Escultura y pintura española del Renacimiento: influencias italianas, El Greco y el Manierismo

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Escultura española del Renacimiento

Escultura española: La introducción de las formas de la antigüedad clásica planteó importantes problemas a los escultores españoles. La exaltación de las formas humanas en detrimento de la expresión de lo espiritual iba contra los principios estéticos que habían regido la escultura cristiana. Esas formas clásicas resultaban válidas para la escultura pagana, la decorativa e incluso la funeraria, pero no para la escultura religiosa, que era la que predominaba en España.

Las formas italianas tardaron en introducirse en la península; con el tiempo, los escultores españoles fueron incorporando esas formas. Esa diferencia entre lo italiano y lo español puede apreciarse en el aspecto técnico: frente al predominio del mármol y el bronce en Italia, en España se continuó con la tradición de labrar la madera y policromarla.

Primera etapa del Renacimiento

En la primera etapa de esta escultura renacentista se hace muy evidente la presencia de la influencia italianizante. En estos años se afincan en España escultores italianos como Domenico Fancelli o Pietro Torrigiano. El primero ya llega con fama, que incrementará al realizar el sepulcro de D. Diego Hurtado de Mendoza para la catedral de Sevilla, el sepulcro del príncipe D. Juan y el de los Reyes Católicos.

Pietro Torrigiano tiene obras tan admirables como el San Jerónimo.

Felipe Bigarny es un escultor francés cuyo estilo es de una gran belleza formal. Su obra más importante es la labor que le corresponde en el coro de la catedral de Toledo.

Diego de Siloé también es escultor. Prueba de su calidad es la sillería del coro de la iglesia de San Benito en Valladolid.

El último escultor de este primer tercio de siglo es Bartolomé Ordóñez, con importantes obras como los sepulcros de Juana y Felipe el Hermoso.

Segundo tercio de siglo

En el segundo tercio de siglo, la escultura española se muestra más definida y evidencia cómo el Renacimiento italiano ha calado en nuestro país.

Alonso de Berruguete representa al maestro que triunfa no solo en el ejercicio de su profesión, sino también en el medio social que le rodea. Tuvo la protección del emperador Carlos, de la emperatriz Isabel y del cardenal Tavera. Entre sus obras más destacadas cabe mencionar el retablo de San Benito de Valladolid o el del Colegio de los Irlandeses. También le corresponde la mitad de la sillería del coro de la catedral de Toledo.

Otro gran escultor es Juan de Juni. En su obra no se interesa por el dolor, sino por la angustia interior. Sus temas preferidos son las piedades, los Cristos muertos y los santos entierros, aunque también trabaja alguna fachada, sillerías, etc. Una de sus obras más importantes es su Santo Entierro de Valladolid. Otras obras destacadas son el retablo de la Antigua de Valladolid y el de Burgo de Osma.

Pintura española: El Greco

Domenico Theotocopuli (El Greco): nació en Creta en 1541 y, tras ser educado en Italia, llegó a España en 1577 (o 1579, según fuentes), donde vivirá hasta su muerte en 1614.

Entre 1560 y 1567 se desarrolla lo que algunos especialistas han llamado la pintura postbizantina. Obras como La Dormición de la Virgen confirman esta etapa, en la que, al tiempo que alcanzó el título de maestro en la pintura de iconos, introdujo en esta técnica algunas innovaciones de Occidente, como la profundidad o el movimiento.

Su etapa italiana nos muestra su evolución: mejora su técnica y enriquece su colorido. Tras su llegada a España, atraído por la fama, pretendió trabajar en El Escorial, pero no lo consiguió al no convencer con sus trabajos a Felipe II.

Su obra más brillante es El entierro del conde de Orgaz. Como retratista ha dejado un buen repertorio, entre el que destacan el retrato del Gran Inquisidor Fernando Niño de Guevara, el de Fray Félix Hortensio Paravicino y, sobre todo, El caballero de la mano en el pecho. El paisaje no fue uno de sus géneros preferidos, pero conservamos su Vista de Toledo, muy minuciosa y trabajada. Podemos citar otras obras de interés, como su San Mauricio o La adoración de los pastores.

El Manierismo

Manierismo: Es un estilo derivado de la evolución final de las teorías del Renacimiento. Fue un estilo creado para clientes muy refinados que deseaban un arte sofisticado y cortesano. El Manierismo es el resultado de la aplicación hasta el extremo de las reglas fijadas durante el Renacimiento. Los personajes sufren distorsiones en sus anatomías o ven alargados sus miembros o rostros. Los colores son fríos, artificiales, enfrentados unos con otros, en vez de apoyarse en gamas.

Miguel Ángel o Rafael experimentarán en sus últimas obras la transgresión, desdibujando sus figuras o dejando inacabadas sus obras. Tiziano y Giorgione someten su pintura religiosa a simbolismos que aún no han sido descifrados.

En España había pasado la moda manierista, especialmente en los pintores relacionados con El Escorial. Cuando llegó El Greco, el estilo ya estaba pasado de moda, y fracasó en la corte, aunque Felipe II pagó sus cuadros muy caros.

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