Dilemas de la verdad: escepticismo, relativismo y derechos humanos
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Las objeciones contra la verdad
El problema de la verdad
El asunto de la verdad no es fácil de tratar, ya que es causa de discusiones y divisiones. La verdad puede llevar al ser humano a cometer actos tanto buenos como malos (crímenes, injusticias…).
La verdad no es un asunto que pueda darse por resuelto ni asumirse con tranquilidad. Además, el problema se agrava cuando intentamos llevarla a la práctica. ¿Acaso no sería más fácil vivir en un mundo donde la verdad no existiera, que no impusiera ninguna exigencia a la conciencia humana? Esto nos conduce al escepticismo y a la famosa pregunta pronunciada por Pilatos: «¿Qué es la verdad?», pregunta que tanto unos como otros nos hacemos a menudo.
La postura escéptica
La postura escéptica sostiene las siguientes afirmaciones:
- Lo que es verdad para unos, para otros no lo es.
- Toda verdad es opinión.
Con la primera idea se alude a la célebre expresión: «nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira». La segunda afirma que no hay verdad, sino solo apariencia de verdad. No existen verdades universales, ya que cada uno tendría la suya propia. Esto suele deberse a la desconfianza en las capacidades del conocimiento humano.
El escepticismo afirma que la verdad no está al alcance del ser humano. Sin embargo, el escepticismo total es difícil de mantener, pues quien sostiene esa doctrina actúa como si los demás comprendieran lo que dice y como si tuviera razones para afirmar: «no hay verdad alguna».
Duda, lenguaje y conocimiento
La verdad puede percibirse como relativa según la persona. Sin embargo, también es posible que el ser humano conozca las cosas tal y como son realmente. De hecho, la presencia de la duda nos remite a la verdad, a un lenguaje consistente y a la fijeza del significado lingüístico.
Relativismo de los valores
Pero, volviendo al relativismo, los valores también serían relativos: cada quien considera por bueno lo que estima conveniente para sí. Esto conduce a la pregunta de si existen valores de actuación comunes para todos.
Si aplicamos el escepticismo al ámbito de la razón práctica, la respuesta parecería negativa. No obstante, la persona se define también a partir de los derechos humanos y de la naturaleza humana, con el objetivo de alcanzar la verdad y el bien. De este modo, dichos principios funcionan como criterios prácticos que presiden la acción humana y son los criterios últimos de actuación. Sin embargo, cada ser humano adapta estos valores a su situación concreta.
Derechos humanos y certezas prácticas
En cuanto a los derechos humanos, son valores comunes para todos; no son algo negociable y dependen de lo que en realidad somos.
Al afirmar el relativismo de los valores se niega la existencia de una naturaleza humana común, pero las certezas del comportamiento práctico son espontáneas y no demostrables; a la hora de regir la conducta se presuponen ciertos bienes que están presentes en todo actuar.
Conclusión
El debate sobre la verdad confronta posiciones que van desde el escepticismo radical hasta la defensa de verdades y valores compartidos. Aunque la percepción de la verdad pueda variar entre individuos, la reflexión sobre derechos humanos, naturaleza humana y los criterios prácticos de la acción permite sostener fundamentos comunes para la convivencia y la ética.