Crónica de la Peste de Atenas: Origen, Síntomas y Evolución Clínica

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Origen y propagación de la epidemia

Se dice que la enfermedad comenzó en Etiopía, más allá de Egipto, para luego descender hacia Egipto, Libia y gran parte del reino. Cayó de repente sobre la ciudad de los atenienses, atacando primero a los hombres en el Pireo. Esto llevó a los habitantes a sospechar que los peloponesios habían envenenado los pozos, dado que las fuentes se encontraban allí mismo. Posteriormente, la enfermedad alcanzó la parte alta de la ciudad, donde la mortalidad aumentó drásticamente.

Aunque muchos médicos y particulares han teorizado sobre el origen natural de este mal y las causas suficientes para producir tales cambios, yo expondré las observaciones (síntomas). Mi objetivo es que, si la enfermedad volviera a ocurrir, pueda ser reconocida y tratada sin errores, basándome en mi propia experiencia al haber estado enfermo y haber observado a otros padecerla.

Manifestaciones clínicas y sintomatología

Aquel año, reconocido como inusualmente libre de otras enfermedades, los pacientes fueron atacados sin motivo aparente. Estando sanos, fueron víctimas de los siguientes síntomas:

  • Fiebres terribles y enrojecimiento e inflamación de los ojos.
  • Infección interna de la laringe y la lengua, con presencia de sangre.
  • Respiración irregular y aliento fétido.
  • Estornudos y ronquera, seguidos de un dolor intenso en el pecho.
  • Al fijarse en el cardias, provocaba revueltas estomacales y secreciones de bilis, acompañadas de un gran malestar.
  • Hipo vacío que causaba espasmos violentos, persistiendo en algunos casos incluso después de que otros síntomas cesaran.

Estado físico y térmico del paciente

Externamente, el cuerpo no presentaba una temperatura excesivamente alta ni un tono amarillento, sino que se tornaba rojizo, cárdeno y cubierto de pequeñas úlceras y ampollas. Sin embargo, internamente, el paciente sufría una quemazón tan intensa que no toleraba el contacto con vestidos ligeros o lienzos, prefiriendo ir desnudos o lanzarse al agua fría para aliviar el ardor.

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