Efectos Nocivos de las Emisiones de Combustión: Monóxido, Hidrocarburos y Plomo
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Impacto de los Contaminantes en la Salud y el Entorno
Monóxido de Carbono (CO)
El monóxido de carbono, en concentraciones altas y tiempos largos de exposición, puede afectar en la sangre a la hemoglobina, molécula encargada de transportar el oxígeno desde los pulmones a las células. Concentraciones superiores de CO al 0,3 % en volumen resultan mortales. La falta de oxígeno en la combustión hace que esta no se produzca completamente y se forme monóxido de carbono en lugar de dióxido de carbono. La aparición de mayores concentraciones de CO en el escape indica la existencia de una mezcla inicial rica o falta de oxígeno.
Hidrocarburos (HC)
Los hidrocarburos, dependiendo de su estructura molecular, presentan diferentes efectos nocivos. El benceno, por ejemplo, es venenoso por sí mismo, y la exposición a este gas provoca irritaciones de piel, ojos y conductos respiratorios; si el nivel es muy alto, provocará depresiones, mareos, dolores de cabeza y náuseas. El benceno es uno de los múltiples causantes de cáncer. Su presencia se debe a los componentes incombustibles de la mezcla o a las reacciones intermedias del proceso de combustión, las cuales son también responsables de la producción de aldehídos y fenoles. La presencia simultánea de hidrocarburos, óxidos de nitrógeno, rayos ultravioleta y la estratificación atmosférica conduce a la formación del smog fotoquímico, de consecuencias muy graves para la salud de los seres vivos.
Óxidos de Nitrógeno (NOx)
Los óxidos de nitrógeno no solo irritan la mucosa, sino que, en combinación con los hidrocarburos contenidos en el smog y con la humedad del aire, producen ácidos nitrosos, que posteriormente caen sobre la tierra en forma de lluvia ácida y contaminan grandes áreas, algunas veces situadas a cientos de kilómetros del lugar de origen de la contaminación.
El Plomo (Pb)
El plomo es el metal más peligroso contenido en los aditivos del combustible. Inhalado puede provocar la formación de coágulos o trombos en la sangre, de gravísimas consecuencias patológicas. Se encuentra presente en las gasolinas en forma de tetraetilo de plomo y se utiliza en su producción para elevar su índice de octano y, también, en motorizaciones antiguas como lubricante de los asientos de válvulas. En las gasolinas sin plomo se ha sustituido este metal por otros componentes menos contaminantes que también proporcionan un alto índice de octano.