La Dualidad de Kant: Fenómeno y Noúmeno en la Estética Trascendental

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La Distinción entre Fenómeno y Noúmeno

La distinción entre fenómeno y noúmeno (o cosa en sí) se diferencia siempre dentro de la Estética Trascendental; es decir, dentro de la fase de formación de la experiencia por su toque de trascendentalidad. Vendría a ser como la cara oculta del fenómeno: el fenómeno es lo condicionado, mientras que la cosa en sí es lo incondicionado.

El fenómeno es la cosa en sí configurada espaciotemporalmente, es decir, sometida a las condiciones humanas que hacen posible la percepción sensible de algo, mientras que la cosa en sí es lo que ella misma es, sin ninguna condición y sin que nosotros sepamos lo que es.

El Noúmeno en el Plano del Entendimiento

El noúmeno, también incondicionado, se contrapone al fenómeno pero en el plano del entendimiento, cuando la facultad de pensar se ocupa de algo totalmente trascendente y formado en la intuición sensible. El fenómeno es trascendental, mientras que el noúmeno y la cosa en sí son trascendentes.

Diferenciación entre Noúmeno Negativo y Noúmeno Positivo

Pero Kant no se detiene ahí y hace una nueva propuesta: la diferenciación entre noúmeno negativo y noúmeno positivo. Kant argumenta de la siguiente manera: si se hace una distinción en las intuiciones y se reconoce que, junto a las intuiciones sensibles, hay otras que no lo son, estas últimas son meramente emocionales y se las puede calificar de intuiciones no sensibles.

Estas intuiciones no sensibles generan un nivel de percepción e ideas diferente al conocimiento científico, por lo que podemos considerar al noúmeno en un sentido positivo y definirlo como lo que es objeto de la intuición no sensible. Lo que no sirve para la formación del conocimiento por no ser trascendental sirve, sin embargo, para otras áreas de la vida humana en las que predominan los valores, cuya guía son los sentimientos.

Impacto en la Filosofía de los Siglos XIX y XX

Finalmente, esta acepción positiva del noúmeno abre una nueva puerta a la filosofía y permite su continuidad a lo largo de los siglos XIX y XX, que llega hasta nuestros días, aunque con planteamientos distintos al de la ciencia y, por supuesto, bajo una metodología radicalmente distinta donde no son necesarias pruebas ni demostraciones de lo que se afirma, siempre y cuando no entre en contradicciones lógicas.

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