Desarrollo de la Teoría de la Mente y la Percepción de la Realidad en la Infancia
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El Concepto de la Teoría de la Mente
El concepto de Teoría de la Mente se refiere a la conciencia de la amplia variedad de estados mentales humanos (creencias, intenciones, sueños, etc.) y la comprensión de que otros poseen sus propias creencias, deseos e intenciones distintivas. Esta teoría nos permite entender y predecir la conducta de otros y dar sentido al mundo social.
a. Falsas creencias y engaños
Poder entender que la gente puede albergar creencias falsas deriva de la comprensión de que, en efecto, los individuos poseen representaciones mentales de la realidad, las cuales en ocasiones pueden ser erróneas.
b. Distinción entre apariencia y realidad
Según Jean Piaget, este aspecto consiste en que solo a los cinco o seis años los niños comienzan a comprender la distinción entre lo que parece ser y lo que es. Muchos estudios le dan la razón, pero otros han encontrado que esta capacidad empieza a emerger antes de los cuatro años.
En una serie de experimentos (Flavell, Green y Flavell, 1986), un grupo de niños de 3 años parecía confundir la apariencia y la realidad. Por ejemplo: cuando se ponían lentes de sol especiales que hacían que la leche se viera verde, decían que la leche era verde, aunque acabaran de ver que era blanca. En este contexto:
- Leche blanca: Realidad.
- Leche verde: Apariencia.
Este fenómeno ocurre de igual manera que en los experimentos del crayón y la vela.
c. Distinción entre fantasía y realidad
Entre los 18 meses y los 3 años, los niños aprenden a distinguir entre sucesos reales e imaginados. Los niños de 3 años conocen la diferencia entre un error real y uno en un sueño, y entre algo invisible (como el aire) y algo imaginario (que no existe y es solo producto de la imaginación). Por ejemplo, se cuestionan la naturaleza de personajes como Minnie Mouse.
El pensamiento mágico
El pensamiento mágico en niños de 3 años o más no parece deberse a la confusión entre fantasía y realidad. Muchas veces es una forma de entender los sucesos que no parecen tener explicaciones realistas obvias, o simplemente para consentirse con los placeres de la simulación, como en el caso de la creencia en compañeros imaginarios.