Cosmogonías y el Orden del Universo en las Mitologías Antiguas

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1) El mundo como Universo Ordenado (Kosmos): La creación del mundo según el Génesis y el Enuma Elish

En el ámbito de las religiones antiguas y del pensamiento mítico, una cosmogonía consiste en la recreación de un momento originario en el que, gracias a la intervención de la divinidad, se establece —comúnmente a través de un proceso dinámico— el orden actual que la observación y la experiencia determinan. Así pues, el mundo se revela como un universo ordenado (kósmos) en oposición a la situación primordial, caracterizada por la mezcla, el desorden y la ausencia de discriminación y jerarquización (Chaos).

2) La imagen del Universo. Aspectos fundamentales: la Montaña Primordial (Axis Mundi); el Firmamento y su sustento: la función de Atlas

Un motivo recurrente en distintas concepciones del mundo, tanto en los relatos mitológicos como en representaciones simbólicas y construcciones arquitectónicas, es el de la “montaña primordial”. Este elemento cumple una función estructural o tectónica, ya que sirve como soporte que contribuye a separar el cielo y la tierra, una dualidad fundamental en muchas cosmologías. Además, actúa como un eje del mundo (axis mundi), es decir, como un punto central que conecta los tres niveles de la realidad: el inframundo, la superficie terrestre y el mundo celeste, permitiendo la comunicación entre ellos.

El Zigurat Mesopotámico

El zigurat mesopotámico es una representación arquitectónica de la Montaña Primordial. Estas estructuras, presentes en los complejos sagrados de las ciudades mesopotámicas junto al templo de la divinidad protectora, cumplían también funciones de observatorio astronómico. El zigurat simboliza la montaña sagrada que emerge de las aguas del diluvio y actúa como una escalera o punto de conexión entre los seres humanos y los dioses del cielo.

La Estela de Naram-Sin

La Estela de Naram-Sin, nieto de Sargón de Acad, es una obra conmemorativa de su victoria sobre un pueblo de los montes Zagros. En la escena se representa el ascenso triunfal del rey, ya divinizado, en una auténtica subida hacia lo sagrado. De este modo, la imagen simboliza la conexión del monarca entre el plano humano o terrenal y el plano divino.

Shu y la cosmología egipcia

Shu es la divinidad encargada de separar a la diosa del cielo, Nut, del dios de la tierra, Geb. El arte egipcio ofrece una representación de carácter cosmológico que también puede tener connotaciones hierogámicas, es decir, de unión simbólica entre el cielo y la tierra. Nut aparece con el cuerpo completamente arqueado, sostenido por sus manos y pies, formando la bóveda celeste. En algunas versiones, Shu interviene activamente sosteniendo el cuerpo de la diosa, especialmente el vientre y el pecho, contribuyendo así a mantener separado el cielo de la tierra y garantizando el orden del cosmos.

La función de Atlas

Atlas cumple una función tectónica en la mitología griega, ya que se le representa sosteniendo la bóveda celeste. En muchas representaciones, esta carga del cielo se visualiza como si soportara una enorme masa o piedra, lo que refuerza su papel estructural dentro del cosmos mítico. De este modo, Atlas actúa como un pilar del mundo, manteniendo separadas y en orden las diferentes dimensiones del universo, especialmente el cielo respecto a la tierra.

Prometeo aparece encadenado al monte Cáucaso, situado en el extremo oriental del mundo habitado. Allí, un águila o buitre le devora las vísceras de forma cíclica como castigo. En el extremo opuesto del mundo, en el occidente, se encuentra Atlas, que sostiene una gran piedra o el firmamento. Esta imagen representa la carga del cielo sobre sus hombros. De este modo, ambos personajes se sitúan en los dos límites del mundo: Prometeo en el oriente y Atlas en el occidente, simbolizando extremos complementarios dentro de la organización del espacio mítico griego.

Allí, un águila o buitre le devora las vísceras de forma cíclica como castigo. En el extremo opuesto del mundo, en el occidente, se encuentra Atlas, que sostiene una gran piedra o el firmamento. Esta imagen representa la carga del cielo sobre sus hombros. De este modo, ambos personajes se sitúan en los dos límites del mundo: Prometeo en el oriente y Atlas en el occidente, simbolizando extremos complementarios dentro de la organización del espacio mítico griego.

3) El dios eterno y los dioses creados. La creación de los dioses como proceso teogónico

  • Dios eterno: Religión hebrea.
  • Dioses creados: Religiones mesopotámica, egipcia y griega.

En el mundo griego, la idea del universo como un orden estructurado (kósmos) se desarrolla junto con los relatos sobre el origen de los dioses, la aparición de seres divinos y monstruosos, y finalmente la generación de los héroes. Estos mitos se transmiten en los cantos de los aedos, destacando especialmente la obra Teogonía de Hesíodo.

En este marco, se describe la sucesión de generaciones divinas: primero la pareja primordial, después los Titanes, y posteriormente los dioses Olímpicos. También se incluyen figuras híbridas o monstruosas dentro de este proceso genealógico. Un caso particular es el de Atlas, que no nace de la unión entre dos Titanes, sino de un Titán, Jápeto, y una Oceánide, hija de Océano. De la unión de Atlas con Pléyone nacen las Pléyades, entre las que se incluyen Maya, Taígete y Electra, aunque en total son siete hermanas.

Atlas, Prometeo y Epimeteo, hijos del titán Jápeto, pertenecen al ámbito de los seres divinos dentro de la mitología griega. Sin embargo, sus descendientes, Deucalión y Pirra, ya se sitúan en el plano humano y mortal. Desde la perspectiva hesiódica, estas figuras representan una generación de transición entre el mundo de los dioses y el de los hombres, mostrando el paso progresivo de lo divino a lo humano dentro del proceso mítico de organización del cosmos.

4) La amenaza de la crisis: Titanomaquia, Tifonomaquia y Gigantomaquia

Todo orden (kósmos) se encuentra constantemente amenazado por las fuerzas del caos. En el antiguo Egipto, la serpiente Apofis representa la amenaza permanente contra la Maat, es decir, el equilibrio universal que sostiene el mundo. En la tradición griega, la Titanomaquia y la Gigantomaquia simbolizan la rebelión de Titanes y Gigantes contra el orden impuesto por los dioses olímpicos. Aunque derrotados y confinados en el Tártaro, estas fuerzas continúan encarnando el peligro latente que acecha al orden “cívico” y celestial establecido por los dioses del Monte Olimpo.

Titanomaquia

Es la guerra que enfrenta a Zeus y sus hermanos con los Titanes, encabezados por Crono. Los Titanes representan la generación divina anterior, hijos de Urano y Gea. Este mito simboliza el relevo generacional y la sustitución de un poder antiguo por un nuevo orden más estable y jerarquizado.

Tifonomaquia

Narra el enfrentamiento entre Zeus y Tifón, hijo de Gea y del Tártaro. Tifón encarna una fuerza monstruosa y caótica, cercana a figuras orientales como Apofis o Tiamat. Mientras la Titanomaquia es una guerra entre dioses, la Tifonomaquia es un combate singular contra una amenaza cósmica extrema.

Gigantomaquia

Describe la rebelión de los Gigantes contra los dioses olímpicos. Los Gigantes representan fuerzas violentas asociadas a la tierra. El mito subraya que el orden olímpico necesita la colaboración de los dioses con Heracles, es decir, con un héroe humano-divino.

5) La creación del ser humano como sirviente de los dioses

En las culturas del Próximo Oriente (especialmente la Mesopotamia y la tradición hebrea, así como también en la cultura griega), las narraciones sobre el origen del ser humano presentan numerosos elementos en común. El más destacado es la concepción del hombre como una creación “artesanal” o manufacturada: el ser humano es modelado a partir de materias primordiales, sobre todo barro y, en algunos relatos, sangre divina.

Mitología griega hesiódica

En la mitología griega, es Prometeo, hijo del Titán Jápeto, quien se encarga de modelar a la humanidad, como muestran numerosas representaciones de la Antigüedad clásica. Sin embargo, este acto creador no se entiende de forma aislada, sino que aparece condicionado por una serie de procesos previos que preparan la aparición del ser humano. En este sentido, según los poemas de Hesíodo, la creación del hombre se inserta en una dinámica progresiva de separación entre dioses y mortales, desarrollada especialmente en el “Mito de las Edades” (Trabajos y días).

Asimismo, otros relatos explican esta distancia a través de la adquisición de elementos culturales fundamentales, como el sacrificio, el fuego o la diferenciación entre géneros, presentes en la Teogonía. En conjunto, estos mitos muestran que la creación de la humanidad no es un acto aislado, sino el resultado de un proceso de separación progresiva entre lo divino y lo humano, así como de la adquisición de rasgos culturales que definen la condición mortal.

6) La creación subsidiaria de la mujer en el Génesis y en la Teogonía hesiódica

En lo que respecta a la diferenciación sexual de la humanidad, son particularmente significativos el Génesis y las obras de Hesíodo, especialmente la Teogonía y Trabajos y días. Estos textos conceden una atención especial a la distinción entre hombre y mujer y la interpretan conforme a los valores propios de sociedades patriarcales. Desde esta perspectiva, se establecen criterios de jerarquía, orden y valoración moral que tienden a afirmar la primacía del varón sobre la mujer. En algunos casos, como en el mito de Pandora, la mujer es presentada incluso como responsable de los males y sufrimientos que acompañan la condición humana y el proceso de humanización de los mortales.

Teogonía hesiódica y la figura de Pandora

Como resultado de estos procesos, y como último eslabón en la relación entre dioses y seres humanos, aparece la figura de Pandora, entendida en ocasiones más como principio femenino que como individuo concreto. En los relatos de Hesíodo (Teogonía y Trabajos y días), Pandora completa el proceso de “humanización” al introducir en la experiencia cotidiana del ser humano todos los males: el trabajo, las enfermedades, las enemistades y los sufrimientos.

De manera similar a lo que ocurre en el Génesis 3:6, donde la mujer aparece asociada a la desobediencia original, la tradición hesiódica tiende a responsabilizar a lo femenino del origen de los males humanos, cargando sobre la figura de Pandora la culpa de la condición dolorosa de la humanidad. Entre el nacimiento de Atenea y el de Pandora se observan importantes semejanzas. En ambos casos se trata de nacimientos no biológicos, de carácter extraordinario o “artificial”, alejados de la generación natural. Asimismo, en su producción intervienen activamente los dioses: especialmente Hefesto, asociado a la fabricación y el modelado, y, en el caso de Pandora, también la propia Atenea, que participa en su configuración. De este modo, ambas figuras reflejan un tipo de creación divina directa, vinculada al arte, la técnica y la intervención deliberada de los dioses.

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