De la Dictablanda al fin del reinado de Alfonso XIII
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El ocaso de la monarquía y el nacimiento de la Segunda República
El general Berenguer fue el encargado de sustituir al dictador, prometiendo el retorno a la normalidad constitucional consistente en: abrir las Cortes, aplicar la Constitución de 1876, poner en marcha los partidos y los sindicatos y convocar elecciones. La transición política resultó ser muy lenta y, por ello, la prensa la bautizó de forma jocosa como la dictablanda.
La organización de la oposición
La oposición comenzó a organizarse: republicanos, los catalanistas de izquierda y el PSOE acordaron la firma conjunta del Pacto de San Sebastián, por el que se comprometían a proporcionar una alternativa a la monarquía, constituyendo un comité revolucionario que debería convertirse en el gobierno provisional de la futura República.
En diciembre de 1930 se produjo un fallido intento de proclamación de la república en Jaca (la sublevación de Jaca), y sus dirigentes, los capitanes Galán y García Hernández, fueron fusilados. Este hecho desacreditó aún más a la monarquía y provocó un aumento de la tensión política. Por ejemplo, en el aeródromo de Madrid, Ramón Franco, hermano de Francisco Franco, lanzaba octavillas publicitarias a favor de la república.
El papel de los intelectuales
Mientras tanto, un grupo de intelectuales, encabezados por José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, crearon la Agrupación al Servicio de la República, con el objetivo de instar al resto de intelectuales a contribuir a la instauración de un régimen republicano que sustituyese a la monarquía.
El fin del reinado de Alfonso XIII
En febrero de 1931, el general Berenguer presentaba su dimisión y fue sustituido por un gobierno presidido por el almirante Aznar, que convocó elecciones municipales para el 12 de abril con el objetivo de sondear la opinión pública. Alfonso XIII se había comprometido excesivamente con la Dictadura y las elecciones municipales del 12 de abril se presentaron como un plebiscito sobre la monarquía.
A pesar de que las opciones monárquicas obtuvieron algunos concejales más, el triunfo aplastante en las zonas urbanas de las candidaturas republicanas y socialistas precipitó la abdicación del rey y la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. El mismo día, el rey abandonó el país para evitar el derramamiento de sangre. Por tanto, se cierra un ciclo de la Historia de España y comienza una nueva etapa.