Seducción del paciente en terapia: cómo intervenir como terapeuta
Resumen
El texto analiza las actitudes seductoras de un paciente en psicoterapia, que pueden responder a un estilo de personalidad histriónico o a una forma de resistencia. Describe el malestar que suele sentir el terapeuta y propone intervenciones progresivamente más desafiantes, con un ejemplo de diálogo, para reencauzar la sesión y preservar los límites éticos.
Puntos clave
- La seducción del paciente puede deberse a un estilo de personalidad histriónico, marcado por una excesiva necesidad de gustar y agradar.
- La seducción también puede representar una modalidad de resistencia en el proceso terapéutico.
- El terapeuta suele experimentar irritabilidad, ansiedad, enojo o incomodidad, y puede sentirse tentado a violar los límites éticos.
- Ante una primera insinuación, a veces basta con responder al contenido del mensaje con cortesía para continuar la entrevista.
- Si la actitud persiste, se sugiere una intervención más directa que aborde lo que ocurre en la relación y establezca un acuerdo para seguir la sesión.
- Si el paciente usa la sesión para hablar del terapeuta y no del problema, puede interpretarse como una forma de evitar su conflicto.
Paciente Seductor
Las actitudes seductoras de los pacientes pueden tener su origen en un estilo de personalidad histriónico, cuyo rasgo habitual se caracteriza por una excesiva necesidad de gustar y agradar. Por lo tanto, esas manifestaciones en el ámbito de la terapia suelen estar al servicio de satisfacer esas tendencias. Por otro lado, la seducción puede representar una modalidad de resistencia.
En cualquiera de las situaciones planteadas, es común que el terapeuta experimente una sensación de irritabilidad, ansiedad, enojo e incomodidad, o también que se sienta tentado a violar los límites de la ética profesional, afectando negativamente su capacidad de maniobra durante el proceso de la psicoterapia.
Por ejemplo, un paciente puede decir a una terapeuta: “Le quiero confesar algo, no imaginaba encontrarme con una psicóloga tan joven y atractiva como usted, me siento gratamente sorprendido”. La terapeuta puede responder desde el contenido del mensaje, diciendo: “Muchas gracias, es usted muy amable”. A veces, esa intervención es suficiente para continuar con el proceso de la entrevista.
Pero también es posible que el paciente sostenga esa postura, agregando el siguiente comentario: “Disculpe, pero no puedo dejar de mirarla y de asombrarme por su encanto”. Frente a esa nueva situación, se sugiere que la terapeuta realice una intervención un poco más desafiante. Por ejemplo: “Me parece importante que, antes de continuar con la consulta, podamos dialogar acerca de lo que está sucediendo entre usted y yo, de modo tal que podamos establecer un acuerdo para poder seguir adelante con la sesión. En principio, y como psicóloga, considero conveniente hacerle saber que, si usted utiliza el tiempo de la entrevista para hablar de mí, seguramente las sesiones no servirán de nada, porque sencillamente, usted no solicitó el turno ni pagó para eso. Por lo tanto, me pregunto, en qué medida esto que le está sucediendo con respecto a mí será un impedimento para continuar con el desarrollo de la sesión, porque de ser así, considero, por lo que le acabo de expresar, que deberíamos detener aquí la entrevista. Pero si usted está de acuerdo, podemos intentarlo una vez más, aunque tengo la impresión, por lo que ha sucedido hasta ahora, que le va a resultar difícil concentrarse en su problema, por lo que estimo altamente probable que, si decidimos continuar, usted vuelva a expresar lo mismo. Entonces, si esto sucede, será para mí un indicador claro de que debemos suspender la entrevista”.
Si la terapeuta prefiere interpretar la seducción como una modalidad de resistencia, entonces podrá expresar, por ejemplo: “Usted prefiere hablar de mí para no tener que ocuparse de su problema”.
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PDF Word HTMLPreguntas frecuentes
¿Qué puede estar detrás de la seducción de un paciente hacia su terapeuta?
Según el texto, puede originarse en un estilo de personalidad histriónico, con una necesidad excesiva de gustar y agradar. También puede ser una modalidad de resistencia al proceso terapéutico.
¿Qué puede hacer el terapeuta si el paciente insiste con comentarios de seducción?
Se sugiere una intervención más desafiante: dialogar sobre lo que sucede en la relación, establecer un acuerdo para seguir con la sesión y, si la conducta se repite, suspender la entrevista.
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