Crónica de una Muerte Anunciada: Honor, Destino y Pasiones en la Obra de García Márquez
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El Código de Honor y la Responsabilidad Colectiva
El abogado que defiende a los hermanos Vicario acepta el código popular del honor: "El abogado sustentó la tesis del homicidio en legítima defensa del honor, que fue admitida por el tribunal de conciencia". La mayoría de los habitantes del pueblo lo aceptan, entre otras cosas porque los exculpa por no haber impedido el crimen: "Pero la mayoría de quienes pudieron hacer algo por impedir el crimen y sin embargo no lo hicieron, se consolaron con el pretexto de que los asuntos de honor son estancos sagrados a los cuales solo tienen acceso los dueños del drama".
El Ineludible Fatum: Destino y Fatalidad
Sin duda, el tema principal de la novela es el fatum, la imposibilidad de escapar al propio destino (el fatum clásico). Todo el pueblo sabía que el crimen iba a producirse (el narrador afirma: “Nunca hubo una muerte más anunciada”), pero nadie lo impide, lo cual sugiere la presencia de un destino fatal ineludible que influye decisivamente sobre el desarrollo de los hechos.
A diferencia de las comedias griegas, en las que el fatum se caracteriza por un funcionamiento ciego e implacable que suele estar en relación con los defectos o las culpas de los personajes, en la obra de García Márquez se debe a un conjunto de:
- Contradicciones
- Ambigüedades
- Casualidades
- Torpezas humanas
El fatum se consuma gracias a las múltiples torpezas (equivocaciones, casualidades, ambigüedades) que cometen los personajes de la obra y que conducen inexorablemente al mal.
Pasiones, Machismo y Redención
Bayardo San Román, con su ambición y fortuna, no podrá superar la humillación y vergüenza final que lo convierten en un “pobre hombre”, condenado a la soledad y al olvido, hasta que, mucho después, acepte volver con Ángela.
La novela está llena de pasiones amorosas, acompañada siempre de matices machistas. Los hombres viven una vida llena de sexo, bien con las mujeres de la casa de placer de María Alejandra Cervantes, o bien en el abuso de las mujeres que, por su situación social, no pueden defenderse de los deseos de los hombres (Divina Flor, la hija de la criada de los Nasar, debe soportar el acoso de Santiago, por ejemplo). Se presenta a Santiago Nasar como un “gavilán pollero” que “andaba solo, al igual que su padre, cortándole el cogollo a cuanta doncella sin rumbo empezaba a despuntar por esos montes”.
La relación amorosa entre Bayardo San Román y Ángela Vicario parece ir siempre contracorriente y los protagonistas padecen fuertes pasiones que no presagian nada bueno: cuando San Román está completamente enamorado, Ángela lo rechaza.
Sin embargo, la novela es también la historia de la pasión amorosa de Bayardo y Ángela, que crece en la separación de los amantes y que es capaz de vencer la ofensa, la soledad, el silencio e incluso el paso del tiempo. Este gesto la libera de su personalidad apocada y del control de su familia y, con ello, consigue torcer el signo de los hechos, ya que Bayardo, después de veintitantos años de separación, acepta reconciliarse con ella.