Don Quijote de la Mancha: Capítulos 1 al 10 — Resumen y Estudio de la Obra de Cervantes
Enviado por Comunidad Xuletas y clasificado en Lengua y literatura
Escrito el en
español con un tamaño de 19,62 KB
Capítulo 1
En este primer capítulo, el autor nos quiere explicar las razones y motivos por los cuales el personaje llamado hidalgo Quijada decide adquirir la personalidad de caballero, dejando paso a aquella persona pacífica y típica del pueblo y convirtiéndose así en un hombre aventurero y con grandes ganas de luchar.
Bien, como es sabido, nuestro valeroso personaje, el hidalgo Quijada, era un personaje que vivía en un pueblo llamado La Mancha, en el cual don Quijano era muy conocido por todos en el pueblo por su gran afición a los libros de caballerías, mérito que le ganó el aprecio de las personas más cercanas a él, como lo eran el cura del pueblo, el barbero, su sobrina y su ama.
Don Quijote, sin darse cuenta, poco a poco se fue sumergiendo en estos mundos mágicos y llenos de aventuras que le proporcionaban los libros que leía, hasta que cierto día, de tanto leer estos libros, su cerebro se secó, y quedó sumergido en un mundo de aventuras y fantasías, y decidió hacer lo mismo que habían hecho los caballeros que en sus libros aparecían, y tomó la decisión de volverse caballero andante.
Para ello, se hizo con una armadura vieja y ruin que tenía en lo oculto de su hogar, también se hizo con una espada y una lanza, la cual fabricó con un trozo de madera al cual le introdujo una barra de hierro, para que fuese resistente. También decidió cambiarse el nombre, ya que en todos sus libros, sus caballeros llevaban delante de su nombre el nombre del pueblo o provincia de donde eran. Por tal motivo, nuestro personaje decidió cambiarse el nombre a don Quijote de La Mancha, en honor a su pueblo. Por último, decidió buscar a su Dulcinea, tal y como se lo ponían en los libros que había leído, y se hizo «doncella» a la vecina suya, y la nombró Dulcinea del Toboso, pues este era el pueblo donde había nacido su doncella.
Capítulo 2
En este segundo capítulo, don Quijote de La Mancha emprendió su gran viaje en busca de aventuras y retos. Así pues, llevó a cabo subirse a su caballo viejo y emprender el largo viaje. No llevaba rumbo fijo, ya que los caballeros andantes que en sus libros había leído tampoco lo hacían; por tal motivo, tomó el camino que primero tomó su caballo. Anduvo durante mucho tiempo, y cayida la vez la noche decidió quedarse en la granja que vio. A sus ojos era un gran castillo.
Al acercarse cautelosamente hacia el castillo, miró hacia sus ventanas y vio a dos señoras, que eran dos bellas doncellas que se encontraban hablando entre ellas. Recapacitó lo leído en sus libros y pensó que sus aventuras no tendrían sentido si no eran ordenadas por alguna caballería, y decidió hablar con el supuesto caballero de este castillo.
Capítulo 3
En este tercer capítulo, don Quijote de La Mancha decidió esperar fuera del supuesto castillo para hablar con el caballero que allí vivía. Esperó durante un corto lapso de tiempo, pero nadie salió a recibirlo, por lo que decidió entrar al castillo. A medida que se iba acercando, las doncellas que allí habitaban lo vieron y, asustadas al ver a un hombre en la oscuridad y armado con espada y lanza, decidieron correr. Al ver esto, don Quijote reaccionó, bajó su lanza e hizo señales de paz.
Después de ver esto, se les abrieron las puertas y lo invitaron a seguir, le dieron de comer, y apareció el ventero de este establecimiento, al cual vio don Quijote como un caballero. Al verlo salir, don Quijote se fue detrás suyo, y al estar a fuera los dos, don Quijote se inclinó ante el ventero, le pidió que lo bendijera y que le diera el honor de convertirse en caballero. Al ver esto, el ventero, asustado pero a la vez impactado, decidió aceptarlo y le dijo que un caballero andante debía tener dinero, camisas limpias y un armero. Dicho esto, le concedió el honor a don Quijote de ser su caballero de este castillo.
Luego se fue hacia adentro, y don Quijote se dirigió hacia un pozo en el cual yacían sus armas, y empezó a rondarlas y cuidar de ellas. Al ver lo que hacía don Quijote, los que adentro estaban salieron, pero al intentar acercarse les respondió a golpes y derribó a dos arrieros, y los demás empezaron a lanzarle piedras. Al recordar el ventero lo que había pedido don Quijote, les dijo que lo dejasen, que estaba loco, y luego lo hizo pasar. Don Quijote, dirigiéndose a las dos damas, les dijo que en su honor se colocasen las «doñas» en honor a su nombre, y así fue, y las damas aceptaron llamarse doña Tolosa y doña Molinera. Después de esto, don Quijote partió de este hostal, y el ventero no decidió cobrarle nada, ya que se apenaba de su locura.
Capítulo 4
Este capítulo cuenta lo que le sucedió a don Quijote después de haber salido de la venta. Al haber salido tan alegre y contento por lo sucedido y por lo dicho, mientras iba pensando lo que le había dicho el ventero acerca de un armero, dinero y ropa, cruzaba por el bosque cuando escuchó una voz suave y joven que se quejaba, y decidió ir a investigar. Al llegar al lugar de los sucesos vio a un joven atado y a su amo dándole latigazos. Al ver esto, don Quijote se sintió mal y le dijo al señor que no castigase más al joven y que lo desatase, ya que de lo contrario se enfrentaría a él.
Asustado, el señor desató a su criado y marchándose don Quijote, el amo trotó bien tras su criado, y al verlo que se iba lo volvió a atar y lo siguió castigando. Don Quijote, incrédulo, se fue feliz de haber ayudado al joven.
Cuando seguía su camino, vio a una carroza de mercaderes, la cual se imaginó que era de unos vizcaínos, y se decidió a embestir sobre ellos. Con tan mala suerte que, cuando iba a llegar, su caballo tropezó con una piedra y salió rodando cuesta abajo, quedando malherido y sin poder levantarse.
Capítulo 5
En este quinto capítulo, después de yacer tendido, don Quijote se acercó uno de los vasallos de los mercaderes bajos, que le rompió la lanza en las costillas de don Quijote dejándolo malherido. Luego, al irse los mercaderes, intentó levantarse y no pudo, pero recordó unas palabras de uno de los libros leídos y empezó a arrastrarse hacia el camino. Luego pasó por allí un vecino suyo, que al verlo lo reconoció y lo llevó de vuelta al pueblo.
Mientras iban en camino hacia el pueblo, don Quijote seguía diciendo gran cantidad de barbaridades recordadas en sus libros leídos, y ya el vecino, que estaba cansado de oír tantas locuras, gritó entonces que su vecino hidalgo Quijada estaba loco. Al llegar al pueblo, se encontraron con su sobrina, que le contó lo sucedido al cura, al barbero y al licenciado, y les dijo que su tío estaba así a causa de los libros de caballerías que había leído. Ellos decidieron deshacerse de todos los ejemplares que encontraran, y el cura decía que estaban malditos y que era mejor destruirlos antes de que otra persona resultara perjudicada.
Capítulo 6
En este sexto capítulo, don Quijote yacía dormido en su cama recuperándose de las heridas y golpes causados por su último combate. Mientras dormía, su sobrina, el cura, el barbero y el licenciado entraron en la casa de don Quijote de La Mancha para ir a investigar la habitación donde se encontraban los libros endemoniados. Al entrar en la habitación miraron la gran variedad de estos ejemplares, que llegaban a unos cien, así que empezaron la ardua tarea de seleccionar los libros, y uno a uno fueron lanzándolos al corral para ser quemados. Solo unos pocos ejemplares lograron salvarse, porque su contenido histórico era muy valioso y también por los grandes escritores de los que procedían.
Pasadas unas horas, ya habían acabado con casi todos los libros, pero sucedió que don Quijote empezó a despertarse, y tuvieron que parar con dicha labor.
Capítulo 7
En este séptimo capítulo, su sobrina y todos aquellos que en la habitación de los libros se encontraban empezaron a oír la voz de don Quijote, y tuvieron que parar lo que estaban haciendo y acudir a saludar a don Quijote para no levantar sospecha alguna. Al verlo, se encontraba como siempre, dando aspadazos a los pardos y seguía diciendo las mismas frases que en sus libros había leído. Luego se marcharon el barbero, el cura y el licenciado, y don Quijote se quedó en su casa tan tranquilo y sumergido en su mundo de fantasías como siempre.
Pasados algunos días, don Quijote decidió hacer lo que el ventero le había dicho, y decidió vender y empeñar algunas de sus cosas para reunir dinero. Luego decidió buscar un escudero y buscó a un vecino suyo muy humilde llamado Sancho Panza, el cual era muy pobre. Aceptó ser su acompañante a cambio de que las tierras que don Quijote conquistara pasaran a ser suyas, ya que era muy pobre. Aunque dudaba mucho de estas promesas de don Quijote, mantenía su esperanza y firme palabra de acompañarlo en sus aventuras.
Capítulo 8
En este octavo capítulo, don Quijote y Sancho Panza decidieron abandonar el pueblo sin que nadie los viese y emprendieron su largo recorrido lleno de aventuras y combates. Cuando iban pasando por un largo campo lleno de molinos, que don Quijote imaginaba que eran grandes gigantes, se decidió a combatir con ellos y se fue embistiendo al molino. Su compañero de viaje, Sancho Panza, le decía que eran molinos de viento y que no eran ningún gigante, pero don Quijote hizo caso omiso a las palabras de su compañero y, decidido a embestir a su gigante, las grandes aspas del molino lo lanzaron al suelo. Estando en el suelo, allí reaccionó y dijo que un viejo enemigo suyo había convertido al gigante en molino.
Se levantó luego don Quijote y prosiguió su camino con su compañero Sancho Panza. Pero al haber recorrido un corto trayecto, vio a una caravana que iba compuesta por dos sacerdotes, una carroza y dos armeros. E imaginando don Quijote que eran los vándalos que habían asustado a dos doncellas, embistió a los sacerdotes con su lanza, con tan buena suerte para el sacerdote que se cayó de su burro. Luego se dirigió don Quijote hacia la carroza y les habló a las dos señoritas que allí se encontraban; les dijo que no se preocupasen, que ya estaban a salvo y que su libertador era don Quijote de La Mancha, y que en agradecimiento por esto debían ir adonde su Dulcinea y decirle que habían sido liberadas por él.
Uno de sus armeros, enfadado por la inoportuna intervención de don Quijote, se dirigió a él, que se fuese y le dejase seguir su camino. Enfadado, don Quijote lo retó a un duelo de dos caballeros, y el armero, confuso, aceptó, y se batieron en duelo.
Capítulo 9
En este noveno capítulo se nos cuenta el desenvolvimiento de la batalla entre el armero, que era vizcaíno, y don Quijote, que estaban a punto de chocar sus espadas. Pero al acercarse, don Quijote se hirió en el brazo y, lleno de mucha ira y valentía, recordando lo dicho en sus libros, cobró coraje y se volvió a embestir sobre el vizcaíno, que tenía como escudo una almohada. Con gran furia, don Quijote embistió sobre él y le golpeó con tal fuerza que derribó al vizcaíno de su mula, dejándolo inconsciente y lleno de sangre. Inmediatamente se bajó don Quijote de su caballo, le colocó su espada en el cuello y le dijo que se rindiese. Pero en ese instante, una de las señoras que se encontraban en la carroza le suplicó que le perdonase la vida a su armero, y don Quijote aceptó con la condición de que fuese a donde su Dulcinea y dijese que iba en nombre del grandioso don Quijote de La Mancha y que lo había derrotado a él. La señora, un poco confusa, aceptó el trato aunque no sabía de qué hablaba. Contento don Quijote por haber conseguido la victoria, siguió su camino con su compañero Sancho Panza.
Capítulo 10
En este capítulo, tras la batalla con el vizcaíno, don Quijote y Sancho decidieron reanudar su camino. Sancho, pensando que don Quijote había ganado algo después de esa batalla, le preguntó por la ínsula que le había prometido, y don Quijote dijo que el pobre vizcaíno no era un hombre del que se pudiera obtener dinero.
Por el camino, Sancho decidió curarle la oreja a don Quijote, y habló de un bálsamo que le recuperaría instantáneamente.
Mientras tanto, estaban pensando dónde podían dormir esa noche, ya que en la iglesia no podían dormir porque habían agraviado a unos monjes. Por el camino decidieron cenar, y Sancho sacó cebolla, pan y queso. Al no encontrar un lugar donde dormir, decidieron dormir cerca de unas majadas de pastores, al aire libre.
Capítulo 6
En este sexto capítulo, don Quijote yacía dormido en su cama recuperándose de las heridas y golpes causados por su último combate. Mientras dormía, su sobrina, el cura, el barbero y el licenciado entraron en la casa de don Quijote de La Mancha para ir a investigar la habitación donde se encontraban los libros endemoniados. Al entrar en ella miraron la gran variedad de estos ejemplares, que llegaban a unos cien, así que empezaron la ardua tarea de seleccionar los libros, y uno a uno fueron lanzándolos al corral para ser quemados. Solo unos pocos ejemplares lograron salvarse, porque su contenido histórico era muy valioso y también por los grandes escritores de los que procedían.
Pasadas unas horas, ya habían acabado con casi todos los libros, pero sucedió que don Quijote empezó a despertarse, y tuvieron que parar con dicha labor.
Capítulo 7
En este séptimo capítulo, su sobrina y todos aquellos que estaban en la habitación de los libros empezaron a oír la voz de don Quijote, y tuvieron que dejar lo que estaban haciendo y acudir a saludarlo para no levantar sospecha alguna. Lo encontraron como siempre, dando mandobles a los gigantes imaginarios y repitiendo las mismas frases que había leído en sus libros. Luego se marcharon el barbero, el cura y el licenciado, y don Quijote se quedó en su casa tan tranquilo y sumergido en su mundo de fantasías como siempre.
Pasados algunos días, don Quijote decidió hacer lo que el ventero le había dicho: vendió y empeñó algunas de sus cosas para reunir dinero. Luego decidió buscar un escudero y eligió a un vecino suyo muy humilde llamado Sancho Panza, que era muy pobre. Aceptó ser su acompañante a cambio de que las tierras que don Quijote conquistara pasaran a ser suyas. Aunque dudaba mucho de estas promesas, mantenía su esperanza y firme palabra de acompañarlo en sus aventuras.
Capítulo 8
En este octavo capítulo, don Quijote y Sancho Panza decidieron abandonar el pueblo sin que nadie los viese y emprendieron su largo recorrido lleno de aventuras y combates. Cuando pasaban por un extenso campo lleno de molinos, que don Quijote imaginaba que eran gigantes, se decidió a combatir contra ellos y arremetió contra uno de los molinos. Su compañero Sancho le decía que eran molinos de viento y no gigantes, pero don Quijote hizo caso omiso a sus palabras y, decidido a embestir a su gigante, las grandes aspas del molino lo lanzaron al suelo. Estando en el suelo, reaccionó y dijo que un viejo enemigo suyo había convertido al gigante en molino.
Se levantó y prosiguió su camino con Sancho. Al poco trecho, vio una caravana compuesta por dos sacerdotes, una carroza y dos arrieros. Imaginando que eran los vándalos que habían secuestrado a dos doncellas, embistió a los sacerdotes con su lanza, con tan buena suerte para el sacerdote que se cayó de su burro. Luego se dirigió hacia la carroza y les habló a las dos señoritas que allí se encontraban: les dijo que no se preocupasen, que ya estaban a salvo, que su libertador era don Quijote de La Mancha y que, en agradecimiento, debían ir adonde su Dulcinea y decirle que habían sido liberadas por él.
Uno de sus arrieros, enfadado por la inoportuna intervención de don Quijote, le pidió que se fuese y le dejara seguir su camino. Don Quijote, enfurecido, lo retó a un duelo, y el arriero, confuso, aceptó, y se batieron.
Capítulo 9
En este noveno capítulo se nos cuenta el desarrollo de la batalla entre el arriero, que era vizcaíno, y don Quijote, que estaban a punto de chocar sus espadas. Pero al acercarse, don Quijote se hirió en el brazo y, lleno de ira y valentía, recordando lo leído en sus libros, cobró coraje y volvió a arremeter contra el vizcaíno, que tenía como escudo una almohada. Con gran furia, don Quijote lo golpeó con tal fuerza que lo derribó de su mula, dejándolo inconsciente y cubierto de sangre. Inmediatamente se bajó de su caballo, le puso la espada en el cuello y le exigió que se rindiera. Pero en ese instante, una de las señoras que se encontraban en la carroza le suplicó que perdonase la vida de su arriero, y don Quijote aceptó con la condición de que fuese adonde su Dulcinea y dijese que iba en nombre del grandioso don Quijote de La Mancha y que lo había derrotado. La señora, un poco confusa, aceptó el trato aunque no sabía de qué hablaba. Contento por haber conseguido la victoria, don Quijote siguió su camino con Sancho Panza.
Capítulo 10
Tras la batalla con el vizcaíno, don Quijote y Sancho decidieron reanudar su camino. Sancho, pensando que su amo había ganado algo tras aquella batalla, le preguntó por la ínsula que le había prometido, y don Quijote respondió que el pobre vizcaíno no era un hombre del que se pudiera obtener dinero.
Por el camino, Sancho decidió curarle la oreja a don Quijote, y habló de un bálsamo que lo recuperaría al instante.
Mientras tanto, pensaban dónde podrían dormir aquella noche, ya que en la iglesia no podían hacerlo porque habían agraviado a unos monjes. Por el camino decidieron cenar, y Sancho sacó cebolla, pan y queso. Al no encontrar un lugar donde dormir, resolvieron pasar la noche cerca de unos apriscos de pastores, al aire libre.