El Crack del 29: Orígenes, Expansión y Consecuencias de la Gran Depresión
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El Desplome de la Bolsa de Nueva York
Desde 1929, las cotizaciones en la bolsa neoyorquina subían sin cesar, acumulando beneficios extraordinarios. Bancos, empresarios y particulares invertían cada vez más en una actividad que parecía ofrecer ganancias seguras. La facilidad para obtener créditos para comprar acciones incrementó la especulación. La diferencia entre el precio inflado de las acciones y la actividad real de las empresas, mucho menos próspera, crecía constantemente.
Antes de 1929, hubo varios indicios de problemas: desde 1925, los precios de las materias primas bajaban, las dificultades económicas del Reino Unido eran evidentes y habían desestabilizado el sistema monetario internacional, la producción industrial alemana estaba estancada desde 1927, y el comercio internacional atravesaba un período de atonía.
A principios de 1929, el índice de la Bolsa neoyorquina se estancó.
El jueves 24 de octubre, se puso a la venta un gran número de acciones, lo que provocó una caída de los precios. Aquel día, conocido como el "jueves negro", marcó el fin del alza continua de los valores. Muchos inversores vendieron sus acciones para devolver el dinero prestado, lo que acentuó la caída de Wall Street.
El índice bursátil se desplomó en pocos meses. El pánico se apoderó de los inversores, quienes vendieron masivamente sus valores, llevando al fracaso a algunos bancos que intentaban frenar la caída. En dos años y medio, Wall Street redujo el valor de sus cotizaciones a una sexta parte de lo que tenían antes del crash.
La Expansión de la Crisis a Otros Sectores
La crisis, inicialmente bursátil, se extendió a otros sectores de la economía, afectándolos gravemente. Además, desde EE.UU. se propagó al resto del mundo, adquiriendo un alcance global.
La quiebra bursátil se convirtió rápidamente en una crisis financiera. El pánico afectó a la banca, que se vio atrapada entre inversores que no podían devolver los créditos y ahorradores que retiraban sus fondos por temor a perderlos. Muchos bancos no pudieron hacer frente a esta situación y quebraron. De los 23,000 bancos estadounidenses, 5,000 cerraron.
Del sector financiero, la crisis se extendió a la economía productiva. La paralización de los créditos y las quiebras bancarias afectaron la financiación de la industria y limitaron el consumo. Muchas fábricas cerraron ante la disminución de la demanda y la imposibilidad de obtener materias primas y maquinaria. La industria estadounidense pasó de la expansión a una situación de superproducción y almacenaje excesivos, ahogando las finanzas de las empresas. La debilidad de la demanda facilitó la bajada de los precios, la caída de los beneficios y el cierre de un número creciente de empresas industriales.
El campo vio acentuadas las dificultades que arrastraba desde el final de la Gran Guerra. El descenso de los precios y de la demanda, así como la falta de créditos bancarios, llevaron a la ruina a cientos de miles de campesinos. Expulsados de sus tierras, se convirtieron en braceros o acudieron a las ciudades en busca de trabajo, en un momento en que el paro crecía rápidamente.
La mayor consecuencia de la crisis fue el incremento del desempleo. En pocos meses, millones de estadounidenses perdieron sus trabajos en la industria, la agricultura y los servicios.