Crítica Aristotélica a la Teoría de las Ideas de Platón
Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 5,08 KB
Pensamiento Aristotélico
La crítica aristotélica se centrará fundamentalmente en el carácter separado y trascendente de las ideas platónicas. Fue Platón y no Sócrates (quien se limitó a buscar y definir la esencia de las cosas para poder conocerlas a través del lenguaje) el que otorgó una existencia absolutamente separada a las esencias, denominándolas ideas.
Si las ideas se encontraran separadas (dualismo), no podrían determinar a las cosas de ninguna manera, por ser trascendentes a ellas. Además, los conceptos platónicos de imitación y participación tampoco explican realmente nada y añaden mayor confusión al asunto. Aristóteles asegura que es imposible que las esencias de las cosas estén separadas de las cosas mismas. Las ideas son quimeras, hipóstasis de lo sensible mismo. Y, por lo tanto, podemos prescindir de la teoría platónica de las ideas porque, más que explicar la realidad, la complica.
El ser y la sustancia
Lo que caracteriza a la filosofía frente a las ciencias particulares es que tiene por objeto la totalidad de lo que existe. Entre los presocráticos, la totalidad recibe preferentemente el nombre de physis (naturaleza), pero ya Parménides emplea para lo mismo el término ser, que es el que ha tenido más éxito. Aceptando este término, podemos decir entonces que toda teoría filosófica intenta responder a la pregunta por el ser. En Platón hemos visto que el ser es la esencia (eidos-idea). ¿Qué es el ser para Aristóteles?
Aristóteles investiga la cuestión del ser a la luz de los distintos modos en que se dice o emplea el término ser. Relaciona, por tanto, el aspecto lógico o lingüístico del asunto con el aspecto ontológico. Aristóteles comienza por señalar que el ser se dice de muchas maneras: se dice que el libro es, que el color es, que dos y dos son cuatro, que la magnitud es, etcétera. Ahora bien, estos y tantos modos de ser no se dicen en el mismo sentido. No es lo mismo ser hombre que ser grande. El ser, por tanto, no es unívoco. Pero tampoco el término ser es un término equívoco u homónimo. Los diferentes sentidos de ser no son casos de homonimia (como "escudo", que significa tanto una moneda como un instrumento defensivo). Ni unívoco ni equívoco u homónimo, el ser es análogo: se dice de muchas maneras pero por relación (por analogía) siempre a una manera eminente de ser. Esta manera eminente, que subyace a todo uso del término ser, es la sustancia.
La naturaleza de la sustancia y los accidentes
La sustancia (ousía, que significa ente, lo que tiene ser) es el verdadero ser, lo que es apto para existir por sí, lo que existe en sí y no en otro. Considerada en su aspecto lógico, la sustancia es el último sujeto de atribución: a ella se refieren todos los predicados, mientras que ella misma no se predica de ningún otro sujeto. Pues bien, el ser sustancial no es otro que el ser concreto sensible, la pluralidad de los entes de la naturaleza.
Lo que no es sustancia, esto es, el ser dicho en los modos no sustanciales, se llama accidente: son modificaciones que sobrevienen a la sustancia y que no existen en sí sino siempre en otro, en la sustancia. Contra la teoría de las ideas de Platón, no se puede hablar de belleza en sí, de bien en sí, de justicia en sí, pues estos términos son accidentales, no sustanciales.
Las Categorías Aristotélicas
Aristóteles da una lista de las categorías (o modos de decirse y, por tanto, de manifestarse el ser). Por un lado, la sustancia, y por otro lado, los accidentes:
- Cantidad
- Cualidad
- Relación
- Lugar
- Tiempo
- Situación
- Posesión
- Acción
- Pasión
Esta es una lista completa: todo modo de decir ha de incluirse en alguna de estas categorías. Por otro lado, la contraposición sustancia/accidentes resuelve las oposiciones típicas de la filosofía griega entre lo uno y lo múltiple, esencia y apariencia, permanencia y cambio: la sustancia se contrapone a los accidentes como lo uno a lo múltiple, la esencia a la apariencia y la permanencia al cambio.
Otra distinción que hace Aristóteles es entre la forma y la materia, lo que dará lugar a la Teoría Hilemórfica.