El Desarrollo Económico y Social de España: Industria, Finanzas y Sociedad (Siglos XIX-XX)

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Los Progresos de la Industria en España

La acumulación de capital procedente de la exportación del hierro vasco, junto con la transformación previa de la economía vasca y la repatriación de capital físico y humano de Cuba tras su independencia, dieron como resultado la consolidación de una industria siderúrgica moderna localizada en Vizcaya. Entre 1879 y 1882 se constituyeron las tres grandes empresas siderúrgicas españolas del siglo XIX: San Francisco, Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero, y La Vizcaya.

Los beneficios de las exportaciones de mineral y la supremacía tecnológica del convertidor Bessemer condujeron a la consolidación de un sector básico para el desarrollo de la industria de bienes de equipo. A partir de su existencia, se consolidaron en Vizcaya las principales empresas de construcciones mecánicas y de construcción naval.

Aparte de Cataluña y el País Vasco, la industria se difundió por zonas más amplias del territorio, diversificándose al mismo tiempo la estructura sectorial y aumentando el peso de aquellos sectores con mayor contenido tecnológico, como la electricidad, la química y los transformados metálicos. Madrid se convirtió en la tercera región industrial, por el hecho de localizarse en ella la capital y ser la sede de la Administración Central, lo que llevó a muchas empresas extranjeras y españolas a instalarse allí.

Otro sector que mostró signos de modernización, ya desde finales del siglo XIX, fue la industria conservera (Galicia). Otras regiones que se industrializaron fueron Aragón (Zaragoza) y la Comunidad Valenciana (Valencia y Alicante). Y entre los sectores cabe mencionar la industria harinera o la producción de cemento.

Las Comunicaciones en la España Moderna

A) Las Carreteras

La red de carreteras del Estado se dividía en carreteras de primer, segundo y tercer orden. Las de primer orden eran las que hoy llamamos carreteras nacionales; las de segundo orden, las hoy llamadas regionales o autonómicas; y las de tercer orden equivalían a las actuales provinciales.

Cuantitativamente, durante este período, el aumento fue notable, pero cualitativamente no ocurrió lo mismo. Las de primer orden apenas si aumentaron 27 kilómetros anuales y las de segundo orden se acercaron a los 88 kilómetros en el mismo período. Ello quiere decir que gran parte de esos miles de kilómetros fueron carreteras secundarias.

Las nuevas carreteras reforzaron el doble sistema radial de comunicaciones (con un centro principal en Madrid y centros secundarios en cada una de las capitales de provincia) iniciado en el siglo XIX.

B) Ferrocarriles

Entre 1876 y 1900 se duplicó el número de kilómetros y en 1914 pudo darse por terminada la red. Aunque ese aumento fue un dinamizador de la siderurgia, debe tenerse en cuenta que hasta 1891 su construcción estuvo, fundamentalmente, en manos de capital extranjero.

El ferrocarril fue rentable hasta que la mejora de la red de carreteras, más flexible y abierta, le hizo perder competitividad; pero esa rentabilidad no sirvió ni para su modernización ni para corregir los defectos de la red. A partir de 1918 (auge de los transportes por carretera) se hizo palpable que el tendido de la red no era el adecuado y que el servicio y las instalaciones se habían quedado obsoletas: entró en pérdidas, que tuvieron que ser subvencionadas por el Estado.

C) Marina

Como era lógico, el barco de vapor se impuso al velero por su mayor capacidad de carga. Para favorecer el comercio con las Antillas españolas y las comunicaciones con las Islas Baleares y Canarias se crearon la Compañía Trasatlántica (1881), la de Pinillos Sáez y Cía. (1884) e Ibarra (1885).

El Desarrollo Financiero Español

A) El Banco de España

Por la Ley Echegaray de 1874, el Banco de España fue declarado como el único capacitado para emitir moneda en España; en él se integraron once de los anteriores quince bancos emisores, que se convirtieron en accionistas. Desde entonces, el Banco de España regula la circulación monetaria y sirve de apoyo a la Hacienda Pública.

B) La Organización Bancaria

Se produjo una concentración de bancos para hacerlos más competitivos. La banca regional siguió en aumento. Junto al Banco de Barcelona (1844) y el Banco de Bilbao (1855), ambos emisores de moneda y que rechazaron su integración en el Banco de España, y al Banco de Santander (1857), aparecieron otros bancos regionales como el Banco de Castilla o el Banco General de Madrid.

Aprovechando la repatriación de capitales desde ultramar, se crearon el Banco Hispano Americano (1900), el Banco de Vizcaya (1901), que se benefició además de las ganancias producidas por la venta de mineral de hierro a Inglaterra, y el Banco Español de Crédito en 1902, que se dedicó al crédito mobiliario.

En 1880 se promulgó una ley que permitía la transformación de los antiguos Montes de Piedad en Cajas de Ahorro; es decir, que de ser únicamente entidades de crédito sin ánimo de lucro pasaron a ser también de depósito.

La Sociedad Española en la Época de la Modernización

A) La Nobleza

La alta aristocracia de cuna perdió su posición relevante en la sociedad, pero conservó gran influencia. La mayor parte de la nobleza no se involucró en el crecimiento económico. Además, los aristócratas pactaron con las nuevas élites que se incorporaron a la cúspide de la pirámide social: fueron frecuentes los casos de familias nobiliarias endeudadas que sanearon su patrimonio gracias a los matrimonios concertados con miembros de las élites burguesas.

B) La Burguesía

El crecimiento económico favoreció la aparición de una nueva burguesía de negocios o élite del dinero constituida por banqueros, grandes comerciantes e industriales, relevantes propietarios de tierras rústicas y de inmuebles urbanos, dueños de títulos de deuda pública y especuladores en bolsa. A ellos se unieron los profesionales más prestigiosos y los altos cargos del Estado y el ejército. Este grupo habitaba en las grandes ciudades.

Las burguesías regionales y locales de la periferia eran más modestas y se vincularon a actividades industriales y comerciales. A estos grupos se añadieron los indianos o burgueses que habían formado su patrimonio con negocios en las colonias de ultramar.

Un peldaño por debajo de esta nueva burguesía se encontraban los propietarios de negocios, tierras, casas y rentas modestas que, a menudo, ejercían una actividad profesional o tenían un empleo público. Componían las clases medias acomodadas. Este grupo social fue muy débil en comparación con otros países europeos y su mayor aspiración era ascender en la pirámide social mediante la obtención de propiedades inmuebles. Controlaban en gran parte la Administración pública, la cultura, la enseñanza, la información, el ejército, el comercio minorista, las manufacturas de taller y el clero.

Tanto la burguesía como las clases medias difundieron en las ciudades un modo de vida basado en la familia nuclear en la que se concedía especial relevancia al ámbito de lo privado y lo doméstico.

C) Los Trabajadores del Campo

Constituían el grupo social más numeroso y apenas poseían bienes. Durante esta época, la mayoría de ellos eran campesinos y trabajaban la tierra. Según su relación con la tierra, se distribuían en tres grandes categorías: propietarios, que poseían tierras; arrendatarios y apareceros, que pagaban un alquiler o renta por cultivar una tierra que no era suya y, a cambio, percibían el total o una parte del producto obtenido; jornaleros, que vendían su trabajo a cambio de un salario y dependían de la periodicidad de las labores del campo.

Aunque los propietarios eran numerosos, la mayoría lo eran de pequeños minifundios, muy abundantes en el norte de España. Los arrendatarios, por su parte, estaban sujetos a contratos de corta duración, cuyo precio podía fijar libremente el propietario sin las limitaciones jurídicas que imponía el Antiguo Régimen. Los jornaleros eran el grupo más numeroso en el campo español, especialmente en la mitad meridional de la península y en Andalucía occidental, donde solían trabajar exclusivamente en grandes latifundios.

D) Los Trabajadores de la Ciudad

En las ciudades, industrias y minas también había trabajadores y, a pesar de la escasa industrialización española, su número no dejaba de aumentar. Entre ellos se encontraban: los trabajadores de arraigada cultura gremial como los que se dedicaban a los viejos oficios (zapateros, panaderos, sastres, etc.); el servicio doméstico, que era muy abundante y estaba formado mayoritariamente por mujeres; los dependientes de comercio, los repartidores y los transportistas.

E) El Proletariado

Sus orígenes van ligados al proceso de industrialización que se produjo en España a lo largo del siglo XIX. Las nuevas fábricas utilizaban una mano de obra asalariada conocida primero con el nombre de “operarios” y más tarde con el de proletarios. Su número es algo difícil de cuantificar, aunque a finales de siglo podían oscilar entre los 145.000 de Barcelona y los 20.000 de Asturias o cantidades algo menores en Málaga o Valencia.

Abundaba el trabajo femenino e infantil, muy mal retribuido. El horario laboral era de diez o doce horas; pero lo peor era el desinterés del Estado por la mejora de las condiciones laborales. Las primeras reformas legales tuvieron lugar en 1900, cuando ya hacía más de un cuarto de siglo que se habían establecido en el resto de Europa; la reducción del horario laboral a nueve horas diarias se produjo en 1914.

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