Evolución y Dimensiones de la Ciudadanía: De la Antigua Grecia a la Era Contemporánea

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Origen del Concepto de Ciudadanía

Ciudadano: habitante de las ciudades antiguas o de estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país. La ciudadanía parece tener como rasgos fundamentales los siguientes, según esta definición:

  • La pertenencia a una comunidad política, un país que se asienta de modo permanente en un territorio.
  • El disfrute efectivo de unos derechos que deben ser protegidos por la ciudad o el estado, entre los que se incluye la posibilidad de participar en las tareas de gobierno de la propia comunidad política, de forma indirecta o directa.

Para los griegos de la época clásica, ser ciudadano significaba, sobre todo, ocuparse de las cuestiones públicas y hacerlo mediante la deliberación, mediante una discusión abierta en la que se intercambian argumentos, razones y opiniones hasta alcanzar juntos un acuerdo acerca de lo que conviene hacer en cada caso.

La ciudadanía tiene tres principios que regían la participación de la asamblea:

  • Isonomía o igualdad ante la ley: todo ciudadano tenía los mismos derechos y deberes básicos que cualquier otro.
  • Isegoría o igualdad de palabra: todo ciudadano tenía el mismo derecho que cualquier otro a hacer uso de la palabra y expresar su opinión ante la asamblea.
  • Koinonía o comunidad de cooperación para alcanzar el bien público, el bien de todos, en lugar de centrarse en el bien particular. Se distinguía claramente entre lo particular (idion) y lo común (koinon), y se entendía que el ciudadano que solo atendía a lo propio era un “idiota” en el sentido originario del término; el que solo mira por su propio interés olvidando el bien común.

Limitaciones de la Ciudadanía Antigua

Se trataba de una ciudadanía excluyente, no inclusiva: únicamente eran ciudadanos los varones adultos que reunían ciertos requisitos establecidos por las leyes. Solo se consideraba libres e iguales a los miembros de la propia comunidad política que tuviesen la condición de ciudadanos. La condición de ciudadano en la antigüedad proporcionaba ciertos derechos de participación política, pero los derechos individuales no estaban suficientemente protegidos frente a posibles abusos de las autoridades.

La Doble Raíz de la Ciudadanía Moderna

La noción de ciudadanía de la antigüedad nos muestra dos tradiciones que aún perduran en la idea contemporánea de ciudadanía: la tradición de la participación política a través de la deliberación y la tradición de la protección legal de los derechos de la persona. La primera forma parte de la moderna idea republicana de ciudadano, y la segunda, de la versión liberal.

Ciudadanía Moderna

Aunque las raíces de la ciudadanía sean griegas y romanas, el concepto actual de ciudadano procede, sobre todo, de los siglos XVII y XVIII, de las revoluciones francesa, inglesa y americana, y del nacimiento del capitalismo. Con la aparición del Estado moderno, se va configurando el actual concepto de ciudadanía, ligado en principio a los dos lados de la expresión Estado-nación: Estado y nación.

En el Estado, son los ciudadanos quienes ostentan la nacionalidad de ese país, entendiendo por ello el estatuto legal por el que una persona pertenece a un Estado que haya sido reconocido por el derecho internacional y se adscribe a él. Los rasgos personales para reconocer la nacionalidad son:

  • El derecho de suelo (ius soli) establece que se ha de reconocer como ciudadano a quien nace en el territorio nacional.
  • El derecho de sangre (ius sanguinis), en cambio, concede prioridad a la nacionalidad de los padres.

Dimensiones de la Ciudadanía Contemporánea

Justicia y Pertenencia

En nuestra época, se habla y se escribe mucho en torno a la noción de ciudadanía porque se entiende que el hecho de saberse y sentirse ciudadano de una comunidad puede motivar a los individuos a trabajar por ella. Ante los retos a los que cualquier comunidad se enfrenta, es posible apelar a la razón y al sentimiento de sus miembros, ya que, si son ciudadanos de esa comunidad, es cosa suya. La racionalidad de la justicia y el sentimiento de pertenencia a una comunidad concreta han de ir a la par si deseamos asegurar ciudadanos plenos y, a la vez, una democracia sostenible. Este concepto tiene varias implicaciones:

  • El reconocimiento de la ciudadanía se refiere a la responsabilidad que tiene cada sociedad respecto a su propia población para asegurar que realmente se reconoce como ciudadanos a las personas.
  • El ejercicio de la ciudadanía se refiere a la responsabilidad que corresponde a cada persona en una sociedad cuando ejerce de ciudadano de la misma.
  • El impulso ético que anima lo mejor de la sociedad civil tiene su expresión en tres lugares principalmente:
    • El voluntariado o tercer sector social, que se organiza desde la gratuidad y generosidad de los ciudadanos en multitud de asociaciones.
    • Las profesiones, que son instituciones sociales que se legitiman por el servicio que prestan a la sociedad.
    • La opinión pública crítica, que nace de mantener abierto y vivo un debate sin exclusiones arbitrarias entre los ciudadanos mediante el uso público de la razón, argumentando con claridad y firmeza.