Criterios Pedagógicos para la Formación Religiosa y Moral en la Infancia
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Criterios generales en orden a la formación religiosa y moral de los alumnos
1. El carácter dinámico de la personalidad y el proceso evolutivo de la religiosidad
Es fundamental tener muy presente el carácter dinámico de la personalidad y el proceso evolutivo de la religiosidad. El alumno debe ir avanzando progresivamente y quemando las sucesivas etapas. Una etapa mal superada impedirá el crecimiento de las siguientes.
El alumno corre dos peligros en su formación religiosa y moral:
- La fijación: El alumno va creciendo en los distintos órdenes de su vida, mientras que en lo religioso queda estancado.
- La regresión: El alumno se sitúa en conductas religiosas que debía haber superado.
2. Integración de la formación y la maduración religiosas en la evolución integral
La formación y la maduración religiosas han de integrarse en la evolución integral de toda la personalidad. La educación religiosa y moral han de estar en sintonía con el crecimiento y evolución de las otras facetas de la personalidad. La atención a una a costa de las otras lleva a un reduccionismo o exclusionismo.
3. Incidencia recíproca entre la formación religiosa y las otras facetas de la educación
Incidencia recíproca entre la formación religiosa y las otras facetas de la educación. El educador debe ser consciente de la interrelación que se da entre las distintas facetas de la personalidad. La unidad de la personalidad conlleva que los efectos educativos de una faceta de la persona repercutan en las otras y viceversa.
Criterios en relación a la formación del sentido del pecado
Iniciar al niño en la prioridad de la «intención» y de la «reparación» de la falta cometida
Toda falta moral requiere intencionalidad y, en consecuencia, reparación. La reparación de la falta cometida no está solo en confesarse, sino que ha de traducirse en un cambio de conducta en la vida.
Iniciar al niño en la dimensión eclesial del pecado
El pecado supone una ruptura con los demás, con la comunión eclesial. El niño debe tener claro que el perdón sacramental ha sido dado por Cristo a la Iglesia y, por tanto, en ella y por ella se recibe la reconciliación.
Postura educativa en relación al «pecado mortal»
El pecado mortal es una conducta que implica a toda la persona. No parece posible que el niño, antes de los 10 o 11 años, cometa faltas de tal gravedad. Se ha de evitar la obsesión educativa ante el pecado mortal y sus consecuencias.