El Trabajo como Eje de la Ciudadanía: De Sieyès a Rousseau

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El pensamiento revolucionario francés: Sieyès y el trabajo como núcleo de la ciudadanía

En plena Revolución Francesa, Emmanuel-Joseph Sieyès planteó un nuevo orden político y social en el que el trabajo se convertía en el núcleo de la ciudadanía. En su obra ¿Qué es el Tercer Estado? (1789), sostuvo que la nación debía edificarse sobre quienes, mediante sus distintos oficios, producían riqueza y sostenían a la comunidad: campesinos, burgueses y trabajadores en general.

Para Sieyès, todos los que trabajan son iguales por naturaleza, viven y se rigen bajo las mismas leyes y reciben retribución conforme a ellas; de este modo, constituyen la verdadera nación. Frente a ellos, la nobleza quedaba excluida de la ciudadanía por ser un grupo ocioso y privilegiado, sin función productiva.

Su pensamiento supuso una ruptura con el Antiguo Régimen al situar el trabajo no solo como fuente de riqueza, sino como fundamento de la igualdad política y social. Esta concepción influyó en la construcción de la comunidad liberal moderna y tuvo gran proyección en movimientos posteriores, en especial el socialismo, que reivindicaría el derecho al trabajo en términos similares. Rousseau continuó también este camino, relacionando trabajo, igualdad y ciudadanía como base de la vida en común.

Jean-Jacques Rousseau: la doble concepción del trabajo

Rousseau dirigió buena parte de su pensamiento contra el orden liberal burgués que se pretendía instaurar en el siglo XVIII. En su reflexión, el trabajo aparece cuando los hombres abandonan el estado de naturaleza y surge la necesidad de cooperación.

Desde esta perspectiva, el trabajo es concebido como el origen de la sociedad humana, al igual que después sostendrían Marx y los socialistas, aunque Rousseau lo relaciona con una forma de propiedad distinta a la burguesa: la de las pequeñas comunidades de hombres libres. En este primer momento, el trabajo no alteraba la libertad, ya que era individual y permitía una vida sana y feliz.

Sin embargo, cuando los individuos empezaron a compararse entre sí, nació la desigualdad, y el trabajo se transformó en un instrumento de sometimiento y servidumbre. En Rousseau aparece, por tanto, una doble concepción del trabajo:

  • Como creador de la sociedad: base de la cooperación humana.
  • Como causa de esclavización: derivado de la desigualdad y la comparación social.

Esta visión ambivalente tuvo gran influencia en el pensamiento posterior, especialmente en las corrientes socialistas y en Marx.

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