El Espíritu Santo: Divinidad, Misión y Naturaleza en la Trinidad
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El Espíritu Santo: La Tercera Persona de la Santísima Trinidad
Contexto Histórico: La Controversia sobre su Divinidad
En el siglo IV, surgió una importante controversia entre diferentes grupos de cristianos que puso en duda la divinidad del Espíritu Santo. Se refutó la teoría de que el Espíritu Santo no pertenecía a una realidad divina. Ante esta controversia, San Basilio Magno argumentó que, para la reconciliación con la Iglesia, era suficiente aceptar que el Espíritu Santo no es una criatura. Basilio también destaca que el Espíritu Santo tiene una cualidad esencial que es el amor.
Argumentos Clave en el Debate
- El Espíritu no es una criatura: Algunos cristianos asimilaban los términos viento y pneuma, motivo por el cual llegaban a la conclusión de que era una creación de Dios, y no Dios mismo.
- La procedencia del Espíritu: El Espíritu procede del Padre; no es creado, como el mundo, ni engendrado, como el Hijo.
- El Espíritu Santo en el Credo: En el Credo occidental se menciona al Espíritu Santo y solo se hace una alusión a la fe. En cambio, el Credo oriental es más explícito con referencia al Espíritu Santo y afirma que procede del Padre y del Hijo (cláusula Filioque).
El Espíritu Santo, Verdadero Dios
El nombre de “Espíritu” es propiamente divino, y “Santo” hace también referencia a un atributo divino. El nombre del Espíritu Santo es, por tanto, propiamente divino.
El Espíritu Santo es creador y santificador; su morada en nosotros es la morada de Dios.
Las actividades del Espíritu Santo lo sitúan en el orden de lo divino, no en el orden de lo creado. Como se ha mencionado, el Espíritu Santo no ha sido ni creado, como el mundo, ni engendrado, como el Hijo; procede del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo es Dios. Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria. La divinidad del Espíritu pertenece a la fe cristiana con pleno derecho.
La Misión y Naturaleza del Espíritu Santo
El Espíritu Santo es alguien que habita en nuestro interior y actúa en lo más profundo del sujeto personal humano. Nos inspira, nos acerca al misterio pascual, nos capacita para cumplir la nueva ley del amor y nos hace hablar y actuar según Dios.
Se puede distinguir entre la misión del Hijo y la del Espíritu:
- La misión del Hijo pertenece al polo objetivo: el Hijo se encarna y se desarrolla en la Historia de los seres humanos.
- La misión del Espíritu pertenece al polo subjetivo: es invisible. Está presente y actúa en nosotros en el polo de nuestra conciencia (tenemos que descubrirlo, sentirlo...). Inspira nuestra libertad.
El Espíritu Santo como Amor y Don
El Espíritu Santo es la personificación del amor de Dios. Este amor personificado es enviado a los hombres para establecer su comunión con Dios. El Espíritu Santo es el Amor que viene de Dios, que está dentro de nosotros y nos llama. Este mismo Amor es Don. El Don mutuo del Padre y del Hijo se convierte en el Don común a los hombres.