La crisis del reinado de Isabel II: Factores económicos y políticos
El ocaso del reinado de Isabel II
1.1. La crisis económica
Gran parte del último periodo del reinado de Isabel II estuvo caracterizado por una fase de expansión económica que afectó a toda Europa. Pero, a mediados de la década de 1860, la situación empezó a cambiar y, en 1866, se hizo patente el inicio de una importante crisis económica.
La recesión se manifestó a nivel financiero e industrial y constituyó la primera gran crisis del sistema capitalista a nivel internacional, pero también coincidió con una crisis de subsistencias, que tuvo importantes consecuencias en las condiciones de vida de las clases populares.
- Crisis financiera: Provocada por la bajada del valor de las acciones en Bolsa, se originó a raíz de la crisis de los ferrocarriles. La situación provocó la quiebra de muchas entidades financieras, que cancelaron sus créditos y extendieron la alarma hacia particulares y empresas.
- Crisis industrial: La Guerra de Secesión americana encareció la importación de materia prima y provocó un periodo de "hambre de algodón". Muchas pequeñas industrias del sector algodonero tuvieron que cerrar.
- Crisis de subsistencias: Se inició en 1866, causada por una serie de malas cosechas que dieron como resultado una escasez de trigo.
La combinación de ambas crisis, la agrícola y la industrial, agravó la situación general del país.
1.2. El deterioro político
A mediados de la década de 1860, gran parte de la población española tenía motivos de descontento contra el sistema isabelino:
- Reclamaciones económicas: Los grandes negociantes exigían un gobierno que tomase medidas para salvar sus inversiones en Bolsa.
- Autoritarismo: Tras la revuelta de sargentos del cuartel de San Gil y su dura represión, O'Donnell fue apartado del gobierno por la reina. Sin embargo, los siguientes gabinetes del Partido Moderado continuaron gobernando por decreto, cerraron las Cortes e hicieron oídos sordos a los problemas del país.
El Pacto de Ostende
Ante la imposibilidad de acceder al poder por los mecanismos constitucionales, el Partido Progresista, dirigido por Prim, practicó una política de retraimiento. En la misma posición se situaba el Partido Demócrata, de modo que ambos firmaron el Pacto de Ostende.
El compromiso proponía:
- El fin de la monarquía isabelina.
- Dejar la decisión sobre la nueva forma de gobierno (monarquía o república) en manos de unas Cortes constituyentes.
A dicho pacto se apuntaron los unionistas tras la muerte de O'Donnell. Esta unión fue fundamental para el triunfo de la revolución y para definir su carácter.
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