía como objeto la exhibición del cantante mediante pasajes melódicos de gran exigencia técnica.

Verdi representa la cumbre de la ópera italiana con obras como La Traviata o Aida. No abandona el ideal del bel canto, pero construye melodías más sencillas con ritmos claramente marcados y otorga una gran importancia a los coros. A finales del siglo XIX, la corriente del realismo literario se traslada a la música creando una nueva tendencia denominada verismo. Los argumentos se centran en personajes de la vida cotidiana, reflejando sus emociones de forma realista. Los principales representantes son Mascagni con Cavalleria rusticana y Puccini con La Bohème, Tosca o Madama Butterfly.

Francia: Grand Opéra y Opereta

Meyerbeer es el creador del género denominado “grand opéra” con obras como Los Hugonotes. Es un tipo de ópera de argumento heroico, con lujosas escenografías que incluyen ballets, enormes orquestas y masas corales. Offenbach es el principal representante de la denominada “opereta”, un tipo de ópera cómica de argumentos humorísticos que incluye pasajes dialogados y danzas de moda; su obra más célebre es Orfeo en los infiernos. Bizet (1838-1875) destaca con su ópera Carmen, de carácter realista y ambientada en Sevilla, utilizando danzas y temas populares.

Alemania: El Drama Musical de Wagner

El iniciador de la ópera romántica alemana es Carl Maria von Weber, con obras de argumentos legendarios como El cazador furtivo. Sin embargo, la gran figura es Richard Wagner, quien iniciará una gran reforma del género. Wagner concibe la ópera como una “obra de arte total” (Gesamtkunstwerk) en la que se aglutinan poesía, música, escenario y acción de forma inseparable.

Su idea es crear un “drama musical” continuo utilizando técnicas como:

  • Leitmotiv: Motivo musical recurrente asociado a un personaje o idea.
  • Melodía infinita: Sin marcar cadencias claras para evitar interrupciones.
  • Tratamiento orquestal: Protagonismo de la orquesta con armonías cromáticas y constante modulación.

Sus textos están inspirados en la mitología germánica. Destacan Tannhäuser, la tetralogía El anillo del Nibelungo y Tristán e Isolda.

Características del Nacionalismo Musical

La música nacionalista se caracteriza por el uso del folclore en dos formas distintas:

  1. Copia literal: Introduciendo una melodía tradicional dentro de una obra.
  2. Recreación: Imitando rasgos musicales característicos como escalas, patrones melódicos, ritmos de danzas y técnicas de variación.

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