La crisis de 1640 y el declive del Imperio español bajo los Austrias

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La crisis de 1640

En 1640 se produjo la mayor crisis política interna de la monarquía de los Austrias. España estaba inmersa en la Guerra de los Treinta Años, que enfrentaba a protestantes y católicos en Alemania.

El conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, pretendía una mayor centralización y fortalecimiento de la monarquía, incluyendo la unificación legislativa. Para ello, Olivares puso en marcha la Unión de Armas, por la que todos los reinos, sin excepción, deberían aportar hombres y dinero.

La rebelión en Cataluña

Cataluña consideró que el esfuerzo que se le solicitaba era desproporcionado para su escasa población y sus Cortes se negaron. En plena guerra, Olivares quiso abrir un nuevo frente militar contra Francia en los Pirineos, lo que obligaba a los catalanes a mantener al ejército. Los segadores armados entraron en Barcelona durante el Corpus de Sangre (7 de junio de 1640). El virrey, conde de Santa Coloma, fue asesinado. La rebelión se generalizó por toda Cataluña. En 1652, las tropas de Felipe IV tomaron Barcelona y pusieron fin a la revuelta.

La independencia de Portugal y otros focos de conflicto

En Portugal se produjo la rebelión en 1640, proclamando rey al duque de Braganza. Los portugueses estaban muy descontentos por la continua intervención de la monarquía en sus asuntos internos y se aliaron con Inglaterra. La guerra contra Portugal finalizó en 1668 (reconociendo su independencia). También se produjeron graves disturbios en Nápoles y Sicilia, además de descubrirse un extraño complot secreto para independizar Andalucía y Aragón.

El ocaso del Imperio español en Europa

Felipe III, Felipe IV y Carlos II no lograron mantener el imperio hispánico ni la hegemonía europea. Durante una larga decadencia, fueron perdiendo territorios y peso político en favor de las nuevas potencias (Inglaterra, Francia y Holanda).

La crisis económica, provocada por la escasa afluencia de metales preciosos desde América, dificultó enormemente el mantenimiento de numerosos ejércitos en largas y costosas guerras. La política exterior se basó en principios heredados del siglo XVI:

  • Defensa de los territorios heredados.
  • Defensa de la religión católica frente a los protestantes.
  • Alianza con los Habsburgo de Viena frente a las aspiraciones hegemónicas de Francia.

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