La Crítica de Hume a la Sustancia y los Fundamentos del Emotivismo Moral

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Crítica a la idea de sustancia

Crítica a la idea de sustancia extensa

La idea que tenemos de sustancia es una realidad objetiva que actúa como soporte de las cualidades que causan nuestras impresiones. Sin embargo, la idea de sustancia no proviene de ninguna impresión; por tanto, esta idea ni se halla fundamentada ni puede ser considerada válida.

Todas nuestras impresiones duran un momento y después desaparecen para dar paso a otras; en cambio, de la sustancia tenemos una concepción continua y estable en el tiempo. Dado que ninguna impresión tiene la continuidad que atribuimos a la sustancia, no nos queda más remedio que suponer que se trata de una creación de nuestra imaginación. A pesar de esto, la idea de sustancia es una invención o creencia útil para nuestra supervivencia.

Crítica de la idea de sustancia infinita

La idea que tenemos de Dios es la de una sustancia infinita con todas las perfecciones. Debemos preguntarnos de qué impresión puede derivar esta idea de perfección infinita. Al carecer de una impresión que la sustente, la idea de sustancia perfecta se queda sin fundamento, por lo que hay que concluir que no existe ningún tipo de conocimiento, ni teleológico ni metafísico, de Dios.

Crítica a la idea de sustancia pensante

Hume arremete también contra esta idea. Tradicionalmente, en filosofía se ha entendido el yo como el sujeto que tiene percepciones, pero que es diferente de estas. Aunque el alma sea el sujeto de las impresiones, no es ninguna impresión en sí misma. Por otro lado, las impresiones e ideas se suceden y cambian: ahora sentimos frío, después sentimos calor... Bajo todas estas percepciones cambiantes se supone que el yo permanece estable e idéntico, como núcleo de nuestra personalidad; sin embargo, el yo es, al igual que cualquier otra, una idea de sustancia.

El emotivismo moral

Hume fue uno de los primeros pensadores en reivindicar el papel fundamental de las emociones y los sentimientos en el comportamiento humano. Hume sostiene que, en realidad, toda acción descansa en la emoción y los sentimientos:

  • Nuestras acciones están motivadas por los sentimientos de atracción o aversión que nos producen ciertos comportamientos.
  • Esta atracción surge del placer o del dolor que determinadas acciones nos provocan.
  • Los sentimientos de placer y dolor están, por este motivo, en la base de los juicios morales.

Para Hume, la simpatía es propia de la naturaleza humana. Esta es la inclinación que los hombres sienten y que hace naturales los sentimientos que en nosotros despiertan las desgracias ajenas, tales como la compasión y la solidaridad.

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