El Desafío de Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía: Crónica de una Apuesta Infame
Enviado por Comunidad Xuletas y clasificado en Lengua y literatura
Escrito el en
español con un tamaño de 4,53 KB
La Apuesta de Don Juan y Don Luis
Estamos.
Veamos, pues, lo que hicimos.
Bebamos. (Lo hacen)
Relato de Don Luis Mejía
Don Luis: Porque un día dije que en España entera no habría nadie que hiciera lo que hiciera Luis Mejía.
Don Juan: Sin duda alguna. Y vinimos a apostar quién de ambos sabría obrar peor, con mejor fortuna, en el término de un año; juntándonos aquí hoy a probarlo.
Don Luis: Y yo.
Don Juan: No, vos debéis empezar.
Don Luis: Leed, pues.
Don Juan: Decís bien; cosa es que está, Don Luis, muy puesta en razón; aunque, a mi ver, poco irá de una a otra relación.
Don Luis: Allá va. Buscando yo, como vos, a mi aliento empresas grandes, dije: «¿Dónde iré, ¡vive Dios!, de amor y lides en pos, que vaya mejor que en Flandes?». Allí, puesto que empeñadas guerras hay, a mis deseos habrá al par centuplicadas ocasiones extremas de riñas y galanteos. Y en Flandes conmigo di. Mas con tan negra fortuna, que al mes de encontrarme allí todo mi caudal perdí, dobla a dobla, una por una. En tan total carestía, mirándome de dineros, de mí todo el mundo huía; mas yo busqué compañía y me uní a unos bandoleros. Lo hicimos bien, ¡voto a tal!, y fuimos tan adelante, con suerte tan sin igual, que entramos a saco en Gante el palacio episcopal. ¡Qué noche! Por el decoro de la Pascua, el buen obispo bajó a presidir el coro, y aún de alegría me crispo al recordar su tesoro. Todo cayó en poder nuestro; mas mi capitán, avaro, puso mi parte en secuestro: reñimos, fui yo más diestro, y le crucé sin reparo. Juróme al punto la gente capitán, por más valiente; juréles yo amistad franca; pero a la noche siguiente huí, y les dejé sin blanca. Yo me acordé del refrán de que «quien roba a ladrón ha cien años de perdón», y me arrojé a tal desmán mirando mi salvación. Pasé a Alemania opulento; mas un provincial jerónimo, hombre de mucho talento, me conoció, y al momento me delató en un anónimo. Compré a fuerza de dinero la libertad y el papel; y topando en un sendero al fraile, le envié certero una bala envuelta en él. Salté a Francia. ¡Buen país! Y como en Nápoles vos, puse un cartel en París diciendo... Esto escribí; y en medio año que mi presencia gozó París, no lo hubo lance extraño, ni hubo escándalo ni daño donde no me hallara yo. Mas, como Don Juan, mi historia también a alargar renuncio; que basta para mi gloria la magnífica memoria que allí dejé, con mi anuncio. Y cual vos, por donde fui la razón atropellé, la virtud escarnecí, a la justicia burlé, y a las mujeres vendí. Mi hacienda llevo perdida tres veces; mas se me antoja reponerla, y me convida mi boda comprometida con Doña Ana de Pantoja. Mujer muy rica me dan, y mañana hay que cumplir los tratos que hechos están; lo que os advierto, Don Juan, por si queréis asistir. A esto Don Luis se arrojó, y escrito por este papel está lo que consiguió; y lo que él aquí escribió, mantenido está por él.
La Comparación y el Nuevo Desafío
Don Juan: Razón tenéis, en verdad. Aquí está el mío: mirad, por una línea apartados traigo los nombres sentados, para mayor claridad.
Don Luis: Contad.
Don Juan: Son los muertos. A ver vos. ¡Por la cruz de San Andrés! Aquí sumo treinta y dos.
Don Luis: ¡Matar es...!
Don Juan: Me vencéis.
Don Luis: Y yo sumo en vuestras listas setenta y dos.
Don Luis: ¡Es increíble, Don Juan!
Don Juan: ¡Oh! Y vuestra lista es cabal.
Don Luis: Sólo una os falta en justicia.
Don Juan: Sí, por cierto: una novicia que esté para profesar.
Don Luis: ¡Pardiez, que sois atrevido!
Don Juan: Digo... lo acepto el partido; para darlo por perdido, ¿queréis veinte días?
Don Luis: ¡Por Dios, que sois hombre extraño! ¿Cuántos días empleáis en cada mujer que amáis?
Voz (Buttarelli?): Don Juan, ¿qué es lo que decís?
Voz (Centellas?): Ved, Don Juan, lo que emprendéis.
Don Juan: ¿Gastón?
Don Juan: Ven aquí.
Don Juan: ¿Estáis en lo dicho?
Don Luis: Pues va la vida.