Crónicas de las Campañas de César: Estrategias y Conflictos en la Galia
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El asedio a los nervios: vulnerabilidad en el campamento
Casi por todo el frente y por la parte izquierda del castro, que se encontraba desguarnecida, los nervios —bajo el mando del duque Boduognato, quien ostentaba el mando supremo— concentraron sus fuerzas. Mientras la duodécima y la séptima legión se habían posicionado en el cuerno derecho, el enemigo lanzó un ataque coordinado hacia el flanco más débil.
El sacrificio de Cota y el aquilífero
En el fragor de la batalla, L. Cota pereció junto a la mayor parte de sus hombres. Los supervivientes se retiraron al campamento. Entre ellos, L. Petrosidio, el aquilífero, al verse rodeado por una multitud de hostiles, lanzó el águila dentro de la valla y murió luchando valientemente frente a las defensas. Los soldados resistieron hasta la noche, momento en el que, desesperando de su salvación, decidieron quitarse la vida.
El retorno de las legiones
Tras llegar a la confluencia del Mosa y el Rin, los germanos, en su huida desesperada, se arrojaron al río, donde perecieron por el miedo y el agotamiento. Los romanos regresaron incólumes, con muy pocas bajas, a pesar de enfrentarse a un ejército enemigo de 430.000 efectivos.
La caída de Indutiomaro y la pacificación de la Galia
Indutiomaro fue capturado en el vado del río y ejecutado; su cabeza fue llevada al campamento mientras la caballería perseguía al resto de sus fuerzas. Al conocerse este desenlace, las coaliciones de eburones y nervios se disolvieron, permitiendo que César lograra una mayor estabilidad en la Galia.
El cruce del Támesis y las defensas de Casivelauno
César condujo a su ejército hacia el río Támesis, en los dominios de Casivelauno. El río solo podía cruzarse a pie en un punto específico y con gran dificultad. Al llegar, César observó que la otra ribera estaba fortificada con grandes tropas y estacas agudas, tanto en la orilla como ocultas bajo el agua.
La contención de las tropas frente a los helvecios
Tras un enfrentamiento en terreno ajeno donde la caballería helvecia causó bajas entre los romanos, los helvecios, envalentonados por su éxito, comenzaron a hostigar la retaguardia. César, sin embargo, mantuvo a sus hombres bajo control, limitándose a impedir que el enemigo realizara saqueos o forrajeos.
La rendición de Bratuspancio
Ante la proximidad del ejército de César, los habitantes de Bratuspancio —ancianos, mujeres y niños— salieron del oppidum. Con las manos extendidas, suplicaron la paz y se pusieron bajo la protección y potestad del pueblo romano, renunciando a la lucha armada.
La astucia de los germanos frente a los menapios
Los menapios, temerosos ante la llegada de una gran multitud, abandonaron sus asentamientos tras el río y establecieron guardias. Los germanos, al no poder cruzar por falta de naves, simularon una retirada. Sin embargo, tras tres días de marcha, regresaron durante la noche y sorprendieron a los menapios, quienes no esperaban un ataque repentino.