La Crisis de 1640: El Desafío a la Monarquía Hispánica de Felipe IV

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La Crisis de 1640: El Desafío a la Monarquía Hispánica

En 1640 se produjo la quiebra de la monarquía, marcada por las rebeliones de Cataluña y Portugal. El enorme esfuerzo económico derivado de la Guerra de los Treinta Años había multiplicado la presión fiscal y las medidas para obtener dinero a toda costa. El descontento fue creciendo en todos los sectores sociales y desencadenó una crisis secesionista que estuvo a punto de acabar en la desintegración de la monarquía hispana.

El Conflicto en Cataluña y el Corpus de Sangre

El ambiente de enfrentamiento fue especialmente grave en Cataluña. Allí había fracasado el intento de Unión de Armas en 1632. Tras la entrada en guerra con Francia, la presencia de tropas castellanas acentuó la tensión, y en 1640 estallaron motines entre los campesinos de Gerona y los soldados que guardaban la frontera.

El día del Corpus Christi (Corpus de Sangre), los segadores entraron en Barcelona, y el motín terminó con el asesinato del virrey y la huida de las autoridades. La Generalitat, dirigida por Pau Clarís, solicitó la ayuda francesa y proclamaron conde de Barcelona a Luis XIII de Francia para evitar la derrota frente a los castellanos. Sin embargo, la crisis económica, la peste y la opresión francesa (percibida como peor que la castellana) provocaron la rendición final en 1652 frente a Juan José de Austria, con la condición de respetar los fueros tradicionales.

La Independencia de Portugal

Mientras tanto, en diciembre de 1640, estallaba el levantamiento en Portugal. Los portugueses no recibían ayuda castellana ante las agresiones holandesas a sus colonias, rechazaban a los castellanos que gobernaban su reino y no veían ventajas en continuar bajo la dominación de los Habsburgo.

El Duque de Braganza se proclamó rey (Juan IV). Esta rebelión sorprendió a Felipe IV y al Conde-Duque de Olivares que, incapaces de atender a dos frentes, se centraron en el problema catalán.

Inestabilidad en otros territorios: Andalucía, Aragón y Valencia

Las sublevaciones se extendieron también a otras regiones de la península:

  • Andalucía: Donde el Duque de Medina-Sidonia pretendió crear un reino independiente.
  • Aragón y Valencia: Se registraron disturbios y tumultos que, finalmente, inclinaron a la nobleza por permanecer fiel a la corona.

Revoluciones en el Mediterráneo: Nápoles y Sicilia

Finalmente, en 1647 también estallaron revoluciones en Nápoles y Sicilia donde el pueblo, agobiado por la presión fiscal, recibió apoyo de Francia. Sin embargo, la nobleza nativa colaboró estrechamente con la monarquía para sofocar la rebelión.

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