Dualismo Cartesiano: La Res Infinita y la Res Extensa en la Filosofía de Descartes
Enviado por Chuletator online y clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 4,77 KB
La Res Infinita: Dios como Sustancia Perfecta
En segundo lugar, tenemos la res infinita, la cual es Dios, que se identifica con la idea innata de perfección-infinito. Es una idea innata ya que es propia de la razón y no proviene de la experiencia sensible; por ello, no podría ser adventicia, y tampoco es facticia, ya que no se puede crear la idea de infinito a partir de la de finito negando los límites: es la de finito la que presupone la de infinito.
Tras demostrar la existencia de esta sustancia mediante la teoría de la realidad objetiva de las ideas, también se demuestra que es la causa de mi ser y del mundo. Es causa de mi ser ya que esa idea está en mí y yo no poseo la perfección necesaria para ser su causa, por lo que no puedo ser causa de esa idea y tampoco de mi ser; Dios la debe haber puesto en mí y me debe haber creado.
La Veracidad Divina y la Existencia del Mundo
Por otro lado, una vez aceptada su existencia y su naturaleza como suma de todas las perfecciones, se deduce que es un ser bueno y veraz, por lo que se rechaza la hipótesis del genio maligno. Además, Dios no permitiría que yo viviera engañado al creer que el mundo existe, por lo que el mundo existe.
Retomando su teoría de la realidad objetiva de las ideas, si tengo ideas de objetos extramentales, su causa debe ser distinta de mí mismo y debe ser proporcional en realidad a esa idea, por lo que debe ser un cuerpo. Además, si yo siento una fuerte inclinación a creer que las ideas de cosas del mundo han sido creadas por objetos extramentales, y Dios, que me da esa inclinación, me estuviera engañando, caería en contradicción; por lo tanto, las cosas corpóreas existen.
Dios como Criterio de Verdad
Finalmente, para acabar con la res infinita, se debe saber que Dios es el criterio de verdad y de la infalibilidad de las ideas. Como es un ser bueno y veraz, no puede permitir que yo me engañe; además, es autor de todo lo que existe, por lo que si algo se me presenta como claro y distinto es que ciertamente lo es. De la perfección de Dios se induce el verdadero conocimiento; de Él no puede proceder error o engaño y no permitiría que yo viviera engañado.
Una crítica que tuvo este hecho es su circularidad, ya que no es coherente que se parta de una idea clara y distinta para demostrar más tarde que realmente sí que lo era.
La Res Extensa: El Mundo Físico y el Mecanicismo
En tercer lugar, tenemos la res extensa, la cual se identifica con las cosas corpóreas del mundo, que ya sabemos que existen gracias a la demostración de la existencia de Dios. Lo único que tiene realidad objetiva en estas cosas es lo que percibimos con claridad y distinción, y estas características solo las tienen las cualidades primarias.
Estas cualidades presentan las siguientes características:
- Se pueden medir matemáticamente.
- Existen independientemente del sujeto.
- Gracias a ellas podemos alcanzar la verdad de las cosas y las leyes de la física y del movimiento desde una perspectiva mecanicista de la naturaleza.
La Naturaleza como Máquina
Descartes defiende que los fenómenos de la naturaleza se explican a través de la combinación de movimientos de cuerpos en el espacio. La naturaleza se entiende como una máquina precisa en la que los movimientos son una respuesta automática a otros movimientos que se van transmitiendo de cuerpo en cuerpo. Se entiende como una máquina de relojería: Dios ha creado la materia inerte y la ha puesto en funcionamiento de forma constante e inalterable; ya no ha vuelto a intervenir, por lo que todo sigue ahora esas pautas.
La materia extensa sería única y divisible infinitamente, ya que da lugar a todos los materiales que existen. Además, no existe el vacío, ya que este se llena por las limaduras sutiles que generan los roces entre cuerpos; además, el movimiento necesariamente se transmite porque hablamos de una física de cantidad y de movimiento espacial.
El Ser Humano y el Problema de la Libertad
Los animales, las plantas y el cuerpo humano serían también entendidos como máquinas que se rigen por las leyes universales de la física. Esto da lugar al problema de la libertad en el ser humano, ya que plantea una interrogante fundamental: ¿cómo es posible la libertad si el hombre, en su dimensión física, se comporta como una máquina de relojería?