Desde la Prehistoria hasta los reinos visigodos

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TEMA 1. LAS RAICES, LA HISPANIA ROMANA.

1.
     
El proceso de hominización.
 

La prehistoria es el período más  antiguo de la historia y su estudio abarca desde el origen del hombre hasta la aparición de la escritura.

En los últimos tiempos se ha avanzado de forma considerable en el conocimiento de este largo y oscuro período. La extensión de los estudios arqueológicos y los adelantos científicos que permiten un sistema de datación mucho más seguro explican estos avances. Uno de los grandes temas de investigación y debate es el proceso de hominización. Para tratar de conocer este proceso, los prehistoriadotes y arqueólogos estudian la evolución de los restos fósiles humanos y los instrumentos y restos que aparecen a ellos asociados.

Dentro de la Prehistoria podemos hacer dos subdivisiones fundamentales como son el Paleolítico y el Neolítico.

Los primeros restos humanos en la Península Ibérica los encontramos en la etapa del Paleolítico Inferior, la más antigua de esta subdivisión.

Los restos humanos más antiguos se han encontrado en la ?Sima de los Huesos? y en la ?Gran Dolina?, de la sierra de Atapuerca en Burgos. Corresponden al Homo Antecesor, cuya cultura seria la característica de los cazadores-depredadores, agrupados en hordas muy pequeñas y que habitan al aire libre próximo a los ríos. Por toda la península se han hallado hachas bifaces y restos óseos de mamíferos de gran tamaño, como los mamuts.

La etapa del Paleolítico Medio se asocia en toda Europa a los Neandertales, homínidos que desarrollaron su cultura desde hace 100.000 años hasta hace 35.000, coincidiendo con la glaciación Würm. Se caracterizaban porque son también cazadores y depredadores. De gran resistencia física y desarrollo cerebral próximo al del hombre actual, se caracterizaban por una mayor variedad cultural que sus antecesores: conocía ya el fuego, aprovechaba las pieles y practicaban enterramientos.

En la etapa del Paleolítico Superior, el Hombre de Cromagnon o Sapiens es el homínido más característico y eran nómadas. Se desarrolla esta etapa entre el 35.000 y el 8000 a.C. Este ?homo? va a ser quien va a poblar el mundo y se caracteriza por una mayor variedad lítica. El nomadismo sigue vigente a causa del movimiento de los animales de caza. Un rasgo muy característico es el arte parietal, propio de esta especie. Destaca en zonas del Norte como Cantabria y Asturias y en el sur de Francia. Tras el largo período del Paleolítico y concluido el largo proceso de hominización con el Homo Sapiens, se inició el período Neolítico hace aproximadamente 5000-3000 años, existiendo una etapa intermedia entre el Paleolítico y el Neolítico denominada epipaleolítico, fase caracterizada por una industria lítica de pequeño tamaño, lo microlitos.

En este Neolítico las nuevas comunidades agricultoras y ganaderas se asentaron creando poblados permanentes. Encontramos dos culturas características de la época como son la de los sepulcros de fosa (Cataluña) y la de la cerámica cordial (en el área levantina).

 2.      La Edad de los metales.  

La Edad de los Metales se inicia con la Edad del Cobre, en torno al 3000 a.C., y continúa con la Edad del Bronce hacia el 2000 a.C. Dentro de la primera encontramos la cultura de los Millares,al sureste peninsular, la de vaso campaniforme, por toda la Península, y la de los monumentos megalíticos (enterramientos colectivos) en la Andalucia Oriental. En las islas Baleares se desarrolló la cultura talayótica.

En la segunda ?Edad? mencionada encontramos dos culturas diferenciadas: la del Argar, del Sur peninsular, y la de los campos de urnas, propia de Aragón y Cataluña.

A partir de este momento (1200 a.C.) encontramos un período protagonizado por las invasiones indoeuropeas, que culminará con la invasión romana en la segunda mitad del siglo III a.C.

 3.      Los pueblos prerromanos. 

Los primeros que llegaran a la Península Ibérica son los pueblos prerromanos: Tartessos, Íberos y Celtíberos.

 a)      Tartessos.

Los primeros son una civilización muy brillante que se desarrolló en el suroeste peninsular en la primera mitad del primer milenio a.C. Está rodeada de misterio, aunque los textos griegos y bíblicos hablan de una civilización muy rica. Tuvo un importante comercio que benefició a la aristocracia, cada vez más poderosa. A mediados del primer milenio, Tartessos se derrumbó.

 b)      Íberos.

En la zona mediterránea y meridional se sentaron diversos pueblos con rasgos comunes. El contacto con los colonizadores impulsó su desarrollo cultural. Tenían una economía agrícola-ganadera que también practicaba el comercio y la minería. Sus pequeñas ciudades eran fácilmente defendibles y poseían una sociedad muy jerarquizada. Produjeron un arte muy refinado, cuyo mejor ejemplo es la Dama de Elche.

 c)      Celtíberos.

A los pueblos del Norte y el Oeste de la península llegó muy débilmente la influencia de las colonizaciones mediterráneas. La presencia celta fue muy importante, de ahí su nombre.

Estaban dentro de estos pueblos los galaicos, astures, cántabros y vascones entre otros. Eran pueblos muy atrasados, con una economía basada en la ganadería, la pesca y la recolección. Como restos arqueológicos destacan los castros, poblados de viviendas circulares construidos por los galaicos.

 Las colonizaciones.        

En el primer milenio a.C. la zona mediterránea peninsular va a recibir la llegada de oleadas colonizadoras de pueblos procedentes del Mediterráneo que contaban con una cultura mucho más avanzada.

Fenicios, griegos y cartagineses llegarán por este orden a las costas mediterráneas. Su propósito era económico: buscaban metales y otros productos.

 a)      Los fenicios.

Los fenicios llegaron en el siglo IX a.C. Fundaron diversas colonias, entre las que sobresalió Gades (Cádiz). Esta ciudad se consideró como la cabecera principal del comercio fenicio con el territorio de Tartessos. Introdujeron objetos como el torno de alfarero y el alfabeto.

b)      Los griegos.

Los griegos, procedentes de su colonia de Massalia (Marsella), fundaron diversas colonias en el litoral mediterráneo a partir del siglo VI a.C. Destacan colonias como Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias). Introdujeron nuevos cultivos como el olivo y el esparto.

 c)      Los cartagineses.

      Los cartagineses, procedentes de Cartago, colonia fenicia en el actual Túnez, crearon colonias muy activas como Ebusus (Ibiza) y Cartago Nova (Cartagena). Introdujeron cerámicas, objetos funerarios, etc.

 4.       Hispania romana. 

La conquista de Roma se inició en el siglo III a.C. y concluyó tras un largo y complejo proceso en el siglo I a.C.

Podemos distinguir tres etapas principales:

-   1ª etapa: conquista del Este y el Sur peninsular.

El inicio de la conquista se enmarcó en el contexto de la Segunda Guerra Púnica (guerras que enfrentaron a Roma y Cartago por la hegemonía en el Mediterráneo Occidental). Los cartagineses tenían asentamientos importantes en el levante peninsular y desde allí atacaron Roma a través del Sur de Francia y los Alpes. Roma contraatacó a fines del siglo III invadiendo las posesiones cartaginesas en Hispania y consagró el dominio de Roma sobre este y el Sur peninsular.

-   2ª etapa: conquista del centro y el Oeste peninsular.

Los romanos tuvieron que hacer frente a la resistencia de los pueblo de esta zona. Los mejores ejemplos son las guerras lusitanas (155-136 a.C.) en las que destacó Viriato, líder lusitano, y la resistencia celtíbera en Numancia hasta su rendición en el 133 a.C.

La República romana vivió diversas guerras civiles que llegaron a la Península. Las luchas internas de Roma dieron lugar a enfrentamientos bélicos en la Península. Un buen ejemplo es el enfrentamiento entre Pompeyo y César.

-   3ª etapa: conquista del Norte peninsular.

El fin de la conquista llego en tiempos de Augusto, primer emperador romano, con la dominación de galaicos, astures, cántabros y vascones (sierra cántabra). Este Augusto se encargó de reorganizar la administración del Imperio y de impulsar un proceso de urbanización.

 El proceso de Romanización. 

La Romanización es la integración plena de una sociedad determinada, en este caso Hispania, en el conjunto del mundo romano (economía, sociedad, cultura y religión). Por este proceso, los pueblos indígenas fueron asumiendo la cultura romana.

Es un momento clave de la historia cultural de los pueblos de la Península. En ella podemos distinguir varios aspectos como: el latín como lengua común, el derecho romano, o la religión politeísta al comienzo y posteriormente, en el siglo I el cristianismo se difundió por el Imperio y también por Hispania.

Culturalmente llegó a su máxima expansión cuando se extendió la ciudadanía a todos los habitantes libres del Imperio.

La tierra pasó a ser propiedad estatal y se generalizó el sistema de villas. La tendencia a extraer metales es necesaria, ya que los romanos tenían que acuñar sus monedas, elemento fundamental para el comercio.

Hispania fue una de las provincias del Imperio más romanizadas. Buena prueba de ello fue que varios emperadores nacieron en la Península, como Trajano o Adriano.

La cultura romana tuvo un carácter eminentemente práctico y por ello los romanos fueron grandes ingenieros y grandes constructores de obras públicas. En la Península podemos destacar ejemplos como el acueducto de Segovia, murallas como las de Lugo o múltiples puentes como el de Alcántara o Mérida.

Además de estas obras públicas, Roma dejó importante obras artísticas de utilidad pública como arcos, templos, teatros y anfiteatros. La dominación de Roma dejó en Hispania una compleja red urbana ligada por un complejo sistema de calzadas y otras infraestructuras públicas. La crisis del Imperio romano en Hispania 

La crisis final del Imperio, tras la herejía desencadenada por el obispo de Ávila, y el abandono de las ciudades y subida de precios, la llevarían a cabo la invasiones de los pueblo bárbaros.

A comienzos del siglo V la Península se convirtió en una de las esencias clave de las luchas políticas entre emperadores, usurpadores y caudillos militares. Fue entonces cuando se produjeron las sucesivas oleadas de invasiones. En 409, vándalos, suevos y alanos saquearon y devastaron el territorio hispano. Roma pidió ayuda a los visigodos con quienes tenía una alianza, y estos consiguieron expulsarlos o arrinconarlos a los otros pueblos invasores. Estos visigodos decidieron separar en el 469 Hispania del Imperio de Occidente. En el siglo VI la mayor parte del pueblo visigodo atravesó el Pirineo y se asentó definitivamente en la Península.

 5.      La monarquía visigoda. 

Los visigodos asentaron su capital en Toledo, por su estratégica localización central.

Leovigildo, entre los años 569 y 586, fue un auténtico artífice de la unidad política de la Península bajo el dominio de los visigodos. Dos pasos posteriores fueron clave en el proceso de integración entre la población visigoda y las hispanorromanas:

-   La conversión al cristianismo del rey Recaredo, renunciando al cristianismo arriano, y el pueblo visigodo en el III Concilio de Toledo.

-   La publicación del ?Liber Iudiciorum?, código legal para godos y romanos, en el 653.

Tras la unificación, la Iglesia fue adquiriendo un papel relevante en la sociedad visigoda. Los Concilios se convirtieron en asambleas legislativas, en las que los obispos ratificaban las decisiones de los reyes y les daban fuerza legal.

Desde el punto de vista cultural, los visigodos dejaron una huella limitada. Lo más notario son los adornos de las tumbas visigodas del siglo VI.

 El proceso de feudalización. 

Durante el período visigodo continuó el proceso de feudalización iniciado  en el bajo Imperio en la Península. Mientras los colonos se ponían bajo la protección de los poderosos y les cedían  a cambio sus tierras, la situación de los esclavos mejoró relativamente.

Se produjo un debilitamiento de la monarquía frente a la nobleza y a finales del siglo VII afloraron luchas entre grupos nobiliarios.

En 710 se produjo un golpe de Estado a cargo de un noble, Rodrigo, que provocó la división en la aristocracia justo en el momento en el que se producía la invasión árabe. En esas condiciones, el reino visigodo se derrumbó sin oponer apenas resistencia.

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