Los Descubrimientos Geográficos: Del Comercio con Oriente al Nuevo Mundo
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El comercio con Oriente en la Edad Media
Durante la Edad Media, Europa había mantenido un activo comercio con Oriente, basado en la importación de especias, sedas y piedras preciosas.
Tanto la ruta de la seda como la ruta de las especias estaban controladas por comerciantes musulmanes que transportaban las mercancías desde China, las islas Molucas (Indonesia) o la India, atravesando en algunos casos miles de kilómetros por tierra, hasta los puertos del Mediterráneo oriental.
Desde allí, comerciantes genoveses y, sobre todo, venecianos las llevaban por mar a sus ciudades de origen para distribuirlas después a toda Europa, en gran parte también por rutas terrestres.
Este comercio, que explica la prosperidad comercial de Génova y Venecia durante la Edad Media, fue ruinoso para Europa por varias razones:
- Europa compraba mercancías de gran valor a Oriente y apenas le vendía nada, por lo que el flujo de dinero de Europa hacia Oriente era constante.
- Los largos tramos por tierra y los numerosos intermediarios encarecían muchísimo el precio final de estas mercancías.
La expansión atlántica de Portugal y Castilla
Ante esta situación, Portugal y Castilla iniciaron desde el siglo XV la exploración del Atlántico con dos objetivos prioritarios:
- Encontrar nuevas fuentes de metales preciosos (oro y plata) para la acuñación de monedas y atajar la amenaza de su escasez en Europa.
- Descubrir nuevas rutas marítimas por el Atlántico que hicieran más rentable el comercio con Oriente.
Los portugueses, por su situación privilegiada en el Atlántico y por su tradicional vocación comercial y marinera, fueron los primeros en buscar la ruta directa con las islas de las especias (las Molucas).
Explorando la costa occidental africana, consiguieron establecer, durante los siglos XV y XVI, la ruta del Atlántico Sur, que llegaba hasta las islas Molucas y China bordeando África y la India. A lo largo de toda la ruta fundaron factorías comerciales, que sirvieron de etapas de escala y de centros intermedios de aprovisionamiento y comercio.
Cristóbal Colón y el proyecto occidental
Según la opinión más extendida, Cristóbal Colón era un aventurero y marino de origen genovés que, convencido de la esfericidad de la Tierra, pretendía llegar a las Indias a través de la ruta inexplorada del oeste. Él creía que la distancia existente entre Europa y las Indias era mucho más corta de lo que es en realidad.
En primer lugar, expuso su proyecto a los portugueses en 1484, quienes lo rechazaron por considerarlo de escaso interés y basado en cálculos erróneos. Tras este intento fallido, se dirigió a Castilla, donde buscó el apoyo de personas influyentes para que persuadieran a los Reyes Católicos de la conveniencia de respaldar su proyecto. Once más, sus tesis fueron rechazadas por los expertos, y los reyes se desentendieron.
Sin embargo, cuando finalizó la guerra de Granada y Castilla se liberó de los costes que acarreaba, los reyes decidieron apostar por la audaz propuesta de Colón, probablemente porque se perdía poco si fracasaba y, en cambio, se podían obtener grandes beneficios si la empresa culminaba con éxito.
La aventura colombina era la única alternativa que se le ofrecía a Castilla para establecer una ruta directa con Oriente, capaz de competir con la travesía africana de Portugal.
Las Capitulaciones de Santa Fe
Los Reyes Católicos firmaron con Colón las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), que sorprendieron por la amplitud de las concesiones, inusuales en estos monarcas, partidarios de limitar la expansión señorial:
- Colón obtendría los títulos de almirante, virrey y gobernador general de todas las islas y tierras firmes que descubriese.
- Se beneficiaría de la décima parte de cuanto se obtuviese en las tierras descubiertas y colonizadas.
El primer viaje y el descubrimiento de América
Finalmente, Colón partió del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492, con una nao y dos carabelas, y, tras repostar en Canarias, comenzó el viaje hacia el oeste por el Atlántico.
El 12 de octubre arribó a las Antillas, en concreto a la isla de Guanahani, a la que denominó San Salvador (probablemente la isla de Watling, en las Bahamas). Después descubrió Cuba y La Española (Haití), y emprendió el regreso a la península ibérica en 1493.
Ante el éxito de la expedición, Colón realizó tres viajes más a los nuevos territorios entre 1493 y 1504. Sin embargo, aunque los contemporáneos pronto se percataron de que se había descubierto un nuevo mundo, Colón murió en la convicción de que había llegado cerca de las costas orientales de Asia, en las proximidades de Japón.
En cualquier caso, la confirmación de que se trataba de un nuevo continente, desconocido para Europa hasta entonces, y no de las tierras de Japón o China, la proporcionaron los yamás viajes menores.
Uno de los participantes en esos viajes fue el navegante florentino Amerigo Vespucio, quien por cuenta de Castilla y Portugal exploró a partir de 1499 parte de las costas de América del Sur y descubrió que no eran el extremo de Asia.
Castilla y Portugal: el reparto del Atlántico
Desde el comienzo de la conquista de las islas Canarias por parte de los castellanos en el siglo XIV, la rivalidad con Portugal por el control del Atlántico fue constante.
Sin embargo, tras la guerra de Sucesión en Castilla, ambas monarquías consiguieron resolver los conflictos relativos a los límites de su expansión mediante sucesivos tratados que lograron evitar nuevos enfrentamientos:
- Tratado de Alcáçovas (1479): Alfonso V de Portugal no solo reconoció a Isabel como reina de Castilla, sino también los derechos castellanos sobre Canarias y sobre la costa africana situada frente a estas islas. Los Reyes Católicos, por su parte, renunciaron en favor de Portugal a cualquier otro derecho sobre la costa africana, las islas Azores, las de Madeira o las de Cabo Verde.
- Bulas Inter caetera (1493): Tras el primer viaje de Colón a América, otorgadas por el papa de origen valenciano Alejandro VI, se reconocían los derechos de los reyes de Castilla sobre todas las tierras descubiertas y sobre las que se pudieran descubrir más allá de una línea de demarcación imaginaria, trazada de polo a polo a 100 leguas al oeste de las islas Azores y de Cabo Verde: la zona situada al oeste de esa línea correspondía a Castilla, y la situada al este, a Portugal; en ambos casos, siempre que se tratara de tierras que no estuvieran bajo dominio previo de ningún príncipe cristiano.
- Tratado de Tordesillas (1494): Pronto se comprobó que el arbitraje papal no satisfacía a los portugueses y que los Reyes Católicos, interesados en mantener buenas relaciones con el reino vecino, llegaron a un nuevo acuerdo mediante la firma del Tratado de Tordesillas, que desplazaba la línea divisoria entre ambas zonas de expansión a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Esto no solo incluía para Portugal la ruta que bordeaba África, sino que también le permitiría la futura ocupación de Brasil, pues la nueva línea atravesaba el extremo más oriental de ese territorio.
La organización administrativa de la América española
Los asuntos americanos se llevaban desde España a través del Consejo de Indias y la Casa de Contratación de Sevilla, cuyo cometido era organizar, registrar y controlar el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo. Aunque América pertenecía a la Corona de Castilla, sus peculiaridades y lejanía explican que la administración territorial adquiriera allí ciertos rasgos propios:
- Virreinatos: eran dos, el de Nueva España, con capital en México, y el del Perú, con capital en Lima, con límite entre uno y otro en Panamá. Los virreyes, como en el resto de la monarquía hispánica, tenían amplísimos poderes en su calidad de representantes del rey.
- Gobernaciones y capitanías generales: eran circunscripciones equivalentes a provincias, regidas por gobernadores o capitanes generales, respectivamente, subordinados a los virreyes. La diferencia esencial entre unas y otras era que las capitanías generales se encontraban en zonas fronterizas o donde la presencia militar era más necesaria.
- Corregimientos: eran similares a las gobernaciones en cuanto a funciones, pero de menores dimensiones, generalmente una ciudad y su territorio circundante. Estaban a cargo de un corregidor.
- Audiencias: eran tribunales superiores de justicia, como en la península, pero en América tenían, además, importantes funciones gubernativas al servicio de los virreyes.
Por último, la unidad administrativa básica la constituían los cabildos o ayuntamientos de las ciudades, en los que residía la población blanca y cuya organización era similar a la de los municipios castellanos.