España en Crisis: De la Restauración a la Dictadura y el Conflicto en Marruecos (1902-1923)
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La Crisis de la Restauración (1902-1923)
A principios del siglo XX, el desastre del 98 provocó una fuerte conmoción política que forzó a los partidos dinásticos (conservador y liberal) a iniciar una política reformista. Sin embargo, los proyectos renovadores impulsados por el conservador Antonio Maura y el liberal José Canalejas no lograron modernizar en profundidad el sistema de la Restauración ni democratizar la vida política española.
Mientras el sistema político apenas se reformaba, la sociedad española experimentaba un progresivo desarrollo económico y una modernización social, en gran medida condicionados por la aceleración del proceso de urbanización. El crecimiento urbano aumentó el peso político y cultural de las ciudades, con el protagonismo de las clases medias, la aparición de la prensa de masas y la emergencia de los intelectuales.
El impacto de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias económicas agravaron los problemas políticos y sociales. La inestabilidad de los gobiernos, el creciente divorcio entre las Cortes y el gobierno, la agudización de las tensiones sociales y las dificultades bélicas en Marruecos sirvieron de excusa para que, en septiembre de 1923, los militares impusieran una dictadura liderada por Miguel Primo de Rivera.
La Guerra de Marruecos y la Semana Trágica
La Política Colonial y la Guerra de Marruecos
En 1906, España inició su penetración en el norte de África. La Conferencia de Algeciras (1906) y el Tratado Hispano-francés (1912) formalizaron el reparto de zonas de influencia entre las potencias europeas. Se estableció un protectorado franco-español en Marruecos, asignando a España el control sobre el Rif, Ifni y Río de Oro.
El interés de España en esta zona se basaba en los potenciales beneficios económicos y en el deseo de los militares africanistas de convertir a España en una nueva potencia colonial.
Los ataques de los rifeños obligaron a mantener un fuerte contingente militar, que se intensificó a partir de 1909 tras la derrota de las tropas españolas en el Barranco del Lobo. El envío de reservistas provocó un importante movimiento de protesta popular, apoyado por anarquistas, socialistas y republicanos.
La Semana Trágica de Barcelona (1909)
La movilización contra la guerra se inició en el puerto de Barcelona el 18 de julio de 1909. La revuelta se prolongó durante una semana, adquiriendo un fuerte componente antimilitarista y de rechazo a la hegemonía de la Iglesia. Se constituyó un comité de huelga que hizo un llamamiento a la huelga general.
La iniciativa popular derivó en un estallido espontáneo de las tensiones sociales acumuladas. Se multiplicaron los incidentes en la calle, se levantaron barricadas, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas del orden público y explotó un fuerte sentimiento anticlerical que desembocó en el ataque a establecimientos religiosos.
Las autoridades declararon el estado de guerra y enviaron refuerzos. La insurrección se radicalizó y derivó hacia la acción descontrolada de grupos desorganizados. La intervención del ejército puso fin al movimiento insurreccional, seguida de una dura represión: centenares de personas detenidas, 216 consejos de guerra y 17 condenas a muerte, de las que se ejecutaron cinco.
Consecuencias Políticas de la Semana Trágica
La represión generó una oleada de protestas en toda Europa. La oposición a Maura se unió en un bloque de izquierdas que consiguió que Alfonso XIII disolviera las Cortes y traspasara el gobierno a los liberales.
En Cataluña, comenzó a tomar forma un nacionalismo republicano y de izquierdas, que se concretó en la fundación de la Unión Federal Nacionalista Republicana (1910). El impacto de la Semana Trágica también contribuyó a la creación de la Conjunción Republicano-Socialista y al nacimiento del Partido Reformista de Melquíades Álvarez (1912).