Estructura de la obra "Castilla"

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Castilla es un conjunto de catorce ensayos, de los cuales cuatro habían sido
publicados por primera vez en diversos periódicos (“El mar”, “Las nubes”, “Lo fatal”
y “Cerrera, cerrera”); sin embargo, a pesar de su heterogeneidad, hay cierta
estructura y coherencia en la obra, sobre todo en cuanto a su temática e imágenes,
que nos muestran cierta evidencia de que Azorín los redactó con idea de
recopilarlos en un libro.
La coherencia de Castilla se muestra en la encrucijada de tres elementos:
a) La historia crítica de Castilla/España: se muestra la “continuidad
nacional”, la “esencia del ser español/castellano y, con ello, las raíces
de su decadencia, que se muestra en algunos artículos mediante la relación
entre España-tradición y Europa-progreso.
b) La obsesión azoriana por el Tiempo y su perspectiva del “eterno
retorno”, que conecta con las “esencias” perdurables del “ser español” y
con la decadencia de Castilla, su paralización, su “eterno volver a vivir si
historia y su propia literatura”.
c) La metaliteratura, la literatura inspirada en lecturas pasada por un filtro
sentimental e ideológico y que le da la historia, los hechos y el argumento.
La Clasificación de los Artículos:
1) Ensayos costumbristas e históricos basados en libros de viajes, aunque
sin viajero protagonista, donde el tema dominante es la meditación sobre el
“problema de España” y su dialéctica con Europa. El tema común en estos
escritos es la resistencia española a aceptar las modernas innovaciones,
simbolizadas en el ferrocarril y su firme adhesión a las viejas formas de
vida, simbolizadas en los ruidos, la falta de “confort” y los toros, espectáculo
criticado aquí por Azorín donde se muestra el indigenismo español. A este
grupo pertenecen los cuatro primeros artículos: “Los ferrocarriles”, “El
primer ferrocarril castellano”, “Ventas, posadas y fondas” y “Los toros”.
2) Meditaciones sobre el paisaje y la intrahistoria de Castilla tamizadas a
través de la preocupación por el Tiempo (lo que lleva a reflexionar sobre la
“paralización” de Castilla: su “perduración” en el pasado, en un presente que
no es sino una reescritura eterna del pasado). La meditación del tiempo y la
contemplación del espacio se hace directamente. Agrupa a los tres escritos
siguientes: “Una ciudad y un balcón, “La catedral” y “El mar”. El carácter
poemático que une estos tres artículos es la solidez de su construcción ya
que aparecen divididos en partes paralelas con respecto al tiempo y al
espacio y que conducen al lector, como en la lírica, hacia una sensación que
domina a las demás y que se manifiesta por una frase-estribillo (No me
podrán quitar el dolorido sentir en “Una ciudad y un balcón”, es fina, frágil,
sensitiva en “La catedral” y no puede ver el mar en “El mar”).
3) Reencarnaciones (y preocupaciones) de una obre literaria clásica en
las que Azorín aplica nuevamente su preocupación por el Tiempo;
metaliteratura y reflexión sobre el Tiempo (“eterno retorno”) confluyen en
“Las nubes”, “Lo fatal”, “La fragancia del vaso” y “Cerrera, cerrera”. En estos
artículos aparecen por primera vez verdaderos personajes, protagonistas. En
estos artículos se emplea el argumento de un autor clásico para trazar una
ficción nueva que continúa la ya conocida (La Celestina en “Las nubes”, El
Lazarillo en “Lo fatal”, La ilustre fregona en “La fragancia del vaso” y La tía
fingida en “Cerrera, cerrera”).
4) Cuentos melancólicos, con personajes ficticios y originales de Azorín
en los que domina el tema del Tiempo; la reflexión entristecida sobre las
huellas del pasado del tiempo y la idea del “eterno retorno” es la temática
de “cuentos” tristes, teñidos de melancolía azoriana sobre personajes
inventados, no recreados. Pertenecen a este grupo “Una flauta en la noche”,
“Una lucecita roja” y “La casa cerrada”. La técnica de estos escritos consiste
en el estudio sucesivo de un individuo o de una familia en distintas fechas.
En “La casa cerrada” el paso del tiempo se ve desde el presente, son los
recuerdos de un personaje al volver a la casa donde había vivido sus
mejores días.
Castilla es una mezcla se géneros, es una asociación de artículos
periodísticos, ensayos y cuentos en los que se medita sobre el paisaje o pueblo
como “pequeña” historia transitada por el tiempo y en el que se busca una
expresión del espíritu nacional a través de la literatura. Los distintos géneros
recogidos en Castilla son:
a) Ensayos o artículos de opinión que se funden con los libros de viajes
(“Los ferrocarriles’’ y “El primer ferrocarril castellano’’) o con el
costumbrismo (“Ventas, posadas y fondas”) o con los ‘collages’ críticos (“Los
toros”).
b) Poemas en prosa, con una estructura musical basada en la anáfora y en el
“leit motiv” (“El mar”).
c) Recreaciones metaliterarias (“Las nubes” o “La fragancia del vaso”)
donde se funde el ensayo filosófico con la narración.
d) Melancólicos cuentos donde, el más puro estilo modernista y
noventayochista, la anécdota (la acción) se reduce al mínimo y se hace
mero soporte para la reflexión y la descripción (“Una flauta en la noche” o
“Una lucecita roja”), con los que se acercan al ensayo filosófico-literario.
Todo ello denominado por lo descriptivo, visual, espacial, por una tendencia
a detener el tiempo y eternizar instantes, escenas y encuadres de mirada recreados
con una mirada subjetiva, detallista y poetizadota: fragmentos de la realidad
castellana/española descritos no directamente sino desde la evocación y el más
íntimo sentir (su ideología, sus obsesiones y su personalidad melancólica) de
Azorín.
Literariamente, el significado del libro hay que buscarlo más en la visión del
tiempo que en la visión de Castilla. Azorín nos muestra en el prólogo los dos temas
que le han llevado a escribir el libro, es decir, Castilla y el poder del tiempo. El libro
nos habla acerca del poder del paso del tiempo en el hombre castellano. Para los
noventayochistas el corazón de España residía en Castilla debido a que ven España
de forma evocada.
Respecto a Castilla, el autor nos dice en el prólogo que ha pretendido
“aprisionar una partícula del espíritu de Castilla”, el espíritu del pasado. Azorín
3
concibe la historia a través de la intrahistoria, una idea que surge de Unamuno en
su obra “En torno al casticismo”, afirmando que la historia la forman y la
transmiten los habitantes más que los hechos políticos, artísticos y militares. Esta
visión de la historia la refleja Azorín en todos los capítulos de Castilla, excepto en
los cuatro primeros. Con una técnica paralelística el autor nos describe varios
momentos de la historia, de los que nos representa la vida de forma paralela en
cada uno de ellos. Es una técnica de variaciones sucesivas acompañada en algunos
casos de una perspectiva de altura (torre, ventana o balcón) o un movimiento que
se repite con variaciones (tropel, diligencia, tren), como ocurre en “Una ciudad y un
balcón”.
Otro de los recursos empleados por Azorín en sus análisis del tiempo es el
eterno retorno de Nietzsche: el universo ha de repetirse, nacer y morir en un
eterno volver; es el tiempo como repetición. Aunque existen ciertas variaciones
entre el filósofo y el autor. El eterno retorno no lo toma como una creencia, por lo
tanto no le sirve de consuelo ante el irremediable paso del tiempo sino que para él
es una técnica que lo pone de manifiesto. Ya nos habla en el prólogo de “la
corriente perdurable -e inexorable- de las cosas”. Sus personajes individualizados
sienten dolor, agotamiento ante el paso del tiempo, se sienten mortales.

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