Crisis del Antiguo Régimen y Reinado de Isabel II en España (1808-1868)
1. La Crisis del Antiguo Régimen (1808-1833)
El descontento popular y la oposición al primer ministro de Carlos IV, Manuel Godoy, provocaron en marzo de 1808 el Motín de Aranjuez, que supuso la caída de Godoy y la abdicción de Carlos IV en su hijo Fernando VII.
Napoleón, aprovechando el conflicto interno en España, convocó a Fernando VII y a su padre a Bayona y los convenció para que le entregaran la corona, que posteriormente cedería a su hermano José Bonaparte, dando lugar a las Abdicciones de Bayona.
El inicio de la Guerra de Independencia (1808-1814)
La salida del rey y su padre del país, junto con el control político que ejercían los franceses y el rumor de la marcha de los miembros reales de palacio, provocó el 2 de mayo de 1808 un levantamiento que dio inicio a la Guerra de Independencia, dividida en tres etapas:
- 1.ª Etapa (Mayo - Octubre 1808): Sublevación popular y resistencia en forma de sitios. Derrota francesa en la Batalla de Bailén, lo que provocó una nueva invasión.
- 2.ª Etapa (1808-1812): Invasión de Napoleón y conquista de casi toda la península, salvo Cádiz y Lisboa. La resistencia española se concentró en la guerrilla.
- 3.ª Etapa (1812-1814): Tras el debilitamiento francés debido a la campaña de Rusia y la entrada de tropas británicas, se consiguió la expulsión de los franceses.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
El rechazo a José I provocó la creación de un gobierno paralelo fiel a Fernando VII. Las Juntas traspasaron su soberanía a las Cortes reunidas en Cádiz en 1810, las cuales acometieron un profundo proceso de reformas jurídicas, entre las que destaca la Constitución de Cádiz de 1812.
Características de la Constitución de 1812
- Soberanía nacional.
- División de poderes.
- Derecho de representación ciudadana a través de las Cortes.
- Sufragio universal masculino indirecto.
- Igualdad ante la ley.
- Reconocimiento de derechos individuales.
- Catolicismo como religión oficial del Estado.
Evolución política posterior
- Sexenio Absolutista (1814-1820): Cuando Fernando VII regresó, se inició esta etapa. El pueblo le pidió que anulase las reformas hechas en Cádiz a través del Manifiesto de los Persas. Fernando anuló todas las reformas de las Cortes en el Decreto de Valencia, lo que significó un golpe de Estado absolutista.
- Trienio Liberal (1820-1823): En 1820, el coronel Riego encabezó un levantamiento militar en Sevilla que obligó al rey a aceptar la Constitución de Cádiz de 1812 y el liberalismo. El rey pidió ayuda a las potencias absolutistas (intervención de la Santa Alianza mediante el envío de las tropas francesas conocidas como los "100.000 Hijos de San Luis"), que en 1823 le reinstauraron el absolutismo en España. En esta etapa se aprobaron reformas liberales como el código penal, la libertad industrial y de comercio, la desamortización eclesiástica y la supresión de la Inquisición.
- Década Ominosa (1823-1833): Periodo en el que el absolutismo se reinstauró, aunque se fueron abriendo paso tímidamente las ideas liberales.
La inestabilidad política y la enfermedad del rey plantearon un conflicto sucesorio. Como este solo tenía dos hijas, mediante la Pragmática Sanción derogó la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres. Los partidarios de su hermano Carlos urdieron intrigas, aunque finalmente Fernando nombró regente a María Cristina y dejó como heredera a Isabel.
2. El Reinado de Isabel II (1833-1868)
La minoría de edad de Isabel II dio lugar a dos regencias marcadas por el enfrentamiento entre liberales y absolutistas, materializado en la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Carlos era apoyado por los absolutistas (carlistas), mientras que María Cristina buscó el apoyo de los liberales (isabelinos). Los principales focos del carlismo se situaron en Navarra, el País Vasco, el norte de Cataluña y el territorio entre Teruel y Castellón.
Regencia de María Cristina (1833-1840)
En un principio, la regente apoyó al moderado Cea Bermúdez. En esta época, los liberales se dividieron en progresistas y moderados. La regente se inclinó más hacia los moderados, mientras que los progresistas accedieron al poder mediante pronunciamientos.
Se creó una nueva división provincial, se aprobaron libertades de comercio y se reformaron las relaciones con la Iglesia. En 1834 se promulgó el Estatuto Real, una carta otorgada de carácter moderado que establecía un Parlamento bicameral.
En 1835 asumió el poder el progresista Mendizábal, quien impulsó importantes reformas: reorganizó el ejército, creó las diputaciones provinciales, suprimió la Mesta y llevó a cabo una gran desamortización eclesiástica. Los bienes de la Iglesia fueron subastados públicamente con un doble objetivo: recaudar fondos para sufragar la guerra carlista y crear una clase media de propietarios agrarios, fin este último que no se logró plenamente, ya que muchas tierras terminaron en manos de los antiguos terratenientes.
Ante el cariz de los acontecimientos, la regente volvió a buscar el apoyo de los moderados, provocando nuevas revueltas progresistas como la Sublevación de La Granja, que impuso la Constitución de 1837. Basada en la de 1812, esta norma estableció una monarquía constitucional, soberanía nacional, división de poderes y un Parlamento bicameral (Congreso y Senado). Finalmente, debido a la presión política, la regente renunció y Espartero asumió el poder.
Regencia de Espartero (1840-1843)
Espartero, de tendencia progresista, impulsó una política librecambista abriendo las aduanas, lo que perjudicó a los productores y empresarios textiles nacionales. Los moderados conspiraron y sectores liberales comenzaron a distanciarse de él debido a su estilo de gobierno marcadamente militar.
En 1843 los moderados se levantaron y Narváez subió al poder, propiciando el inicio del reinado efectivo de Isabel II. Cabe destacar que, en el ámbito militar, la Primera Guerra Carlista había finalizado formalmente tras el encuentro entre el líder carlista Maroto y Espartero sellado con el "Abrazo de Vergara" (aunque posteriormente se producirían nuevas guerras carlistas).
Isabel II: Mayoría de Edad (1843-1868)
Isabel II subió al trono bajo la protección de Narváez. Durante este periodo se asentaron definitivamente la monarquía constitucional y el liberalismo, con la alternancia de partidos políticos como los moderados, los progresistas, el Partido Demócrata (de corte más radical) y la Unión Liberal (partido de centro).
Década Moderada (1843-1853)
Liderada por Narváez, se aprobó la Constitución de 1845, un texto de carácter conservador que establecía la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, y un sufragio censitario muy restringido (elevado). En 1851 se firmó el Concordato con la Santa Sede, por el cual el Estado reconoció como hechos consumados las desamortizaciones anteriores y asumió el compromiso de sufragar el culto y el clero, mientras que la Iglesia aceptó la pérdida de sus bienes y reconoció a Isabel II.
En esta etapa se acometieron numerosas reformas administrativas: reorganización territorial del Estado en provincias con entidad política, alcaldes designados por la Corona, reforma de la instrucción pública (retirando a la Iglesia el monopolio educativo), creación de un cuerpo de funcionarios, reforma fiscal de la Hacienda y fundación de la Guardia Civil. Asimismo, se impulsaron las obras públicas, destacando la Ley de Ferrocarriles de 1855, que estableció una estructura de red radial con centro en Madrid.
Bienio Progresista (1854-1856)
El desgaste de los moderados generó una fuerte tensión social. En 1854 se produjo el pronunciamiento de Vicálvaro (la"Vicalvarad"), en el que participó el general O'Donnell y tras el cual los progresistas publicaron el Manifiesto de Manzanares.
La reina llamó a O'Donnell y a Espartero para gobernar. Durante esta etapa se redactó la nonnata Constitución de 1856 (de corte progresista) y se aprobó la Ley Madoz, que supuso una nueva desamortización centrada esta vez en los bienes municipales (propios y comunales). Sin embargo, las revueltas sociales, especialmente en Barcelona, y las disensiones internas llevaron a la caída de Espartero y al retorno del moderantismo con Narváez.
Gobierno de la Unión Liberal (1856-1868)
O'Donnell intentó buscar un punto de equilibrio entre los partidos, decantándose finalmente hacia posturas moderadas. Fue la etapa más estable del reinado de Isabel II, caracterizada por un notable crecimiento económico y el intento de dar una imagen de mayor honestidad política y expansión exterior.
No obstante, tras la muerte de O'Donnell, la Unión Liberal entró en crisis. En 1865 estalló una crisis triple:
- Crisis moral: Por la creciente percepción de corrupción en el sistema isabelino.
- Crisis política: Debido al inmovilismo de los gobernantes aferrados al poder.
- Crisis económica: Agravada hacia 1866 por la escasez de inversiones y malas cosechas.
Ante esta situación, progresistas y demócratas firmaron el Pacto de Ostende, al que posteriormente se unieron los unionistas, con el objetivo común de destronar a Isabel II. El proceso culminó en septiembre de 1868 con el estallido de la revolución conocida como "La Gloriosa", liderada por los generales Prim, Serrano y el almirante Topete.
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