El Declive del Imperio Español: La Guerra de los Treinta Años y las Crisis de 1640
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La Guerra de los Treinta Años: El Ocaso de la Hegemonía Española
Introducción a la Crisis del Siglo XVII
El siglo XVII fue una época de crisis para el imperio de los Austrias: hubo una pérdida de la hegemonía política en los territorios europeos, se produjo una decadencia económica y una crisis social y política en Castilla.
El Gobierno de los Válidos y el Conde-Duque de Olivares
Los Austrias del siglo XVI se habían encargado personalmente del gobierno de sus reinos; sin embargo, los del siglo XVII renunciaron a ejercer las tareas del gobierno, que pasó a manos de ministros omnipotentes conocidos como los válidos o privados. Felipe IV dejó el poder en manos del más poderoso y conocido de los válidos, Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, quien se caracterizó por su autoritarismo y su política de centralización.
Desarrollo del Conflicto: De Bohemia a Westfalia
La Guerra de los Treinta Años opuso a protestantes y católicos, resultando ser una pugna política contra el dominio en Europa de los Habsburgo austriacos y españoles. La guerra se inició con la rebelión protestante de Bohemia. España acudió en auxilio de los Habsburgo y los protestantes fueron derrotados en 1620. Esta guerra afectó también a Flandes, donde los españoles consiguieron la célebre rendición de Breda.
Posteriormente, el rey de Dinamarca y el de Suecia acudieron en ayuda de los protestantes de Alemania. La alianza fue derrotada por los tercios españoles; no obstante, Francia decidió participar directamente en la ofensiva en 1635, apoyando al bando protestante.
El Tratado de Westfalia y la Paz de los Pirineos
Los contendientes, agotados y con una Europa central devastada, decidieron firmar el Tratado de Westfalia (1648). En 1650, España reconoció la independencia de Flandes, que pasó a ser gobernada por la Casa de Orange. Después de Westfalia, la guerra con Francia continuó y no concluyó hasta la firma de la Paz de los Pirineos (1659).
Conclusión: El Impacto Internacional
La Guerra de los Treinta Años supuso un fracaso para España, especialmente a nivel internacional, pues perdió territorio y prestigio en Europa; una situación que se acrecentará en esta misma línea durante el reinado de Carlos II (1665-1700).
Las Rebeliones de Cataluña y Portugal de 1640
Introducción: La Crisis del Imperio
El siglo XVII fue una época de crisis para el imperio de los Austrias: hubo una pérdida de la hegemonía política en los territorios europeos, se produjo una decadencia económica y una crisis social y política en Castilla.
El Proyecto Centralizador de Olivares: La Unión de Armas
Gaspar de Guzmán pretendió integrar a todos los reinos en un solo Estado, con las mismas leyes e instituciones, siguiendo el modelo castellano que permitía un mayor poder real y avanzaba hacia el poder monárquico absolutista. Este proyecto fracasó y originó enfrentamientos y graves revueltas internas. La Guerra de los Treinta Años consumió enormes recursos, por lo que el conde-duque de Olivares pretendió una centralización mayor y una contribución de todos los territorios de la corona a la guerra; para ello, creó la Unión de Armas, en la que todos los reinos y virreinatos deberían aportar hombres y dinero.
La Sublevación de Cataluña: El Corpus de Sangre
La revuelta en Cataluña se originó cuando Olivares abrió un frente militar contra los franceses en dicho territorio. Esto provocó una rebelión con la entrada de segadores armados en Barcelona durante el llamado Corpus de Sangre (1640). La revuelta se generalizó en Cataluña y los rebeldes nombraron conde de Barcelona al rey francés Luis XIII. La lucha fue larga y finalizó en 1652 con la rendición de Barcelona al ejército real.
La Independencia de Portugal
Además, ese mismo año se produjo la rebelión de Portugal, que proclamó rey al duque de Braganza. Los sucesores de Felipe II intervenían cada vez más en el país con el propósito de anexionarlo totalmente a Castilla, pero los portugueses no deseaban permanecer unidos a la corona hispánica. Así pues, la rebelión, a la que se unieron las colonias portuguesas, dio lugar a una larga guerra que duró hasta que Portugal logró finalmente la independencia de la corona castellana.
Conclusión: Consecuencias de las Revueltas Internas
Las revueltas de Cataluña y Portugal de 1640 supusieron para España pérdidas territoriales, pero sobre todo dejaron una política interior marcada por la descentralización. Habrá que esperar al reinado de Felipe V, a partir de 1700, para que se implanten medidas que aúnen los cambios de cada uno de los reinos españoles.