La estructura circular del tiempo en Cien años de soledad
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El relato adopta una apariencia virtualmente lineal; apenas hay una moderada retrospección en las primeras cien páginas, cuyo eje es el momento en que "años después, el coronel Aureliano Buendía enfrenta el pelotón de fusilamiento", escena que débilmente despista al lector porque el coronel no muere en esa ocasión. Pero, en realidad, el tiempo de la novela no es sucesivo o cronológico, sino cerrado. El presente, el pasado y el futuro pueden ser narrados en cualquier momento por el narrador, cuyo objetivo es narrar cada uno. Por eso, el tiempo en Cien años de soledad es circular.
La novela presenta una declaración fascinante que se desarrolla y explica de manera lógica, sugiriendo que ninguna otra interpretación es posible. La manipulación del tiempo y la creación de un sistema total no permiten la medición del tiempo bajo una concepción lineal.
El tiempo congelado en Macondo
El pasado se repite en el presente y el futuro es previsible porque, de alguna manera, ya ocurrió. El tiempo no existe en Macondo; está congelado.
La percepción de Úrsula Iguarán
Úrsula es el personaje que tiene la más clara conciencia de vivir en una dimensión intemporal, propia de los sueños:
- Cuando José Arcadio Segundo concibe el loco proyecto de establecer un sistema de navegación, el comentario de Úrsula es: "Ya esto me lo sé de memoria".
- Es como si el tiempo diera vueltas en redondo y hubiéramos vuelto al principio, tal como la historia de la humanidad, que comete los mismos errores una y otra vez.
- En otra ocasión, cuando Aureliano Triste expone su plan para instalar un ferrocarril, que era descendiente directo de los esquemas con que José Arcadio Buendía ilustró el proyecto de la guerra solar, Úrsula confirmó que el tiempo estaba dando vueltas en redondo.
La tensión narrativa y la acción
La acción concentra la espesa historia de Macondo en un tiempo inmóvil, donde mil cosas pasan y mil cosas vuelven, sosteniendo la presencia de varios protagonistas que se alternan en el primer plano y el trasfondo temporal sin perder, en ningún momento, la tensión narrativa. Ese es uno de los prodigios de la novela: la manera en cómo el autor ha enlazado las fastuosas aventuras de sus múltiples personajes sin dar respiro y, a la vez, sin hacerles perder su individualidad.