La ética de Sócrates: El dilema entre la vida y la justicia ante las leyes
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Argumentos sobre la decisión de Sócrates
Para comprender la postura de Sócrates ante su condena, debemos considerar los siguientes puntos fundamentales:
- ¿Qué dirán los demás?: La preocupación por la opinión pública frente a la integridad moral.
- El deber de no perjudicar a los amigos: La existencia de una ley implícita que obligaba a proteger el bienestar de los allegados.
- La responsabilidad hacia los hijos: Sócrates evalúa dos alternativas:
- Que sus hijos escapen con él: Implicaría llevarlos a una ciudad inferior, ya que una ciudad justa no aceptaría prófugos.
- Que se queden en Atenas: Sería preferible que sean recordados como hijos de un hombre que murió injustamente, en lugar de hijos de un prófugo.
Distinción entre Zoe y Bios
Sócrates establece una diferencia crucial entre dos conceptos de vida:
- Zoe: Es la vida animal o biológica; el simple hecho de vivir, común a plantas, animales y seres humanos.
- Bios: Es la "buena vida", un estilo de vida propiamente humano, caracterizado por la felicidad, la coherencia entre el pensamiento y la acción, y la relación con la verdad.
Para los griegos, el simple hecho de vivir (zoe) no tiene valor por sí mismo; lo que realmente importa es la manera en que se vive (bios). El filósofo está dispuesto a arriesgar su zoe para preservar su bios, pues no tiene sentido mantener la vida biológica a costa de anular la integridad de la vida humana.
Las Leyes y el compromiso con la Ciudad
Huir de las leyes equivale a destruir la ciudad. Sócrates argumenta que el Estado y sus leyes son los responsables tanto de su zoe como de su bios:
- Deuda con el Estado: Sócrates vive gracias a las leyes que permitieron el matrimonio de sus padres y su propia educación. El ciudadano debe su existencia y su forma de vida al Estado.
- El deber de obediencia: Cuando el Estado exige la vida (ya sea en la guerra o mediante un castigo), el ciudadano está obligado a obedecer.
- El contrato democrático: Al vivir en democracia, el ciudadano tiene la posibilidad de persuadir a las leyes, cambiarlas o marcharse. Si no se optó por ninguna de estas vías, se debe aceptar el veredicto: persuadir u obedecer.
La muerte y la justicia
Finalmente, Sócrates reflexiona sobre la muerte: tarde o temprano, todo ser humano morirá y será juzgado por las leyes del Hades. No es lo mismo ser recibido en el más allá como una persona justa que aceptó un juicio injusto, que como una persona injusta que huyó de sus responsabilidades.