Estrategias psicológicas para afrontar pérdidas y cambios en la infancia

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Adaptación a las pérdidas y los cambios en la infancia

La deshabituación del chupete

Este proceso se suele dar a partir de los dos años. Es fundamental que se actúe de forma coordinada entre la escuela y la familia. La retirada del chupete significa una pérdida que, generalmente y sobre todo durante los primeros días, se traduce en manifestaciones emocionales de:

  • Inquietud
  • Dificultad para dormir
  • Dificultad para ser consolado
  • Llantos frecuentes

Las formas de «perder» el chupete pueden ser varias; por ejemplo, dárselo a los Reyes Magos, entre otras estrategias creativas.

La pérdida de personas significativas

Los niños y niñas pequeños no están excluidos de la vivencia del duelo. Ante el fallecimiento de un ser querido, se debe buscar el momento más adecuado para comunicar la noticia, sin esperar a que pase mucho tiempo.

Se les tiene que hablar sin rodeos. También se les debe dejar claro que no verán a esa persona nunca más y, finalmente, se les tiene que abrir una puerta de esperanza. Es importante que, siempre que sea posible, los niños y niñas puedan despedirse de la persona querida.

El duelo ante la pérdida de un futuro hermano

Otro momento delicado puede ser la pérdida de un futuro hermano o hermana debido a un aborto. El niño o niña también necesitará una explicación adecuada para poder elaborar el duelo correspondiente y comprender la situación familiar.

El proceso de adopción

Los niños o niñas adoptados, según la edad en que se produzca la adopción y las vivencias anteriores que hayan tenido, pueden presentar carencias en el plano afectivo. Es posible que se muestren:

  • Distantes e irritables
  • Desconfiados
  • Poco comunicativos (no solo verbalmente)

Hay que tener presente que el gran cambio que supone la adopción también requiere un tiempo más o menos largo de adaptación, tanto para el menor como para la familia y su entorno social.

Impacto de las hospitalizaciones

Las hospitalizaciones largas o repetidas pueden comportar dificultades que se manifiestan en forma de cambios en las manifestaciones afectivas.

Cuando es el propio niño o niña quien está hospitalizado, esto implica permanecer fuera del entorno familiar, en un espacio extraño. Esta situación puede provocar momentos de miedo, angustia y soledad. Asimismo, es común que las familias, debido al propio sufrimiento, adopten actitudes sobreprotectoras que deben ser gestionadas con sensibilidad.

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