España Moderna: Reyes Católicos y el Imperio de Felipe II

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Reyes Católicos: El Amanecer de la España Moderna

Isabel de Castilla y Fernando de Aragón contrajeron matrimonio, marcando el inicio de la España moderna.

Sus recursos financieros y militares sentaron las bases de un estado moderno.

El casamiento se produjo en un contexto de crisis políticas durante la Baja Edad Media, con Aragón en guerra y Castilla dividida entre Isabel y Juana la Beltraneja.

La unión proporcionó estabilidad, a pesar de las presiones de la nobleza.

Aunque la unión no integró rápidamente ambas coronas, facilitó la yuxtaposición.

Castilla predominó debido a su mayor extensión (el triple) y población (el cuádruple), así como a su mayor actividad comercial.

Reorganización Interna

Pacificación de la Nobleza

Se reafirmaron los privilegios jurisdiccionales y las propiedades señoriales de la nobleza.

Se implementó la Ley de los Mayorazgos y se mantuvieron los privilegios de la Mesta.

El mayorazgo era una institución del derecho castellano que permitía mantener bienes vinculados entre sí (irrompibles), que pasaban al heredero, permitiendo solo el aumento de los bienes.

Se reorganizó el sistema de hacienda, y las Cortes de Toledo de 1480 revisaron las mercedes concedidas durante el reinado de Enrique IV, perjudicando a los nobles de Juana la Beltraneja.

En 1476, las Cortes reunidas en Madrigal de las Altas Torres aprobaron la constitución de la Santa Hermandad, clave para el mantenimiento de la paz.

En 1480, se incorporaron letrados con estudios al Consejo Real, mientras que los nobles se dedicaban a aconsejar.

Se designaron corregidores, delegados del monarca en villas y ciudades, con funciones de alcalde judicial y policial.

Se fortaleció el control real sobre los militares y se reforzó la administración de justicia.

Unificación Religiosa

Se promovió una monarquía católica, se impulsó la reforma eclesiástica y se estableció la Inquisición para combatir las herejías y expulsar a los judíos.

El Imperio Hispánico de Felipe II

Felipe II, hijo de Carlos I y de Isabel de Portugal, heredó los territorios de su padre, a excepción de la parte austroalemana, que pasó a Fernando.

Mientras que Carlos I era europeísta, Felipe II se centró en lo hispánico.

Estableció la corte real en el centro de la península, en El Escorial. Desde 1580, las coronas de Aragón, Castilla y Portugal estuvieron unidas.

Política Exterior

En el Mediterráneo, los turcos amenazaban Aragón. En el Atlántico, los intereses americanos de Castilla chocaban con los de Portugal.

El principal enemigo era Inglaterra, y la monarquía francesa se mostraba hostil.

La expansión del protestantismo en las Provincias Unidas desencadenó una guerra de secesión.

Política Interior

Se produjo la sublevación de los moriscos en 1568 y la crisis foral aragonesa en 1591.

Antonio Pérez se refugió en Aragón, amparándose en sus fueros.

El ejército, organizado en tercios, y la armada absorbieron gran parte de los recursos de la hacienda, lo que condujo a bancarrotas.

Decadencia

El imperio fue incapaz de mantener su hegemonía, lo que llevó a la quiebra económica de Castilla.

La economía dependía de América, pero hubo falta de inversiones y disminución de las remesas de oro y plata.

Se produjo un bajo crecimiento de la población.

En 1609, se decretó la expulsión de los moriscos y se intensificó la represión ideológica.

El reinado de Felipe III (1598-1609) se caracterizó por la paz y la expulsión de los moriscos, bajo el valimiento del Duque de Lerma.

Durante el reinado de Felipe IV (1621-1665), con el Conde-Duque de Olivares como valido, surgieron las mayores dificultades para el imperio.

Carlos II (1665-1700), enfermizo, impotente y sin hijos, tuvo varios validos.

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