Despertar Filosófico: La Extrañeza como Raíz del Conocimiento Humano

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El Saber Filosófico: Origen y Fundamentos

El Origen de la Actitud Filosófica: La Extrañeza

El comienzo de la filosofía no es solo histórico, como un hecho cultural, sino también profundamente personal. ¿Qué es la filosofía? ¿Por qué resulta tan radical y necesaria en la vida humana? ¿Y cómo puede defenderse la actitud filosófica en un mundo cambiante y multiforme como el nuestro? Son interrogantes que se han planteado desde el mismo momento en que el ser humano, consciente de su propia capacidad de pensar, comenzó a preguntarse por su misma naturaleza.

El ser humano tiene un deseo irreprimible de saber, pero ese deseo surge de un modo particular de mirar: de la extrañeza ante las cosas. El mundo, los objetos y las personas se nos presentan ante nuestros ojos y no nos pasan desapercibidos. Despiertan en nosotros la curiosidad, la admiración, la extrañeza, y de ahí es donde surge el deseo de saber y conocer mediante la razón. Por lo tanto, no es una mera contemplación admirada de lo que vemos, sino un movimiento real de búsqueda de respuestas, una insatisfacción ante la ignorancia, un ímpetu que nos mueve a pensar: a pensar de forma más profunda y crítica.

La Filosofía como Actitud

La actitud filosófica consiste, pues, en ese “vivir despierto”, en un constante inconformismo que nos lleva a plantear preguntas. Quien tiene actitud filosófica no se habitúa al mundo, porque ese ámbito en el que desarrolla su vida le produce una extrañeza tal, que la búsqueda de explicaciones y respuestas se convierte en la tarea de toda una vida. No puede vivir dormido, ocupado en el discurrir tranquilo del tiempo, sino en alerta, despierto y mirando en derredor en una continua situación de admiración.

Así, pues, esa actitud vital que es la actitud filosófica se distingue de la actitud natural, que es aquella que no se cuestiona y que se limita a desarrollar la vida respondiendo solo a la urgencia de la supervivencia. La actitud filosófica plantea interrogantes radicales y fundamentales, busca el sentido de la existencia y trasciende las dimensiones humanas pragmáticas, intentando alcanzar lo que está más allá. Lo cual, en ocasiones, obliga a recogerse en lo más íntimo y a mirar en el interior.

La Filosofía como Quehacer

Todos poseemos, en cierta medida, una actitud filosófica: los niños, con su insistente preguntar, están mostrando su interés por descubrir un mundo que les admira y asombra, que les produce extrañeza y que les interroga, manteniéndolos en un estado de alerta intelectual. Sin embargo, poco a poco vamos olvidando esa capacidad, tendemos a interpretar la admiración como ignorancia y dejamos de asombrarnos. Nos “dormimos” y nos instalamos en la actitud natural.