El tema de España en Castilla

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España en “Castilla“

Las ideas de Azorín sobre España como noventayochista son las mismas
que las de los demás autores de su generación es decir son regeneracionistas.
Ataca la tradición y después hace un esfuerzo por comprender y valorar el pasado
nacional a través del pueblo, las viejas ciudades, el paisaje y la vida cotidiana.
Azorín cree que el pasado y el presente están unidos, que hay una continuidad.
Al igual que sus compañeros de generación, Azorín comienza a plantearse
el problema de España preguntándose por las causas de su decadencia. Destacan
las guerras, la conquista de América, que tuvo como consecuencia el abandono de
la agricultura y la industria, y la expulsión de los moriscos. También alude a la
teoría intelectualista, según la cual el origen de la decadencia española estaba en
no haberse incorporado al movimiento intelectual que se produjo en Europa. La
idea la toma de Larra y la hace suya, "El problema de España es un problema de
coherencias".
Azorín parece cambiar de opinión respecto a esta idea como se ve en un
artículo del ABC, Colección de farsante el 12 de septiembre de 1909. Aquí él
parece actuar como defensor de España y enemigo del resto de Europa, lo que
podría haber sido provocado por los ataques extranjeros a la política española de
la época.
Esta postura en contra de Europa de Azorín también podría ser debida a
una reacción por las protestas internacionales en torno a la Semana Trágica de
1919 y a la ejecución del anarquista Ferrer. Su postura se manifiesta como una
defensa de los valores espirituales de la cultura española al igual que defiende
Unamuno, líder espiritual del movimiento noventayochista.
Según José Martínez Ruiz, España no puede dejar de ser lo que es:
"Es decir, que España como los demás países tiene una tradición, un arte,
un paisaje, una "raza" suyos, y que a vigorizar, a hacer fuertes, a continuar todos
estos rasgos suyos, peculiares, es a lo que debe tender todo el esfuerzo del artista
y del gobernante".
Pero esa actitud no se mantiene ya que Azorín siempre defenderá la
tradición como
"Un lazo sutil que nos una a Europa".
Azorín afirma que no es hacia Europa donde hay que mirar, sino que se
debe examinar la realidad española: "El progreso estriba en la continuidad
nacional, no en su rompimiento brusco y absurdo. La continuidad nacional se logra
creando una conciencia de nuestro ser".
La realidad dura y trágica de la vida del labriego español, del artesano, del
pequeño propietario de los pueblos marca el retraso español frente a Europa.
Según Azorín ni el gobernante ni la prensa saben cómo viven los españoles. Habla
de los grandes espacios sin cultivar, de los latifundios en manos de unos pocos,
del hambre de las familias campesinas y de sus vidas miserables. Azorín atribuye
todos estos males de España al poder de la oligarquía y a la inconsciencia e
ineficacia de la administración del gobierno y de las Cortes.
En los ensayos o artículos que componen “Castilla”, Azorín intenta dar su
punto de vista sobre los problemas de España para hacer despertar a los
españoles, criticando la despreocupación y la indiferencia en la que vive el país:
"…ondas destartaladas, hidalgos que no hacen nada, clérigos, abogados -
muchos abogados- que todo lo sutilizan, enredan y confunden." - Artículo “El Mar”
Azorín insiste en el problema de la decadencia de Castilla (imagen y
esencia de toda España) cuyo deterioro se debe a las guerras, a la falta de
fomento de la agricultura, al abandono de la industria y el comercio así como la
mala administración de los políticos.
En artículos como “El mar”,”Los ferrocarriles” y “Una ciudad y un balcón”
analiza la sociedad española desde la perspectiva histórica, estudia las ideas sobre
la decadencia de España (a la que compara con Europa o con lugares más
desarrollados) y señala la necesidad de una reforma agraria y llega a la conclusión
de que la reconstrucción de España tiene que acabar con la política explotadora y
parasitaria. Junto a la reconstrucción económica debe existir también una
regeneración de la cultura ética y espiritual.
Azorín culpa al gobierno por la situación crítica en que están inmersos los
labradores, artesanos o pequeños propietarios de los pueblos de España. Sus
viajes le dan un conocimiento detallado de esta lamentable situación que critica en
varias obras como en “La voluntad”, “Antonio Azorín” y “La Andalucía”.
Especialmente trágica para él es la decadencia de Castilla, núcleo del origen de la
nación española como hemos dicho antes:
“(...) Ahora, para nosotros, hombres del sigo XX, se presenta el problema
de restaurar la vida de esa parte de España, la más gloriosa, aquella a la que
debemos nuestro espíritu. “
Azorín afirma que otra de las causas de la decadencia castellana y española
en general sería la falta de curiosidad intelectual:
"... Causa de la decadencia de España han sido las guerras, la aversión al
trabajo, el abandono de la tierra, la falta de curiosidad intelectual; (...) La falta de
curiosidad intelectual es la nota dominante en le España presente. ¿Cómo
haremos para que interese un libro, un cuadro, un paisaje, una doctrina estética,
una manifestación nueva del pensamiento? Reposa el cerebro español como este
campo seco y este pueblo grisáceo. No saldrá España de su marasmo secular
mientras no haya millares y millares de hombres ávidos de conocer y
comprender.” - Epílogo de “Castilla”
Propone una solución para la regeneración de España que sería la
búsqueda de nuestro espíritu a través de los clásicos. En “Castilla” pero también
en “Los pueblos” o “La ruta de don Quijote” es en donde Azorín trata de buscar, a
través de la historia, la esencia de España, sus problemas y sus males.

Azorín coincide de nuevo con Unamuno en su interés por los aspectos
cotidianos, escondidos y profundos del pasado.
"Los grandes hechos -dijo- son una cosa y los menudos hechos son otra
cosa. Se historia los primeros. Se desdeña los segundos. Y los segundos forman la
sutil trama de la vida cotidiana.”
Azorín, desilusionado por la falta de estructura y la falta de competencia de
los políticos españoles se irá apartando del periodismo político (lo que marcará el
final de una de sus etapas como escritor) para entrar en una época de reflexiones
literarias.

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