Evolución y Características del Arte Bizantino: De Justiniano a la Caída de Constantinopla
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Períodos del Arte Bizantino
Podemos establecer tres períodos fundamentales en la historia de este arte:
Primera Edad de Oro
Se desarrolla entre los siglos V y VII y tuvo su máximo esplendor a lo largo del siglo VI, coincidiendo con el gobierno del emperador Justiniano y su esposa Teodora. Este período terminó con el comienzo de la querella iconoclasta (destrucción de los iconos).
Segunda Edad de Oro
Se extiende entre los siglos IX y XII, tras superar la querella iconoclasta. En esta etapa, Bizancio se distancia de Europa. La ruptura con la Iglesia de Roma supuso el nacimiento de la Iglesia ortodoxa y el alejamiento de Occidente. El periodo concluye con la Cuarta Cruzada, cuyos caballeros toman Bizancio, haciendo tambalearse al Imperio.
Tercera Edad de Oro
Tras ejemplos como Santa Sofía de Kiev, la Tercera Edad de Oro se desarrolla en los siglos XIV y XV. En 1453, Bizancio es conquistada por los turcos y desaparece definitivamente el Imperio.
Los Mosaicos Bizantinos
El arte bizantino adoptó el mosaico como revestimiento para los muros. El mosaico se crea a partir de teselas cuadradas multicolores de pasta vítrea que se combinan con piezas laminadas de oro, plata y nácar, dando como resultado una pintura en piedra.
Características Formales
Se pueden marcar una serie de características formales principales:
- El dibujo es poco detallado, pero de líneas muy precisas.
- Predominan de modo absoluto los colores, que son vivos y brillantes.
- Las figuras se representan en posición frontal y actitud estática; cuando se trata de un grupo, suelen aparecer alineadas y con la cabeza a la misma altura (isocefalia).
- Tanto los diferentes elementos como el tema en su conjunto son sometidos a una simplificación que elimina lo secundario y lo anecdótico, por considerarse innecesario para la comprensión del mensaje.
- Como consecuencia de dicha simplificación, se ignoran las referencias espaciales, que se tienden a sustituir por fondos dorados, sobre todo para representar el carácter ilimitado del mundo celeste.
Con esta técnica, los talleres fijaron una iconografía oficial y adjudicaron un lugar en el templo para cada asunto sagrado. El ábside se reservó para el Cosmocrátor, que aparece sentado sobre el globo del universo.